Amor Para Tres

Corre una nublada tarde de 1970. Los recién casados se disponen a dar su habitual paseo de domingo. Allí están los dos, salpicándose con las transparentes olas que rompen entre las rocas. A lo lejos se escuchan los interminables gritos de un pregonero, el sonido de la guitarra de un artista autodidacta con un talentoso sabor musical. El ruido espantoso de los almendrones circulando por la calle. Así fue su tarde hasta que regresaron a casa agotados de su paseo dominical. Esa noche fue especial. Al día siguiente ella se levantó y preparó el habitual desayuno para su esposo. Sus vidas transcurrían en aparente felicidad hasta que comenzaron los conflictos de las historias de amor. Laura era una joven con sueños, quería crecer profesionalmente y no consideraba el matrimonio como un obstáculo para lograrlo. Su esposo Carlos Javier, ingeniero de profesión, era de esos hombres con mente retrógrada que piensan en la mujer solo como un objeto sexual, y para cuidar de la casa y los hijos.

Ya habían tenido algunas conversaciones acerca de este tema tan lastimoso, pero Carlos Javier nunca estaba de acuerdo. No permitiría que Laura trabajara bajo ningún concepto. Entonces luego de pensar en que sería lo mejor para ella, ahora y en el futuro, la chica decidió romper con su marido y regresar a su casa natal. Allí encontraría el apoyo incondicional de su madre. La vida tenía que seguir para los dos, ella decidió retomar su carrera de diseñadora en tanto Javier se vió más ligado con la separación a los vicios y el alcohol. Habían pasado ya tres meses luego de su ruptura, la joven sentía algo raro y distinto en su cuerpo. Sabía lo que estaba sucediendo dentro de ella. ¿Que haría entonces? Era otra decisión que debía tomar de ser real lo que estaba sospechando.

En compañía de una colega fue a consulta y efectivamente, no habría más dudas, estaba embarazada, iba a convertirse en madre. Sin embargo una duda acechaba su pensamiento. ¿Cómo enfrentaría sola el embarazo sin el apoyo de Javier? Lo correcto sería contarle pero, ¿Y sino la dejaba continuar con su carrera?

Al fin y al cabo Carlos continuaba enredado en sus vicios, ya no era aquella persona que conoció un día y con quién determinó unirse en matrimonio. Costaba trabajo entender que sus vidas se habían separado.

El cuerpo de Laura comenzó a sufrir una hermosa metámorfosis. Su vientre creció, sus senos se hincharon y su apetito aumentó de manera increíble.

– Ya va quedando poco tiempo mama – dijo la muchacha

– Si mi amor, no te preocupes, siempre tendrás nuestro apoyo, nunca te dejaremos sola

Las palabras de su madre le servían de aliento, encontraba en ellas el apoyo y la fuerza que necesitaba para seguir adelante.Llegó el momento tan ansiado.Esa noche se levantó y sintió algo correr entre sus piernas.

– ¡ Madre!- gritó

La señora apareció al instante.

– He roto la fuente

Recogieron todo e inmediatamente partieron hacia el hospital. Unas horas después, había dado a luz a una preciosa bebé, a la que le puso por nombre, Carla Alejandra. Era una niña hermosa, con mucha vitalidad, cada ves que miraba sus angelicales ojitos recordaba con tristeza a su amado.

Pero una madre nunca se rinde. A pesar de las adversidades, Laura siguió adelante. Su bebé ahora era su prioridad. Era una mujer fuerte y emprendedora. Su vida se compartía entre su trabajo e hija. A pesar de todo era maravilloso ser madre.

Ya iba creciendo la niña. Era muy talentosa e inteligente en la escuela. En ese contorno social comenzó su interrogante acerca de la existencia del padre. Todos sus amigos hablaban de esa importante figura familiar. ¿Donde estaba su padre, quién era?

Laura, le hablaba a menudo aunque poco, de él. Su corazón latía dentro del pecho cuando lo recordaba. Carla cada ves más linda ya era toda una muchacha, faltaba poco para su graduación como Médico Especialista en Oncología. Debía este titulo a su madre, que la había apoyado en toda su carrera. Ya para entonces, ese gran sueño estaba logrado, era el momento de disfrutar de sus últimas vacaciones como estudiante. Fue un verano fantástico, nunca lo olvidaría.

Caminaba Laura por la avenida 23 en el Vedado, era una tarde calurosa. De esas que invitan a degustar un helado de coppelia. Mientras esperaba en las canchas, se le acerca una persona, a quién a pesar de los años y lo maltratado de su rostro, reconoció sin duda alguna. Era una vieja amiga de la Universidad

– ¡Laura!- dijo con asombro la mujer – cuánto tiempo sin vernos

– Rachel, querida amiga. ¿Que ha sido de tu vida?

Y allí, disfrutando sus helados se pusieron al día. Cuál fue el asombro de Laura al saber por Rachel sobre el paradero de Javier. Este residía actualmente en La lisa, en casa de unos parientes que al verlo en el deplorable estado en que se encontraba viviendo luego de su separación, sintieron pena por él y lo llevaron a vivir con ellos. No había tenido hijos aún y no conocía sobre la existencia de Carla.

– Amiga, Javier está en el derecho de saber que tiene una hija

– Si Rachel, necesito me lleves donde él para contarle

Tuvieron un hermoso encuentro, dos corazones se encontraban nuevamente para volver a unirse. Fue tanta la alegría de Javier al conocer  que tenía una hija, que no cesaba de llorar. Saber que era padre y haber reencontrado a su querida Laura, lo ayudó mucho más en su recuperación. Increíblemente el amor lo convirtió en un hombre nuevo y un padre perfecto.

AUTORA: REGLA MARÍA ESTRADA CRESBAL (CUBA)
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