La Inimaginable Tragedia

Dentro de una jaula enorme se encontraba Poli. Esa era una lora verde, amarilla y roja, familia de las guacamayas.

A su dueña, que le decían Pito, le gustaba tener animales y Polí había sido heredada como un regalo de su madre Victoria.

 Pito tenía y cuidaba dos perros, varios pericos, cinco tortugas grandes y seis bebés recién nacidas.  A todas esas tortugas las tenía en un lugar enrejado, pero al nacer las bebés que por cierto caminaban mucho y siempre estaban buscando por donde salir, el trabajo para Pito era mucho mayor pues tenía que estar más pendiente para que las pequeñitas no se le salieran o perdieran.

Era agobiante estar atenta de las tortuguitas porque el sitio donde se encontraban era alejado de la vivienda

Cierto día Pito pensó que en la jaula de la lora Poli podría organizarles a esos animalitos su nuevo y seguro hogar. Allí estarían más cerca de ella y a la vez más seguras.

Consiguió unos trozos de tablas y las colocó en la parte de abajo para separar el espacio dentro de la jaula.

 Tomó las seis tortuguitas y las llevó a su nueva casita. Pito se sintió tranquila y contenta por dejarlas allí. Ese lugar estaba muy cerca de la casa y ella podía verlas en todo momento. Al llegar la noche Pito se fue a descansar feliz y dichosa, pensando que; porque antes no se le había ocurrido esa brillante idea?

Al amanecer del nuevo día, Pito muy contenta dirigió su mirada a la jaula y vio con agrado como sus bebés tortuguitas estaban bien al igual que su lora.

Comenzó a hacer sus labores diarias y cuando se encontraba regando sus plantas, al pasar por el lado de la jaula descubrió con horror que Poli sostenía en una de sus patitas a una indefensa tortuguita y ya se le había comido la cabecita y una patita.

 Una de las tablas se había corrido y por un pequeño orificio Polí se había colado y atrapado a este indefenso animalito.

 Fue muy grande su enojo, su dolor e impotencia. Sus lágrimas corrieron por su rostro sin control. Nunca pensó que Polí comiera tortuga e imaginar que esa indefensa tortuguita diera gritos de dolor incrementó en Pito la rabia y la tristeza.

 Pero ya nada podía hacer para salvar a esa pequeña criatura pues aunque las quiso proteger y cuidar el destino ya estaba escrito y esa pobre tortuguita comida para Poli fue.

 Entonces con resignación, también con esperanza, sacó las cinco tortuguitas y a un lugar adecuado y bien seguro las llevó.

AUTORA: AMPARO ÁLVAREZ. TOTY (COLOMBIA)
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