El Idiota De La Camándula

La tradición aquí en mi tierra, una montaña agreste  y “camandulera”, había dispuesto otrora que el rosario católico se rezaba a la oracioncita, es decir, cuando la tarde se derrumbaba. En Semana Santa nunca lo hacían para dedicarse a desfilar en las procesiones y para batir palmas. En la convulsión de mi barrio, aunque la costumbre no se perdió, nunca se cumplió con la usanza de hacerlo a la oracioncita. No fue fácil juntar una familia tan numerosa cuando de recitar avemarías se trataba. Las mujeres se turnaban para presidir…

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El Guamo Le Prohibió Al Gallo Cantar

Esa noche de Viernes Santo el cielo del pueblito guardaba silencio, pero despedía unos esplendores que escapaban de las lamparitas que estaban colgadas de las alturas y que chispeaban por todo el caserío. Esos resplandores se estrellaban por entre hendijas y tejares, aprovechando la forma como estaban dispuestos los escasos ranchitos, separados unos de otros, por potreros y riachuelos. Ese ambiente no dejaba de ser idílico y fascinante a pesar de las boñigas y cagajones de bueyes y yeguas que, sin cesar, descargaban sus aderezos sobre las calles empedradas de…

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Tatuajes En El Hueco

Hay hábitos tan deprimentes que por lo ridículos deberían ser inconfesables. Contraviniendo mi propio derecho de la intimidad, confieso la risible costumbre de no poder resistirme a contar las llantas de los tracto camiones cada que los veo en una carretera o avenida, aunque sepa de estricta memoria que tienen 22 ruedas. Y las cuento de dos en dos, empezando por las de adelante. En cambio, los tatuajes de mi amiga Victoria Margarita, que solo son como 15, me aburrí de contarlos. Por fortuna, nunca me mostró los que tiene…

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El Valor De Un Chofer

Oficios de un HombreReconocimiento especial para – al.paraiso56@gmail.com En medio de recuerdos añorantes está inevitable su imagen. Era chofer y conducía camión de carga por las carreteras agrestes de mi país, Colombia. En las Navidades me daba aguinaldo. Me seleccionó como copiloto de su viejo camión de estacas. No sé por qué. A cuenta de nada lo hizo. Posiblemente, le caía en gracia. Así decimos aquí cuando vemos al otro como amigo. Andar por una carretera de miedo, surcada de huecos, a bordo de esa destartalada cabina, era una de mis…

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La Mueluda

La serenidad de su voz conserva ese tonillo característico de fino matiz de la cultura afrocolombiana del pacifico a pesar de tantos años habitando en la capital del agite. La exquisitez brillante del color de su piel es perfeccionada por un coqueto e irresistible hilillo en su barbilla. Prepara platos típicos de su tierra y sus más preciados ingredientes son la flexibilidad de sus manos y el rayado verdor de la biodiversidad de su pueblo. Extraña esa hermosa chispa de la naturaleza que es el departamento del Chocó donde nació.…

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Al Oído De Un Pétalo

Eres la creadora de uno de los sonidos más bonitos de la naturaleza: el «lub-dum» del corazón. La armonía de estos latidos musicaliza tu estadía frente al espejo el cual te alcahuetea lágrimas, pero te restituye sonrisas. Te la juegas por el mundo, y el mundo ni unos zapatos de cristal. Te resistes a ser heroína, sin embargo, batallas noches enteras, lastimada y sin pegar los ojos. Te reconfortas con las migajas de una golosina en el puño estirado de un niño, o con el beso apurado de una madre.…

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Ladrón en Belén

El señor Eladio, anfitrión de aquélla Novena de Navidad, descubrió que se le habían robado el Niño del pesebre. Lo ocultaron en uno de los orificios de los ladrillos de la terraza donde estaban construyendo un piso nuevo. Yo lo había escondido en esa abertura porque después de la Novena quería adornar mi repisa con él. Los asnos, las ovejas, los chamizos, y especialmente la imagen del Niño, han sido mi afán en la noche de Belén. El dueño de la figura, un rezandero empedernido, me atribuyó tal hurto tildándome…

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Galopes en Navidad

Un palo de escoba largo y delgado con una cabuya como rienda, era en el que cabalgaba. Era el jinete más feliz del mundo acariciándole el espinazo a un palo, y mimando y montando mi potrillo de mentiras. Cargaba el madero con cualquier fantasía. Así era como orquestaba la Navidad y los amores de mocosuelo. Mi primer galope por las callecitas emboñigadas del pueblo fue en los “caballitos de palo de madera”, como les decíamos cuando niños. Al tiempo que tomaba las riendas, recordaba el momento cuando a la media…

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Navidad de Cañería

Duerme debajo de una de las esquinas del puente. El cauce es fétido y mortecino. La cobija es maloliente. Toda la noche y todo el día respira pestilencias. En el metro cuadrado que tiene por cocina se ven dos ollas desgastadas, una cacerola con grietas en el borde y platos desportillados. Le echa sal a la comida con los dedos. La atmósfera aquí es pesada. Esta cañería es una ratonera. Sin embargo, esa ratonera es el cielo de los ratones. Y el de él. Al lado de la cabecera del…

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Si tan solo fueran buñuelos

Durante aquéllos días decembrinos en las estribaciones de territorios de Urabá, al occidente de Colombia, había unas chimeneas tan fascinantes que me ensimismaba viendo los penachos de humo blanco extendiéndose a lo lejos, entre el verdor infinito de las hojas de las plataneras. Algunas aves sobrevolaban esperando la madurez de la fruta. Las bocanadas de humo escapaban del crujir de la leña en cuyo fogón una paila burbujeaba con los buñuelos de Nochebuena. Los buñuelos daban vueltas y vueltas mientras los lugareños atizaban el fogón que no paraba de despedir…

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