COLUMNA DOMINICAL
TENEMOS QUE HABLAR DE RAYMOND CARVER
Por: Julián David Rincón Rivera (Colombia)
Correo electrónico: electrónico: rinconriverajulian@gmail.com
Vi el libro en un estado de WhatsApp. Era de color rojo, parecido al color de los labios gruesos, brillantes y provocativos de una mujer en un comercial de lápiz labial. El encabezado estaba señalado con un rectángulo de color negro. Sobre este, en letra blanca, el nombre del autor: Raymond Carver. Más abajo, en un tamaño de letra más pequeño, el título de la obra.

Fotografía: Raymond Carver, cuentista y poeta
Nunca había leído a Carver, pero sabía que era importante. Solo contaba con una única referencia de Bukowski; con eso me bastaba. Le dije al librero que me guardara el libro. Esa misma tarde pasaría por él. La librería estaba desocupada, no había un solo cliente. Solo estaba Alejandra, la mujer del librero. Al librero no lo veía desde hacía varios meses, desde aquella noche en la que amanecimos en la librería bebiendo con unos editores. Esa noche, el librero dijo que estaba en proceso de separación. Desde aquel día, es ella la que permanece en la librería. Me acerqué a la caja. Ella estaba en la parte trasera del local. Me reconoció y me saludó. Le dije que pasaba por un encargo. Ella sabía de qué se trataba. Me entregó el libro en una bolsa. Le dije que se quedara con la bolsa. Le pregunté el precio, ella me dio una cifra. Correspondía a lo que el librero me había indicado por WhatsApp.
—Muy buen libro —dijo ella, mientras yo buscaba el efectivo.
Le dije que era el primer libro que leía de Carver. Ella dijo que era una muy buena elección. No dije nada más y salí de la librería. El color de la portada de un libro es un aspecto muy importante. Ese color rojo parecía sugerir la pasión y el deseo que caracterizan el amor, palabra que aparece en el título del libro. No tenía a Carver como un romántico; sin embargo, el comentario de la mujer me llevó a suponer que se trataba de algo romántico.
Tiempo después, me inscribí en un taller virtual de creación narrativa, algo interesante y útil. Al orientador del taller le fascinaba Carver. Lo usaba constantemente como referencia para tratar las temáticas planteadas. Si bien era lógico que tomara como referencia a Carver en temas relacionados con la creación de cuentos y relatos, parecía el único realmente importante en esos géneros. Aún no había empezado a leer el libro rojo de Carver, ya que tenía otro libro pendiente, pero las constantes referencias parecían indicar que mi estimación inicial, sugerida por Bukowski, no era del todo desestimable. Lo leí y me convencí de que era necesario hablar de Raymond Carver. Es como un Bukowski, pero llevado al extremo: relatos cortos y muy concretos; rápidos, certeros, contundentes y vertiginosos. No hay desarrollo, no hay contexto. Pura acción, poca descripción. Sus personajes son muy decididos y se limitan a decir lo estrictamente necesario, siempre implementando el verbo dicendi sin ningún adjetivo adicional. Frases cortas, voz activa. Nada de incisos, nada de redundancias. El grado de inferencia es extremadamente alto, tal vez mucho más de lo necesario.
Venía de leer un largo cúmulo de novelas de manera consecutiva, con alto grado de desarrollo, descripciones y pausas. Este contraste de estructura y estilo se reconoce al instante. Me falta desarrollo, me falta contenido, me falta contexto, me falta descripción. Para alguien que está acostumbrado a la novela, Carver resulta una experiencia ciertamente incómoda. Afortunadamente, no tardé mucho en seguirle el ritmo. No demoramos en llegar al corazón de su libro. Allí, en lo más recóndito de su vertiginoso viaje, encontré una anomalía. Carver se atreve a ir más allá, detenerse y describir un poco. No parece ser Carver el que describe. Parece ser otro muy diferente y distinto, otro muy común y corriente. Carver se pierde, se sale de sí mismo. Si digo que es una anomalía es porque el cambio de intención se reconoce con mucha facilidad. Es como si él dejara la labor creativa para ir al baño o tomar algo y otro tomara su lugar, pero Carver solo hay uno. Carver es la antítesis de la novela.
Como lector, siempre encuentro que el escritor quiere comunicarme algo. Alguna cosa entre párrafos o entre frases, algún secreto, alguna confesión o algún misterio. En ocasiones lo hace disimuladamente, otras tantas de manera explícita y evidente. Con Carver este sentimiento nunca floreció. Se quedó a las puertas, como insinuándolo. Me esforcé en encontrar algo, sin embargo, no encontré nada. Llegué a pensar que Carver no quería decirme nada en lo absoluto. Me sentí un poco estafado por ello. Al desistir de este intento, encontré algo. No sé si se trata realmente de algún mensaje o si es una invención mía, resultado de esa necesidad de encontrar un punto de enlace entre escritor y lector. Carver se sentía a sí mismo incómodo en esos terrenos que desconocía. Por fortuna, desistió de ese intento y se quedó con aquello que más le conviene. Le conviene, ya que le queda muy bien. No por nada es una de las figuras más representativas del realismo sucio.
Sus relatos hablan de amor. Mejor dicho, de relaciones y separaciones, muchas separaciones. Separaciones violentas, pacíficas, estrepitosas y comprensivas. Repletas de frustración, resignación, impotencia y vergüenza. Allí entendí por qué la mujer de la librería decía que era muy buen libro. De igual forma, me sorprende la efectividad de su narrativa. Carver no necesita decir mucho para decirlo todo. La realidad es que la verdad no necesita muchas explicaciones y la crudeza de sus aseveraciones lleva a los implicados a sentirse muy identificados en las líneas de sus relatos. El amor también es separación, confusión, miedo, temor, indiferencia o cobardía. Carver lo demuestra muy bien cuando trata de hablar sobre el amor, de manera simple y sencilla. Sin rodeos, como debe ser.
AUTOR: JULIÁN DAVID RINCÓN RIVERA (COLOMBIA)
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Julián David Rincón Rivera, segundo de dos hijos, nacido en Bogotá, Colombia el 7 de abril de 1994. Profesional de Cultura Física, Deporte y Recreación.
Lector apasionado, escritor por elección, músico por diversión.
Cuenta con tres publicaciones antológicas con la editorial ITA, además de dos publicaciones en proceso, también de carácter antológico, con factor literario y la editorial mítico.
Con varias publicaciones en revistas de américa latina, encuentra en la escritura el mejor sustento para su vida.
Instagram: @relatero_literal
