CRÓNICAS FILBO 2026
ESTE CONOCIDO DE ROSTRO, PERO SIN NOMBRE
Por: Julián David Rincón Rivera (Colombia)
Correo electrónico: electrónico: rinconriverajulian@gmail.com

Fotografía: Rafael Poveda y Belisario Valbuena / Red Social Instagram Belisario Valbuena
La palabra asesino tiene un extraño poder que tiende a llamar nuestra atención y nuestro interés. La programación de la Filbo ha estimulado mi curiosidad. Yo estaba allí para dejarme provocar. La sala de presentación está en un segundo piso. En la entrada, un cúmulo de gente se saluda, se abraza, se da picos en las mejillas. A un lado de la puerta, sobre una mesa con mantel blanco, varios libros esperan ser llevados y ser leídos. La sala parece un salón de clase de un recinto universitario. No es muy grande, no es muy amplia. Lo justo para una presentación tranquila, sencilla y no muy ostentosa. En el escenario, dos hombres. Uno de ellos se me hace conocido. He venido dándome cuenta progresivamente que ya no veo igual de lejos. Podía leer con claridad un letrero o un aviso a dos cuadras de distancia. Ahora, los rostros de las personas a pocos metros se difuminan, se pierden y se distorsionan. La iluminación del escenario no me ayuda en mi propósito de identificar al susodicho. Tengo que hacer un esfuerzo consciente y concentrado para reconocer ese rostro que me dice desde el recuerdo: “Hola, viejo amigo.” La edad no respeta nada ni a nadie.
Lo conozco, efectivamente. No se trata de un viejo amigo ni nada por el estilo. Lo había visto en la televisión cuando era niño. Era presentador o algo así. Tal vez de Caracol o RCN. No lo recuerdo. Es de esas personas que uno las conoce por el rostro, más no por el nombre. Si me hubieran dicho su nombre, no sabría de quién se trata. Tenía que verlo a la cara para saber quién era. ¿Sé quién es realmente? Es extraño. Cuando un nombre no basta, cuando un nombre no dice nada. Muchos años han pasado desde la última vez que lo vi. Me había olvidado de él. Ya no aparece en la televisión, o eso creo. Yo ya no veo televisión. Este conocido de rostro, pero sin nombre, es el moderador. Se hacen las presentaciones correspondientes. Rafael Poveda es el nombre de ese viejo conocido. Tal vez alguno de ustedes lo recuerde. Alejado del mundo de la televisión, se enfoca ahora en el mundo virtual. Concretamente de su pódcast “Más allá del silencio”. Esa es la razón por la que lo dejé de ver en televisión y, finalmente, me olvidé de él. Rafael es la voz cantante en el inicio de la charla. Habla de los asesinos, de su gusto, interés e inquietud por escudriñar la mente de estos “perversos” pero a la vez fascinantes personajes. Dice que el origen del libro viene de una entrevista que él mismo le hizo a Luis Alfredo Garavito. No tenía idea de que había entrevistado a Garavito. ¿Dónde estaba cuando eso sucedió? ¿Por qué no me enteré? ¿Por qué no he visto o escuchado la entrevista?
Mientras Rafael habla, al recinto entra un grupo de tres personas. Dos mujeres y un hombre. Ellas muy bien vestidas, con gafas de sol, el pelo liso con extensiones de mechones rubios, las pestañas bien formadas, los labios bien resaltados con lápiz labial. Él es un poco menos ostentoso, pero al mismo tiempo muy formal y elegante. Se sientan dos puestos más adelante.
Si bien Garavito es el mayor asesino del país, lastimosamente no es el único. Rafael cede la palabra a su compañero en el escenario. Un hombre menudo, tranquilo, parcialmente calvo y con gafas. A primera vista parece alguien tímido, introvertido y reservado. Cuando habla por primera vez por el micrófono, no se le escucha con claridad.
—Coloque el micrófono así, como un cantante —le sugiere Rafael, que parece tener más maña y experiencia en estos términos.
Lo que esa impresión inicial de timidez e introversión hacen realmente es esconder a la eminencia que es el señor Belisario Valvuena. Es de esos hombres que hacen ver posible y alcance de cualquier mortal temáticas tan difíciles y truculentas como es la psicología, concretamente, de asesinos y criminales. Cuenta con el don de la explicación, de la locución, de la oratoria. El poder de un conocimiento amplio, certero, preciso y bien orientado. Belisario presenta a seis asesinos, seis perfiles que han sido creados, configurados y establecidos no solo por su don perfilador. Una mención especial es presentada a nombre de “La flaca”, como Belisario llama cariñosamente a su mujer. Una experta en neuropsicología que hizo parte activa en el desarrollo y composición de estos perfiles. La entrevista cara a cara y la definición del perfil por medio de referencias fueron las metodologías implementadas para configurar el cuerpo del libro. Así se presenta el primer perfil: Rafael Uribe Noguera. Mientras tanto, dos puestos más adelante, las mujeres de alta ostentosidad sacan sus smartphones de sus ocultos escondites y juguetean con ellos.
Rafael Poveda admite su deseo de lograr una entrevista con este primer perfil. Aunque no se ha logrado dicha interacción cara a cara con el criminal, sí se ha logrado establecer un perfil claro y convincente a partir de muchas referencias.
—Este man era el alma de la fiesta. Era el que organizaba todo y a todos para las rumbas.
De esta manera, parafraseando, lo describe Belisario. Su personalidad, su carácter, las características de su crimen y cómo los rastros de su firma criminal permiten categorizarlo dentro de un tipo de asesino con “fantasías ritualistas”.
Al según perfil lo llaman soga. Luis Gregorio Ramírez Maestre, el monstruo de Tenerife. Una novedad completa para mí. Responsable del asesinato de alrededor de treinta personas. Sus víctimas predilectas; mototaxistas de diferentes municipios y ciudades del norte del país. La razón de su sobrenombre no es una mera casualidad o capricho. Es, realmente, el modus operandi de sus crímenes. Con las víctimas a su disposición, realizaba estratégicos nudos en posturas incómodas sobre sus víctimas. Estas, a razón del cansancio de sus posiciones, forzaban los nudos que el criminal realizaba en sus cuellos, llevándolos a una forma de asfixia “autoasistida”. Una tortura macabra y despiadada. La experiencia de un encuentro personal con el criminal alimenta el relato de los expositores. Rafael Poveda, a este respecto, comparte su experiencia de cómo fue sometido, a manera de ejemplo, por el criminal, una cuerda y sus nudos. Belisario explica cómo este método lo llevó a perfeccionarse en el arte de los nudos, convirtiéndolo en uno de los asesinos seriales con un método único.
La conversación es intensa e interesante. Tomo notas de los aspectos más relevantes y de interés. Mientras tanto, las mujeres siguen con sus celulares. Parece increíble que prefieran prestar atención a los aparatos antes que a la charla. Tal vez revisan algo relacionado con la exposición. Algo de importancia o que puede servir de complemento a lo explicado en el escenario. Con un ligero movimiento de cabeza, descubro que están en sus redes sociales. Tal vez son familiares o conocidas de los expositores. Tal vez ya conocen el tema a profundidad. Tal vez están hartas de escuchar el mismo discurso, las mismas explicaciones, las mismas experiencias y teorías.
El siguiente perfil es otro desconocido para mí: Juan Carlos Villa Cardona. Rafael toma la palabra. Dada su experiencia personal al entrevistarlo, admite que le dijo a su hijo: “Hice la entrevista más hijueputa que he hecho hasta ahora”. Este comentario permite dimensionar la clase de asesino al que nos referimos. Un tipo que prefería a los adultos mayores como víctimas. También sabía pasarse como sordomudo para ganarse su confianza y facilitar sus cometidos. De este pasamos a Campo Elías Delgado, uno del cual sí tengo referencias. Muchos no lo conocen por su nombre, más si por sus acciones. Sucede algo similar con lo que ocurre con Rafael Poveda. Su nombre a muchos no les dice nada, pero si hablamos de la masacre de Pozzetto a muchos les llega la referencia. Para los más jóvenes habría que citar la novela de Mario Mendoza, Satanás. Este personaje le vale a Belisario para aclarar la diferencia esencial entre un asesino serial y un asesino múltiple.
—El asesino serial es el que comete sus crímenes de manera progresiva en el tiempo. El asesino múltiple es el que comete sus crímenes en una sola acción, una sola vez, en un momento definitivo y concreto en el tiempo.
Lo que pasó en Pozzetto, una noche de diciembre de 1986, es algo similar a lo que recientemente ocurrió en México con el tirador de Teotihuacán en lo referente a ejecución y procedimientos.
Dos puestos más adelante, las mujeres no paran de revisar sus celulares. El hombre que las acompaña, que hasta este momento parece interesado en la charla, termina por contagiarse por el ánimo de las mujeres y saca su celular. ¿Para qué carajos vienen?
Con el poco tiempo que les queda, Belisario y Rafael refieren los dos últimos perfiles que conforman el libro: Fredy Armando Valencia, el monstruo de Monserrate y Diego Ruiz Restrepo, el psicópata de Meiggs. Para cerrar la charla, Belisario comparte un comentario que una joven lectora le envió apenas terminó de leer el libro. Mientras lee, Belisario se quiebra. Se le corta la voz, se le iluminan los ojos, pide disculpas. El recinto lo aplaude y ovaciona. A la salida del recinto, en la mesa donde reposan los libros, ya hay fila para comprar los ejemplares. Tengo anotado el nombre del libro, la editorial, el pabellón y el número de stand donde están ubicados. Si hay una cosa que le aprendí a Bukowski es que no vale la pena hacer fila para cosas que no son urgentes.
*ESCRITORES REBELDES – Medio acreditado para el cubrimiento de la FILBo 2026
JULIÁN DAVID RINCÓN RIVERA (COLOMBIA)
Columnista Escritores Rebeldes

Julián David Rincón Rivera, segundo de dos hijos, nacido en Bogotá, Colombia el 7 de abril de 1994. Profesional de Cultura Física, Deporte y Recreación.
Lector apasionado, escritor por elección, músico por diversión.
Cuenta con tres publicaciones antológicas con la editorial ITA, además de dos publicaciones en proceso, también de carácter antológico, con factor literario y la editorial mítico.
Con varias publicaciones en revistas de américa latina, encuentra en la escritura el mejor sustento para su vida.
Instagram: @relatero_literal
