CRÓNICAS FILBO 2026
UN ERMITAÑO EN LA FILBO
Por: Julián David Rincón Rivera (Colombia)
Correo electrónico: electrónico: rinconriverajulian@gmail.com

Fotografía: Pablo Arango – Profesor de Filosofía en la Universidad de Caldas. Ha publicado en El Malpensante, Arcadia, SoHo y Universo Centro. En 2016 publicó Grandes borrachos colombianos, un pequeño volumen que fue incluido en las listas de los mejores libros del año en Colombia.
En la entrada del parqueadero Verde Corferias hay un tipo con chaleco y gorra roja dándole vía a la larga fila de carros que buscan entrar. Sobre la calle 25, el flujo vehicular es mucho mayor que los días inmediatamente anteriores. De igual forma, los transeúntes se cuentan en mayor número. Alguno que otro carro se hace un espacio en un costado de la calle.
—¡Muévalo, hermano! ¡Muévalo!
Le grita un hombre con una bayetilla roja en su mano derecha al propietario de un vehículo que se acaba de acomodar a un costado de la calle.
—Ahí no lo deje que viene la policía y se lo lleva.
Más atrás, unos efectivos de tránsito vienen espantando a todo aquel que se atreve acomodarse a un lado de la vía. Buscan movilizar el tránsito para evitar los embotellamientos alrededor de Corferias. Al llegar a la esquina de la calle 25 con carrera 37, un mar de gente se mueve de un lado a otro.
¡Como se nota que es fin de semana en Corferias!
Las filas para ingresar al evento dan la vuelta a la esquina. Los vendedores ambulantes se ubican estratégicamente sobre el andén. El poco espacio que queda se lo riñen los curiosos que se detienen cada que encuentran algo llamativo o interesante y los que saben concretamente a donde quieren y deben ir. Ya dentro, la cosa es caótica. Gente por aquí, gente por allí. Unos se mueven rápido, otros más lento. Unos tantos están de pie, estacionados, mirando alrededor, preguntándose a dónde ir, qué hacer. En el escenario, curiosamente, no hay mucha gente. ¿Qué tiene el evento que no llama la atención? Pablo se hace a un lado, Alejandro al otro. En el medio, un hombre con traje, pero sin corbata. No recuerdo su nombre. En realidad, no importa. Él es el moderador. No conozco a ninguno de los tres y eso tampoco importa. No hay libro para presentar ni texto que inaugurar; solo una conversación limpia y casual.
¡Traigan las botellas! ¡Repártanlas a todos los presentes! ¡Vamos a hablar de filosofía!
Alejandro, en comparación con el moderador, viste de manera un poco más casual, pero “acorde” a la ocasión. Por su parte, Pablo lleva lo que parece ser una camisa blanca que llaman guayabera, de esas que uno puede llevar una tarde por la ciudad amurallada en Cartagena. La acompaña con un jean y unas sandalias. No sé si sea lo más conveniente para el clima en Bogotá. ¿Qué decir del clima en Bogotá? Tal vez le faltan las medias, porque andar a pie limpio en Bogotá debe ser algo muy berraco.
El moderador habla de sus carreras, sus trayectorias, sus logros, estudios y reconocimientos. Esto no me interesa mucho. Espero que hablen. Quiero escucharlos. Ambos filósofos, ambos de Manizales, ambos interesados en el pensamiento y la introspección. Ambos tienen libros publicados. Hacen una ligera y rápida mención de ellos, por si a alguno le interesa. Hablan de un libro de Pablo que trata sobre los borrachos.
—Si habláramos de borrachos, mi familia le tomaría todo un tomo completo a Pablo.
Mientras Alejandro habla, me fijo en Pablo. Guarda silencio, fija la mirada en un punto, se agarra la barba, mueve sus dedos de manera impulsiva y descontrolada. Se vuelve a agarrar la barba, mira de vez en cuando al público con ojos expectantes e inquietos. Si Pablo se dejara crecer la barba un poco más, sería un ermitaño. Cuando es su turno de hablar, lo hace con elocuencia, alegría y pasión. Una que otra vez se le escapa un madrazo. Lo implementa como recurso enfático y categórico que, en algunas ocasiones, dice utiliza con sus estudiantes. Vaya personaje más interesante. Se valen del impulso del tema de los borrachos para hablar de los filósofos. No quiere decir esto que los filósofos sean borrachos. Bueno, algunos lo son. Recuerdo a un amigo, filósofo él. La última vez que nos vimos tomamos unas cervezas.
—A mí me gusta la pola —dijo ese día.
Creo que le hubiera gustado mucho estar aquí sentado, escuchando a los filósofos hablar de borrachos. Tal vez era el más indicado para estar aquí, pero no está. En el escenario, Pablo y Alejandro discuten el estigma detrás de la profesión. ¿Cuál es la reacción de los familiares y conocidos cuando alguien dice querer estudiar filosofía?
—Ay, mijo. Usted tan pilo que era —dice Pablo que le dijo su madre en su momento.
Esa curiosa manía del ser humano, algunos lo llaman necesidad, de sumergirse en sus propios pensamientos. La importancia de este proceso se remonta a la antigua Grecia. Los ponentes hablan de Sócrates y su discípulo más influyente: Platón. De igual forma, lo desafiante que es y sus múltiples consecuencias. Alejandro se refiere a un tipo colombiano, filósofo, pensador, muy importante y reconocido, también de Manizales. Tampoco lo conozco. Una especie de erudito que, en cierta etapa de su vida, decidió encerrarse. Tal vez animado y motivado por el estigma del genio que se encierra en las cuatro paredes de su residencia para silenciar el ruido del exterior y así escuchar con más claridad y fuerza los ecos de sus propios pensamientos. Algunos dicen que el resultado más obvio de dicho atrevimiento es la locura. ¿Qué pueden decir de ese filósofo manizaleño que anda en sandalias por Bogotá alabando a los borrachos y ofreciéndoles madrazos a sus estudiantes universitarios?
Aquí no se habla necesariamente de la locura, entendida como muchos la entienden. Se habla de una consecuencia tal vez trágica, dolorosa y evitable.
—El impacto de su influencia se perdió.
Es como si el poder de su genio creativo, de por sí importante y reconocido, se secara después del encierro. Alejandro parece estar seguro; el alcance de su influencia hubiera sido mucho mayor si, en lugar de encerrarse en sí mismo, hubiera elegido compartir sus ideas y pensamientos con los demás. No necesariamente con la complicidad de una botella de cerveza, un trago de aguardiente o el sabor amargo de un whisky. El pensamiento, cuando se hace en voz alta y con un interlocutor, obtiene más fuerza, poder, valor e influencia. Así que no hay que desmeritar del todo las actividades de los borrachos. Algo se aprende, algo resulta de todas estas interacciones. Se valen de estas experiencias compartidas para hablar del aprendizaje.
—Socialmente, se cree que en una discusión el que gana es el que no se retracta. Puede que sea cierto, pero el que más aprende es el que se retracta.
Una crítica directa al sistema educativo que solo sabe premiar al que hace de manera correcta las cosas. ¿Qué resultado se obtiene? Una forma de homogeneización basada en el miedo. Sí, el miedo, porque no hay posibilidades de probar cosas distintas ni diferentes. Se pierde la curiosidad, se pierde el interés. Esta noción, al mismo tiempo, puede representar una oportunidad. Pablo ofrece un ejemplo curioso, comparando a los ministros de educación de Colombia con el de un país con excelentes estándares educativos.
—Ese man está embalado —dice de este último.
Aquí tenemos la posibilidad de inventar, probar, incluso improvisar. Al final, ¿qué es lo peor que puede pasar si al fin y al cabo somos de los peores?
Así se va una hora en la feria del libro, sin saber cómo ni cuándo. A la salida del escenario, en la conocida mesa de libros de los ponentes, hay uno con las solapas abiertas. En una de ellas aparece un hombre joxven: mechudo, despeinado, con una barba primípara e incipiente, con aire de rebeldía y atrevimiento. Quiere comerse el mundo, pero no sabe exactamente cómo hacerlo. La foto de un joven Pablo lleno de ambición, deseo, anhelo y esperanza, ese mismo que hoy parece un ermitaño en la FILBo.
*ESCRITORES REBELDES – Medio acreditado para el cubrimiento de la FILBo 2026
JULIÁN DAVID RINCÓN RIVERA (COLOMBIA)
Columnista Escritores Rebeldes

Julián David Rincón Rivera, segundo de dos hijos, nacido en Bogotá, Colombia el 7 de abril de 1994. Profesional de Cultura Física, Deporte y Recreación.
Lector apasionado, escritor por elección, músico por diversión.
Cuenta con tres publicaciones antológicas con la editorial ITA, además de dos publicaciones en proceso, también de carácter antológico, con factor literario y la editorial mítico.
Con varias publicaciones en revistas de américa latina, encuentra en la escritura el mejor sustento para su vida.
Instagram: @relatero_literal
