COLUMNA DOMINICAL
¡VIVA JULIO!
Por: Julián David Rincón Rivera (Colombia)
Correo electrónico: electrónico: rinconriverajulian@gmail.com

La gente dice que usted está muerto. Lo dicen ya que a usted lo enterraron un martes de febrero del 84. Lo llevaron a Montparnasse junto con Sartre, Baudelaire, Beauvoir, Beckett y la más importante de todas: Carol. La boca llena de tierra, los ojos dormidos por siempre y ese cuerpo tan característico de Cronopio conservado para la eternidad.
La gente dice que usted está muerto por una razón simple y lógica: ya reposa en un cementerio. Usted está muerto sólo para aquellos que creen que está realmente muerto, es decir, para todos aquellos que entienden la vida de una sola forma, de la manera común y tradicional. Para todos aquellos que la vida no sale de lo estrictamente material y corpóreo. Para todos aquellos que consideran la vida como una experiencia pasajera. Eso es mucho de famas y esperanzas.
La verdad es que usted es inmortal.
Cómo va a estar muerto si la gente aún vive Oliveira, vive Maga. Si aún hay muchos que viajan a París, se pasean bordeando el Sena, repitiendo los caminos del propio Oliveira, replicando los cotidianos paseos suyos, metiéndose en las terrazas, en los cafés buscándola a ella.
Cómo va a estar muerto si todo el que pasa por Montparnasse le deja algo. Una muchachita el rastro de un beso de lápiz labial, un poeta le ofrece algo de su sentimiento, un narrador le regala algo de su ingenio, un bohemio una pizca de su licor preferido. Los menos preparados le dejan un ticket de metro o de bus, una carta, una foto, un libro o una flor. Los más descuidados una moneda, un billete de cualquier denominación o cualquier cosa que tengan en los bolsillos, pero algo le dejan, porque a un Cronopio de verdad no le importa el detalle en sí mismo, sino la intención.
Cómo va a estar muerto si tantos se identifican como famas, Cronopios o esperanzas, aunque la mayoría se dicen Cronopios sin mérito alguno. Muchos, realmente, son esperanzas queriendo ser Cronopios en un mundo de famas.
Cómo va a estar muerto si por ahí hay tanta esperanza jugando a enamorarse en los tiempos muertos, en las horas sin rostro, en el regar de los días llenos de sol vespertino o de lluvia con ritmo.
Cómo va a estar muerto si por ahí hay algún curioso pretendiendo abrir un encuentro epistolar con cualquier desconocido, probando a ver si eso del amor realmente no tiene límites.
Cómo va a estar muerto si muchos se atreven aprender francés a ver si pueden enamorar como usted lo hace. Pero no todos pueden hablar con ese francés argentinizado suyo, no todos pueden narrar poesía como usted lo hace.
Cómo va a estar muerto si lo siento insinuarse en cada pensamiento, cada palabra, cada frase y oración. Yo sé que usted está aquí. Tal vez detrás de la cortina o al otro lado de la pared. En el balcón mirando la noche o sentado en esa silla contemplando cómo duerme la gata.
Usted es un ser tranquilo y apacible que no necesita mucho para hacerse realidad, para hacerse presente.
Usted tiene el don de los niños. Es decir, maravillarse de cosas sencillas como lo son una gota de lluvia deslizándose a través del cristal transparente de una ventana, o la certeza de un grupo de hormigas pretendiendo armar una revolución en una de las capitales del mundo, o el truculento ingenio que se necesita para darle cuerda a un reloj, subir unas escaleras o llorar.
Usted engendró Cronopios, o la intención de estos, que es prácticamente lo mismo.
Lo que más me sorprende es que aún hoy, más de cuarenta años después de su hipotética muerte, sigue despertando reconocimiento, respeto y aprecio, lo que es muy admirable, especialmente en los jóvenes, lo cual también implica una certeza de poder y responsabilidad.
Usted mismo lo dijo en su día: la intención de mantenerse en este mundo, en esta realidad, y creo que no hay nada más poderoso que la voluntad de un hombre:
“¿Cómo no regresar de la muerte, a visitar las casas queridas?
Yo seré un fantasma incansable alguna vez…”
Lo único que tal vez le puedo reprochar es su activismo político. No tanto por el activismo en sí mismo, sino por sus consecuencias. Dicen que después de Ugné usted cambió. Dejó de ser un Cronopio total para adoptar algo de fama y esperanza. Eso me ha entristecido un poco. Lo que realmente me ha abatido fue su decisión de apartarse de la escritura por priorizar la política, o bueno, eso es lo que dicen. No sé qué le vio a la política. No sé si es con la edad que una persona despierta ese interés político. De todas formas, usted siempre fue y será el Julio de Rayuela, Casa tomada, Autopista al sur, las historias de famas y Cronopios. Eso nada ni nadie lo puede modificar. Aun así, me pregunto qué hubiera pasado si su activismo político no lo hubiera alejado, de cierta forma, de la escritura. Tal vez no hablaríamos exclusivamente de Rayuela, de sus cuentos y relatos. Tal vez existiría algo más, mucho más de su ya admirable e importante trabajo. En este sentido, siento que lo perdimos. Toda decisión tiene sus consecuencias. Usted lo sabe bien, las vivió en carne propia. Lo que no creo que sepa es que dicha decisión influyó aún incluso después de su muerte. Hay que decirlo, la política dividió su vida en dos. En el cementerio, camino a su tumba, a la derecha iban los más moderados, a la izquierda, los más revolucionarios. Incluso en su entierro se podía diferenciar la izquierda de la derecha. Eso es muy curioso. ¿No le parece? Que la política dividiera a los suyos, aun incluso en el día de su entierro.
Dejemos de lado ese odioso tema que es la política. Hablemos de usted y de su entierro.
No sé si usted lo quería así o esperaba que ocurriera lo que ocurrió. Me parece que había mucho protocolo, muchas reglas, mucha normativa, liturgia y tradición. Ese entierro no era el suyo, parecía el de un político en regla o el de un ciudadano en norma. A mí no me gusta recordarlo así. A mi gusta recordarlo como el Cronopio que se preocupa e interesa por muchas otras cosas antes que las normas y los protocolos. Pero no es culpa suya. No señor. ¿Usted qué podía hacer?
Si uno pudiera presidir su propio entierro, creo que no existirían tantos entierros. Habría más fiestas y celebraciones. No tanta ritualidad, ceremonia y tradición. No sé si usted lo quería realmente así. ¡Pero qué más se le puede hacer!
Al final, el entierro no es suyo, es de ellos. Pero es que un simple entierro no basta para confirmar lo que aparentemente se confirma en un entierro. Yo sé que usted vive en cada uno de sus textos, en cada una de sus lecturas, en cada uno de sus lectores. Su literatura es universal, no tiene fronteras, ni límites de espacio o tiempo. Usted nunca dejará de ser, ya que Rayuela es única e irrepetible. Usted nunca dejará de encantar, gustar, incomodar, motivar e inspirar. Usted siempre será Julio, el único Julio.
¡Viva Julio!
AUTOR: JULIÁN DAVID RINCÓN RIVERA (COLOMBIA)
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Julián David Rincón Rivera, segundo de dos hijos, nacido en Bogotá, Colombia el 7 de abril de 1994. Profesional de Cultura Física, Deporte y Recreación.
Lector apasionado, escritor por elección, músico por diversión.
Cuenta con tres publicaciones antológicas con la editorial ITA, además de dos publicaciones en proceso, también de carácter antológico, con factor literario y la editorial mítico.
Con varias publicaciones en revistas de américa latina, encuentra en la escritura el mejor sustento para su vida.
Instagram: @relatero_literal
