Fotografía: Fito Páez hizo su debut en el Teatro Real de Madrid con Clásico, un concierto en el que recorrió su propia obra y rindió homenaje a grandes figuras de la música latinoamericana como Charly García, Luis Alberto Spinetta, Víctor Jara, Pablo Milanés y Chico Buarque. Acompañado por un noneto de cuerdas, el músico argentino convirtió la velada en una celebración de la memoria, la poesía y la canción / EFE
El músico argentino debutó en el histórico escenario madrileño con Clásico, un concierto acompañado por un noneto de cuerdas que reunió canciones propias con homenajes a Charly García, Luis Alberto Spinetta, Víctor Jara, Pablo Milanés, Chico Buarque y otras figuras esenciales de la música latinoamericana.
Madrid, 3 de septiembre de 2026. El piano, las cuerdas y la memoria musical latinoamericana se encontraron en una noche especial en el Teatro Real de Madrid. Fito Páez llegó por primera vez al emblemático escenario español y convirtió su presentación en una celebración de las canciones que han acompañado su vida y, al mismo tiempo, a varias generaciones de oyentes a ambos lados del Atlántico.
El artista argentino presentó Clásico, un espectáculo concebido para revisar parte de su obra desde una sonoridad diferente. Acompañado por un noneto de cuerdas dirigido musicalmente por Víctor Elías, Páez alternó composiciones propias con canciones de algunos de los artistas que considera fundamentales en su formación musical.
La presentación, realizada el miércoles 2 de septiembre, se prolongó durante más de dos horas y transformó el Teatro Real en un territorio compartido entre el rock argentino, la canción de autor, el tango, la música popular latinoamericana y la poesía.
UNA NOCHE DIFERENTE PARA FITO
El concierto comenzó con “Dale alegría a mi corazón”, una de las composiciones más reconocidas del músico rosarino.
Desde allí, el repertorio recorrió diferentes momentos de una carrera que supera las cuatro décadas.
Canciones como “11 y 6”, “Tumbas de la gloria”, “Parte del aire”, “Al lado del camino”, “Un vestido y un amor”, “Dar es dar” y “Mariposa tecknicolor” adquirieron una nueva dimensión gracias a los arreglos para cuerdas.
Pero Clásico no fue planteado simplemente como un concierto retrospectivo.
Páez utilizó su propia historia musical como punto de partida para reconocer a quienes ayudaron a construir el paisaje sonoro y poético de América Latina.
CHARLY GARCÍA Y SPINETTA, DOS PRESENCIAS INEVITABLES
La música argentina ocupó un lugar central.
Dos nombres aparecieron inevitablemente: Charly García y Luis Alberto Spinetta, figuras esenciales del rock argentino y artistas profundamente vinculados con la formación y trayectoria de Páez.
Del universo de Charly García llegó “Desarma y sangra”, mientras que Spinetta estuvo presente a través de “Muchacha ojos de papel”, una de las canciones fundamentales de la historia del rock en español.
Antes de interpretar la obra de Spinetta, Páez recordó a Argentina como un territorio musical y poético al que siempre resulta necesario regresar.
También hubo espacio para “Canción para mi muerte”, asociada a Sui Generis, y “Viento dile a la lluvia”, clásico de Los Gatos.
El recorrido permitió construir una suerte de mapa sentimental de la música argentina que ha acompañado al compositor desde sus primeros años.
DE VÍCTOR JARA A PABLO MILANÉS
La mirada del músico se extendió mucho más allá de Argentina.
El chileno Víctor Jara apareció con “Te recuerdo Amanda”, una de las canciones más emblemáticas de la música popular latinoamericana.
También estuvieron presentes el cubano Pablo Milanés y el brasileño Chico Buarque, cuya obra volvió a demostrar que la canción latinoamericana ha sido capaz de atravesar fronteras políticas, culturales y lingüísticas.
De Buarque interpretó “Construção”, una de las composiciones esenciales de la música brasileña.
El repertorio incluyó además referencias a Atahualpa Yupanqui, Aníbal Troilo y Roberto Goyeneche.
Rock, tango, canción de protesta y música popular convivieron así dentro de una misma propuesta.
GARCÍA LORCA TAMBIÉN ENTRÓ AL CONCIERTO
La literatura tampoco permaneció fuera del escenario.
Entre las piezas seleccionadas apareció “El romance de la pena negra”, a partir del texto de Federico García Lorca, estableciendo un puente especialmente significativo entre América Latina y España.
La inclusión del poeta granadino reforzó uno de los sentidos de la presentación: celebrar una tradición cultural que viaja constantemente entre países y generaciones.
Madrid fue así mucho más que el escenario del concierto.
Se convirtió en un punto de encuentro entre diferentes formas de entender la música, la poesía y la lengua.
UN NONETO PARA REINVENTAR LAS CANCIONES
Uno de los elementos distintivos de Clásico fue su instrumentación.
Páez adaptó material concebido originalmente para formatos sinfónicos y lo trasladó a un noneto de cuerdas, acompañado por su piano.
Violines, violas, violonchelos y contrabajo envolvieron las composiciones con una sonoridad diferente, permitiendo escuchar canciones conocidas desde otra perspectiva.
El músico había explicado que la propuesta integraba sus propias composiciones, material nuevo y obras de artistas latinoamericanos.
En el Teatro Real esa idea terminó convirtiéndose en un recorrido por varias décadas de creación musical.
Las proyecciones visuales de Max Rompo completaron una puesta en escena que buscó mantener el protagonismo de las canciones.
EL REGRESO DESPUÉS DE UNA NEUMONÍA
La presentación tuvo además un componente personal.
Páez venía de recuperarse recientemente de una neumonía, circunstancia que otorgó una dimensión especial a su regreso a los escenarios.
Sin embargo, durante el concierto mostró la energía interpretativa que ha caracterizado buena parte de su trayectoria: alternó el piano con intervenciones dirigidas al público y convirtió algunos momentos de la presentación en auténticas conversaciones musicales.
En sus palabras apareció también una defensa del arte y de la creación frente a un mundo atravesado por conflictos, violencia e intereses económicos.
La música, nuevamente, fue presentada como refugio y como forma de resistencia.
“Yo vengo a ofrecer mi corazón”
Después de recorrer canciones propias y ajenas, el final difícilmente podía ser otro.
“Yo vengo a ofrecer mi corazón”, una de las composiciones más universales de Fito Páez, cerró la velada.
La canción, publicada originalmente en la década de los ochenta y posteriormente interpretada por numerosos artistas, ha trascendido el repertorio personal de Páez para convertirse en parte del cancionero latinoamericano.
En Madrid volvió a cumplir esa función.
Después de una noche atravesada por García, Spinetta, Jara, Yupanqui, Milanés, Buarque, Troilo, Goyeneche y García Lorca, Páez regresó finalmente a una de sus propias canciones para resumir el espíritu del encuentro.
DE ROSARIO A MADRID
La presentación en el Teatro Real representa otro capítulo en la extensa relación de Fito Páez con España.
El músico argentino ha visitado numerosas veces el país durante su carrera y sus canciones encontraron allí un público que ha acompañado distintas etapas de su obra.
Pero tocar por primera vez en uno de los escenarios musicales más emblemáticos de Europa tenía un significado diferente.
Esta vez no llegó solamente para interpretar sus éxitos.
Llegó con un repertorio que reconoció las raíces culturales de las que nació su propia música.
Después de Madrid, su agenda contempla una presentación en el Palau de la Música de Barcelona, esta vez en un formato mucho más íntimo: Fito solo frente al piano. Posteriormente continuará su recorrido con nuevas fechas en Argentina y una escala internacional en Chile.
UNA DECLARACIÓN DE AMOR A LA CANCIÓN LATINOAMERICANA
Lo sucedido en el Teatro Real confirmó algo que Fito Páez ha defendido durante buena parte de su carrera: ninguna canción existe completamente aislada.
Detrás de cada compositor existen otros autores, discos, poemas, ciudades y voces que alguna vez dejaron una huella.
En Clásico, Páez hizo visibles esas influencias.
El resultado fue una especie de genealogía musical: del tango al rock, de la canción política a la poesía, de Argentina a Chile, Cuba y Brasil, y finalmente de América Latina a España.
Por eso la noche madrileña terminó siendo algo más que el debut de Fito Páez en el Teatro Real.
Fue un homenaje a una tradición compartida y a una generación de compositores que convirtió la canción en memoria colectiva.
Y durante unas horas, en pleno corazón de Madrid, Fito Páez volvió a ofrecer su corazón a la música en español y latinoamericana.
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