Mi Padre

Hoy les vengo a hablar de un gran campesino,
quien más que un buen padre fue el mejor amigo.

Su mirada seria, su ceño fruncido,
tras duras jornadas su rostro curtido.

Yo siempre creía que estaba enojado,
mas ahora comprendo… solo era cansancio.

Siempre trabajando de mañana a tarde,
para comida y techo a sus hijos brindarles.

Sus manos callosas, su rostro quemado,
el precio que cuesta
Vivir en el campo.

Más tras ese manto de falsa dureza,
se escondía el maestro
que enseñanzas diera.

De muchas palabras no necesitó,
siempre con su ejemplo fue un gran profesor.

Solo pocos meses asistió a una escuela,
pero sabía todo lo que
el campo enseña.

Cuando hacer las siembras,
o un árbol podar, amansar un potro,
cuando ir a pescar.

El fin de semana era su descanso,
iba con amigos a tomarse un trago.

El Juego del tejo, las riñas de gallos,
así se escapaba un poco del trabajo.

Hoy hace veinte años su vida acabó,
el suelo al que amaba un día lo llamó.

Con mucha nostalgia recuerdo a mi viejo,
quisiera aún tenerlo y oír sus consejos.

Si a tu padre tienes dile cuanto lo amas,
dale un fuerte abrazo,
péinale sus canas.

Aprovecha el tiempo mientras aún lo tengas,
o quizás mañana
tarde te arrepientas.

AUTOR: JOSÉ ADELMO QUINTERO SALAZAR, EL VIAKO (COLOMBIA)
© DERECHOS RESERVADOS AUTOR (A)

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