COLUMNA DOMINICAL
“ABRAZA LA SOMBRA…” DE BLACK SWAN Y CARL JUNG
Por: Julián David Rincón Rivera (Colombia)
Correo electrónico: electrónico: rinconriverajulian@gmail.com
Nina es una mujer que tiene el potencial para ser extraordinaria, sin embargo, no puede hacerlo. Sus límites se presentan, primordialmente, en una sociedad, una cultura que prioriza negligentemente una personalidad correcta, adecuada, apropiada, pulcra, limpia, austera, intachable e irreprochable.

¡La moralidad, la rectitud, la decencia y la pulcritud ante todo!
¿Por qué algo presumiblemente “correcto” puede llegar a ser peligroso?
Nina es una mujer que promedia las veintenas. Es bella, educada, talentosa y dedicada. Su amor y pasión por el ballet la llevan a vivir una realidad que parece de fantasía, fantasía que alienta y alimenta su propia madre. Nina vive restringida en dos realidades alternas y simultáneas: La obsesión y excesiva disciplina de su pasión, el ballet, y el control igualmente obsesivo, riguroso y estricto de su madre. Nina es la niña consentida de mamá, su muñeca de terciopelo, su doncella de ballet, tan dulce, tierna y delicada. Mamá la cuida, la mima, la viste, la peina, la acicala, la lleva todas las noches a la cama, donde le da las buenas noches con una caja musical que acciona para que Nina concilie el sueño. Nina es una mujer que parece una niña, no solo en el trato que su madre le dispensa. Su cuarto, lleno de peluches, decoraciones y adornos, parece el de una adolescente. De igual modo, la obsesiva costumbre de vestir siempre de blanco. Todas sus ropas son blancas, o colores claros, una obsesión por la pulcritud, la prolijidad, la delicadeza.
Nina es una mujer timorata, tímida e introvertida. No habla mucho, y cuando lo hace, habla sin decisión, en un tono muy suave, sumiso, como si le diera vergüenza hablar o, peor aún, como si temiera un castigo o reprimenda por hacerlo. En muchas ocasiones, su personalidad se puede tornar fácilmente fastidiosa. Dan ganas de cachetear a la mujer para que espabile, para que salga de esa sumisión, esa obediencia, esa pulcritud excesiva e innecesaria. Paralelamente, Nina es la mejor bailarina de la academia de ballet a la cual pertenece. Su disciplina y su pasión la han llevado a perfeccionar sus habilidades de una forma única, singular e irrepetible. Curiosamente, sus habilidades pasan desapercibidas. Nina parece una bailarina más, no se exhibe, no se muestra, no se expone, no se manifiesta, en consecuencia, su talento se pierde, se desperdicia, se limita. No hay quien la distinga, la reconozca, y ante la implacable falta de iniciativa por salir de su suave y disimulada sumisión, el potencial de su persona se marchita.
Para abrir la nueva temporada, la academia de ballet recibe la prominente visita de Thomas, quien tiene planeado el lago de los cisnes para esa apertura. Thomas encuentra en Nina al mejor cisne blanco, es decir, la exteriorización y la confirmación de su personalidad pura, elegante, discreta y sensible. Se entusiasma con el resultado. Evidentemente, Nina tiene un talento inigualable, que Thomas pretende acoger y explotar. Sin embargo, encuentra un obstáculo particular. Al interpretar el cisne negro, la piedra angular de su puesta en escena, el talento de Nina se ensombrece. No hay pasión, no hay ambición, no hay soberbia, no hay deseo. Todo está escondido, oculto, disimulado y restringido. Clausurado por la negligente y egoísta predilección del espíritu puro, correcto, discreto y bienhechor que es el cisne blanco.
Nina es una mujer incompleta, inacabada, fragmentada. Es solo esa porción conveniente y convincente, que parece pretende gustar a todos, pero no se sabe gustar a sí misma. Nina es vacío, es silencio, es discreción, es soledad. Nina no ha terminado de convertirse a falta de esa pieza olvidada, censurada y restringida. Nina no ha podido corresponder esas dos fuerzas opuestas pero necesarias para confirmar ese todo, ese cúmulo singular y particular que es una persona, que somos todos y cada uno de nosotros. Nina no es, en consecuencia, no puede completar ese cisne negro que es la ausencia, la falta, el vacío de su existencia y su vida.
Thomas, dada su particular y discutida habilidad, sospecha en Nina el cisne negro. Tal vez una insinuación, una premonición, una sospecha, no lo sabe con exactitud, pero requiere rescatar el espíritu negro rezagado en el olvido para hacer de su puesta en escena lo que se espera de su dirección y su talento: una obra memorable. Para ello, pretende provocar a Nina, sacarla de su zona de inseguridad, de su zona de confort. La ataca por donde más le duele, el ballet. Efectivamente, al increparla en su lado más vulnerable y sensible, la mujer responde. De manera inconsciente, claramente, pero que le sirve a Thomas para confirmar sus sospechas. No se resiste, la desafía hacer algo más que lo evidente, lo presumible, lo correcto. La mujer responde a la provocación, de manera sumisa, discreta y reservada. Sin embargo, esa respuesta a la provocación activa un mecanismo escondido, apagado, silenciado. El espíritu oculto aparece, el cisne negro se anuncia, se delata, se confirma. Está allí y quiere salir.
¡Qué alegría para Thomas! ¡Qué desdicha para la sociedad!
La persona oculta, atrapada y restringida de Nina ha despertado de su letargo, de su sueño intencionado que tiene la forma de una celda. Tiene sed de libertad, tiene ambiciones de ser sin límites, el propósito de imponerse ante esa fuerza moral y civilizada que la han clausurado. Desea salir, y agotará hasta los últimos medios para hacerlo.
Thomas ha sentido la señal de la fuerza oculta, la necesita y la desea. Empuja a Nina a la corrupción, la desmesura, la inmoralidad y la perversión, con el fin de ofrecerle al cisne negro una vía de escape para que se haga su lugar en el espíritu, el cuerpo de Nina. Aun así, Nina no parece tener la fuerza, la personalidad, el carácter y la decisión para soportar esta energía. Su inconsciente la traiciona, y parece perder la razón y la cordura de su hasta ahora bien asumida persona.
Carl Jung reconocía esta complejidad de la psique humana, y la describió con una simple y contundente frase: “Abraza la sombra…”
Jung propone asumir, aceptar, recibir y “abrazar” este lado oscuro, así como se hace mecánicamente con el lado más “correcto”. Es aceptar esa parte “controversial” de nuestra naturaleza, aunque aquello no nos convenga o no nos guste. Es aceptar que podemos ser capaces de lo mejor, como también de lo peor. Para Jung, este proceso de aceptación favorece el autoconocimiento, facilitando la veracidad de nuestra versión más auténtica y veraz. Esto, inevitablemente, conlleva una forma de satisfacción personal, más allá de esa exigente necesidad por pretender algo que realmente no somos.
El desespero, la frustración, la insatisfacción, la impotencia.
Nina, sin saber responder a ese estado misterioso de su ser, solo sabe quedarse callada. Callada y sumisa. El cisne negro, al reconocer la negligencia de su portadora, no tiene más que ir en contra de ella misma. Nina sufre en silencio, se traga todo el malestar de su negligente disposición. No quiere contradecir la voluntad de mamá ni la de esa fuerza social que la rodea y en tan buenos términos la considera, así que se aguanta el dolor de las llagas marcadas en rojo sangre que el cisne negro le decora en su piel, reclamando algo de atención. No hay fuerza de voluntad que valga, ni cuerpo que lo aguante. La represión constante y repetida de estos instintos hace que todo se acumule, se aglutine, se obstruya. Parece necesario una válvula de escape para que estas fuerzas, estas energías emerjan al exterior, de lo contrario, esta acumulación llegará un momento en que no se pueda contener más, y estallará en formas peligrosas y lamentables.
Así, surge la rebelión.
El accionar deliberado de Thomas ante esa fuerza que contrae y reprime es justa y necesaria. Aunque sus métodos parezcan “incorrectos” a los ojos de toda la comunidad, para el caso de Nina, es una fórmula que evita una tragedia mayor. Es un mal menor y necesario que evita un mal mayor.
Nina, ahora, contradice a su madre, contradice ese sistema de creencias que la tenían resguardada en la perspectiva de una joven, inocente e ingenua adolescente. Ahora, nace la mujer rebelde, decidida, terca y obstinada. Mamá sufre, evidentemente, pero este sufrir, este dilema que contradice todas las normas y las reglas es un dolor ligero y momentáneo. Mamá no lo sabe, pero toda esa fuerza y energía que es el cisne negro, si seguía reprimido en el cuerpo frágil, timorato, endeble que era Nina hace unos momentos, se la hubiera llevado por delante. Si no hubiera sido Nina, la víctima sería entonces el ser más cercano, próximo y al alcance, es decir, mamá. Sin embargo, y para fortuna de todos los implicados, existe Thomas, y su obsesión por la perfección en su arte.
Nina hizo estallar toda su furia contenida en la apertura de la temporada con un inigualable cisne negro. Una fuerza que estalló toda su potencia en el escenario, bajo la blanca y penetrante luz que iluminaba el acto, con la satisfacción de un público que la aplaudió, la vitoreó, la alabó.
Así como el ballet, el baile, la música, el deporte, la literatura, la poesía, la escenografía, la pintura, todo es un lenguaje, una forma de expresión, una manera de exteriorización.
Dejen entonces que los hombres se desahoguen en puños, permitan a los jóvenes liberar su energía con la música, dejen que los lienzos y los retratos hablen por sí mismos, que las letras fluyan con su voz particular. No se trata única y exclusivamente de aceptar el cisne negro, es abrazarlo, ser uno solo con él.
AUTOR: JULIÁN DAVID RINCÓN RIVERA (COLOMBIA)
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Julián David Rincón Rivera, segundo de dos hijos, nacido en Bogotá, Colombia el 7 de abril de 1994. Profesional de Cultura Física, Deporte y Recreación.
Lector apasionado, escritor por elección, músico por diversión.
Cuenta con tres publicaciones antológicas con la editorial ITA, además de dos publicaciones en proceso, también de carácter antológico, con factor literario y la editorial mítico.
Con varias publicaciones en revistas de américa latina, encuentra en la escritura el mejor sustento para su vida.
Instagram: @relatero_literal
