COLUMNA DOMINICAL
LA RESPUESTA DEL EDITOR
Por: Julián David Rincón Rivera (Colombia)
Correo electrónico: electrónico: rinconriverajulian@gmail.com

Señor escritor.
En lo personal, no suelo recibir este tipo de cartas. Realmente, nunca recibo cartas. No se trata de una falta de remitente o de intención; es una cuestión de métodos. En mis condiciones, es más conveniente la facilidad, rapidez y mecanización del correo electrónico, así que espero no le moleste si adopto esta medida como medio de respuesta a su solicitud.
A diferencia suya, no tengo la disponibilidad de tiempo para sentarme a escribir en una tarde cualquiera. A diferencia de los artistas, que son unos completos desocupados, tengo muchas cosas pendientes que requieren mi atención. No creo ofenderlo si digo que los artistas son unos desocupados. A fin de cuentas, se trata de una verdad innegable.
Usted decide decantarse por una carta escrita de su puño y letra debido a una “buena razón”. Déjeme preguntarle: ¿Cuál es esa razón? ¿La solicitud, la confesión, la amistad o la garantía del mejor de sus borradores?
Cuando menciona la intención de su carta, le confieso que me ha decepcionado.
¿Tanto protocolo, formalidad y seriedad para ese simple asunto?
Una confesión tan larga, tediosa y pesada parece algo totalmente innecesario, teniendo en cuenta el presunto objetivo de esta. Es posible que, a partir de esta maniobra, un tanto estrafalaria para mi gusto, busca usted encauzar el resultado.
¿Cómo pretende usted anticipar el resultado de su carta?
Como usted bien lo ha dicho, no es fácil lidiar con las ampliaciones de plazo. Pero no se preocupe, no se sienta mal por ello, ya que, en su caso en concreto, nunca se ha hecho un esfuerzo real y sincero por ampliar el plazo. Me sorprende que usted, a día de hoy, persista en la idea de solicitar más aplazamientos, teniendo en cuenta que el primer plazo para la entrega del borrador venció hace más de tres años.
¿Qué garantía puede ofrecer si ni siquiera es capaz de cumplir un plazo de entrega?
Su optimismo puede estar justificado por alguna respuesta a las solicitudes previamente enviadas de las que usted hace mención. ¿A cuántas de dichas solicitudes recibió respuesta? ¿Realmente creía que la editorial lo esperaría por tiempo indefinido?
No lo tome a mal, pero me parece que se trata de una ingenuidad de su parte considerar que las editoriales esperan a los escritores. Eso no sucede, o no en la actualidad. Ahora bien, usted pasa de la solicitud para hablar de una confesión, como si estuviera agotando sus recursos. No quiero ser irrespetuoso, pero procuro ser claro. Interpreto su confesión como un mecanismo de manipulación.
¿Pretende usar esa voluntad suya como excusa para justificar sus perpetuos retrasos?
Parece que su sinceridad funciona como una estrategia, mas no como una razón o causa. Aunque parezca un poco inmoral, esa estrategia me gusta mucho. Es un recurso que, por su aparente indecoro, se implementa como última opción, como última alternativa. No quiero que me malinterprete: no lo estoy juzgando por ello. Si yo estuviera jugando con las últimas de mis cartas, créame que no tendría reparos en romper con la poca moralidad, ética y decoro que muy seguramente me quedaría en dichas circunstancias. Y esa referencia a una presunta amistad. Parece que pretende asignarme una responsabilidad que no me corresponde.
¿Es realmente su último recurso? ¿Creía en verdad que iba a caer en semejante ingenuidad?
Si las circunstancias hubieran sido diferentes, créame que hubiera tomado su atrevimiento de muy mal gusto, pero todo este entramado complejo que usted ha desarrollado roza la comicidad.
Consideré no responder a su misiva. Hacer como hemos venido haciendo en su caso: ignorarlo. Aun así, un par de aspectos en su carta me hicieron replantearme mi decisión. En primer lugar, parece que usted ha aplicado un gran esfuerzo en esta carta.
¿Cuánto le costó? ¿Cuánto tiempo le tomó? ¿Dudó en algún momento al enviarla?
Tal parece que no la pasa bien. Seguramente está usted desesperado. Su valor al dejar de lado su orgullo es algo que celebro y admiro. Por ende, no podía dejarlo pasar. No podía resistirlo o ignorarlo. Motivos de sobra tiene para merecer mi indiferencia, pero ya ve, no me he decantado por lo más obvio y lógico. A pesar de lo anterior, su orgullo se deja entrever por un simple hecho. Usted tiene claro qué es lo que quiere, sin embargo, no lo dice. Para mí fue fácil descubrir lo que realmente busca su carta. Lo que usted busca es una oportunidad. Ese fue el aspecto que más me agradó y gustó de su carta: pidió una oportunidad sin decirlo. Desafortunadamente, no sé si le puedo dar una. Como editor, no puedo hacer nada. Sin embargo, como persona, mejor dicho, como escritor que quise ser, pero no fui, lo entiendo a la perfección. No me considere usted un amigo ya que, para ello, se necesita mucho más que confianza y entendimiento. Si le sirve de consuelo, lo invito a que revisemos juntos el borrador que dice usted es el mejor de sus esfuerzos aplicados. Eso sí, no le puedo garantizar nada, pero dependiendo de la calidad de este, evaluaremos las posibilidades.
Hágame llegar por este medio el borrador. Le prometo que lo revisaré. Eso sí, no le puedo asegurar cuándo, ni cuánto tiempo me llevará hacerlo. Puede que me lleve tres años, incluso más, pero he de suponer, teniendo en cuenta el tiempo que usted ha implementado en el mismo, que no es una cuestión de vida o muerte.
AUTOR: JULIÁN DAVID RINCÓN RIVERA (COLOMBIA)
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Julián David Rincón Rivera, segundo de dos hijos, nacido en Bogotá, Colombia el 7 de abril de 1994. Profesional de Cultura Física, Deporte y Recreación.
Lector apasionado, escritor por elección, músico por diversión.
Cuenta con tres publicaciones antológicas con la editorial ITA, además de dos publicaciones en proceso, también de carácter antológico, con factor literario y la editorial mítico.
Con varias publicaciones en revistas de américa latina, encuentra en la escritura el mejor sustento para su vida.
Instagram: @relatero_literal
