Se está llevando a cabo una nueva versión de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, una de las más importantes y reconocidas, y quizá la más grande de Latinoamérica. Un evento que representa un aporte invaluable a la cultura, la literatura y la escritura. Es una oportunidad para muchos autores y escritores de presentar sus ideas y obras, y una puerta de entrada para una nueva camada de talentos que comienzan a dar sus primeros pasos en este fascinante mundo de las letras.

La FILBo también brinda espacios para el debate, no solo de temas literarios, sino también de medio ambiente, medicina, actualidad nacional e internacional, deportes, tendencias, entre otros. Se han llevado a cabo numerosos conversatorios sobre estos y muchos temas más.
Está el espacio de las editoriales, donde se muestran las últimas novedades en libros. Hay todo un pabellón dedicado a la educación, con la participación de gran parte de las universidades del país; el Pabellón Colombia, donde conviven nuestras Fuerzas Militares y de Policía, ofreciendo a los asistentes diferentes presentaciones y muestras culturales; y también un espacio para aquellos autores que no están amparados bajo un sello editorial, sino que se han embarcado en la aventura de autopublicar sus libros. Se encuentran además los espacios dedicados a los departamentos de Colombia, destacándose Boyacá como la región homenajeada este año.
Está el pabellón de cómic, caricatura y novela gráfica; uno dedicado exclusivamente a la literatura infantil bajo la batuta de la Fundación Rafael Pombo, que a través de diferentes actividades lúdicas busca sembrar en el corazón de los niños y niñas la semilla del amor por la cultura y la literatura. No puedo dejar de mencionar el pabellón de la India, país invitado de honor: un recorrido mágico a través de la literatura y la cultura de ese país.
Encontramos también el espacio gastronómico, con platos típicos de diferentes regiones y diversos lugares para endulzar el paladar y refrescarse mientras se recorre la feria.
La FILBo trae un menú variado y es un excelente plan familiar, donde con toda seguridad todos encontrarán algo que les guste, que llame su atención y que les permita olvidar por un instante la monotonía de la vida diaria. Aún hay tiempo: la feria va hasta el 4 de mayo.
En las próximas columnas y crónicas abordaremos en profundidad todos estos espacios que nos ofrece esta edición de la FILBo.
ESCRITORES REBELDES fue acreditado por primera vez para cubrir la feria en 2024. Era la primera vez que la recorríamos no como simples visitantes, sino con la misión de contarle a nuestros lectores lo que significa esta experiencia. En 2025, si bien fuimos nuevamente acreditados, no pudimos asistir, pues me encontraba atravesando un momento difícil debido a una enfermedad. Desde el hospital lamenté profundamente no poder estar presente.
Este año, nuevamente acreditados, nos embarcamos en la tarea de cubrir la feria. La motivación de escribir esta columna nace de que, en esta ocasión, asistir a la FILBo fue una experiencia completamente distinta. Como lo compartí hace unos meses con nuestros lectores, producto de la enfermedad perdí mi pierna izquierda y me he visto en la necesidad de empezar a ver el mundo desde una silla de ruedas.
Siendo honesto, dudé mucho en venir a la feria. El estar en una silla de ruedas alimenta miedos e inseguridades. Sin embargo, decidí asistir este lunes, pensando que la afluencia sería menor que durante el fin de semana.
Durante el recorrido, observé a otras dos personas en silla de ruedas. Pensé para mis adentros: no estoy solo. Pero también comprendí que la ciudad, y la misma FILBo, aún carecen de accesos y señalizaciones adecuadas para personas con discapacidad. Tuve que vivirlo para entenderlo. La única señalización clara es la de los baños; sin embargo, el acceso a los pabellones no permite una movilidad adecuada para quienes nos desplazamos en silla de ruedas.
Algunos ejemplos puntuales: para acceder al pabellón de cómic y novela gráfica, ubicado en un segundo nivel, aunque existen rampas en la parte frontal y trasera, estas tienen una inclinación que hace muy difícil que una persona en silla de ruedas pueda subir por sí sola. Incluso con acompañante, el esfuerzo requerido es considerable. En el pabellón de la India, las puertas con acceso por rampa estaban cerradas, y la entrada principal presentaba un desnivel que impedía el paso sin ayuda. Dentro de los pabellones, la multitud dificulta la movilidad, y muchos stands no cuentan con el espacio necesario para acercarse y explorar lo que se exhibe.
Esto, por supuesto, limita la posibilidad de que una persona con discapacidad —como es ahora mi caso— pueda disfrutar plenamente de la feria.
Aun así, gracias a Luisa, mi acompañante —quien terminó agotada de tanto ayudarme—, logré cumplir parcialmente mi objetivo de asistir a la FILBo. No pude ver todo lo que hubiera querido, pero lo que alcancé a recorrer fue suficiente para reafirmar que la FILBo es uno de los tesoros culturales más importantes de la ciudad y del país.
Ojalá en el futuro, dentro de su planeación y logística, se tenga más en cuenta a la población con discapacidad, de la cual ahora hago parte, y que muchas veces se priva de asistir a estos eventos por miedo o por las dificultades de movilidad.
Esto, por supuesto, no aplica solo a la FILBo, sino a todos los espacios y eventos que ofrece la ciudad.
Y, por favor, reitero: vayan a la feria. No es tiempo perdido; es tiempo invertido en uno mismo.
MUNEVAR (COLOMBIA)
Escritores Rebeldes

Carlos Eduardo Rodríguez – Munevar. nació en Bogotá (Colombia). Creador del Espacio Digital Escritores Rebeldes. Director Ejecutivo y Comercial. Encargado del manejo de los Portales y Redes Sociales.
