Mucho han cambiado los tiempos
igual que los sentimientos,
tanto en tiempo de conquista
cómo en el del casamiento.
De cómo eran sus noviazgos,
me comentaba mi abuelo,
antes que a la enamorada
se conquistaban a los suegros.
Cuando los suegros vivían
en campo lejos del pueblo,
el primero a conquistar
casi siempre un bravo perro.
Para evitar el mordisco
y así poderse acercar,
se ganaba su cariño
con un pedazo de pan.
Algunos más exigentes
el soborno no aceptaban,
y al pobrecito don Juan
sin pantalones dejaban.
Capítulos vergonzosos
el abuelo recordaba,
casi deja las aquellas
en una rama colgadas.
Todo sucedió un domingo,
un domingo de ramos,
cuando los suegros bajaron
a oír la misa de gallo.
Era la ocasión perfecta
para acercarse a la abuela,
que en casa quedaba sola
ocupada en sus faenas.
Él estaba enamorado ,
su cuerpo hervía de pasión,
con solo verla de lejos
le saltaba el corazón.
Ella muy disimulada
también le daba a entender,
con sonrisas y miradas
que también gustaba de él.
Al ver partir a los suegros
lo tentó la gran malicia…
quizá podría darle un beso
o talvez otras caricias.
Al saltar la cerca de piedra
gran sorpresa se llevó,
lo esperaba un gran guardián
el famoso “Timoleón”.
Patas para que las quiero
se dijo entonces mi abuelo,
contaba que hasta a los suegros
les ganó en llegar al pueblo.
Pero el suegro ya sabía
las andanzas de Manuel,
había visto que las babas
él chorreaba por Raquel.
Y así saliendo de Misa
en el atrio lo esperara,
y a una totuma de chicha
muy amable lo invitara.
Con ese sencillo brindis
fue bienvenido en su casa,
debía avisar con tres silbos,
para que al monstruo amarraran.
Siempre y en toda visita
los suegros lo acompañaban,
y amarrado a una columna
Timoleon se saboreaba.
Ya después del matrimonio
a otra casa se marcharon,
los dientes de aquella fiera
con las ganas se quedaron.
Los suegros agradecían
siempre al fiero cancerbero,
no permitió se comieran
la parva antes del recreo.
Esa relación cambió
con el pasar de los años,
y mi abuelo y Timoleón
convivieron como hermanos.
Este pequeño relato
nos deja una gran lección:
nunca dejarnos llevar
por la primera impresión.
AUTOR: JOSÉ ADELMO QUINTERO SALAZAR, EL VIAKO (COLOMBIA)
© DERECHOS RESERVADOS AUTOR (A)

José Adelmo Quintero Salazar, El Viako Nació en octubre de 1964 en Une (Cundinamarca – Colombia). Radicado en El Rosal (Cundinamarca) desde los cinco años. Octavo hijo de una familia de once hermanos. Ganador de un concurso de poesía en Madrid (Cundinamarca) en 1997. Participó en el concurso de la celebración de los cincuenta años de la emisora HJCK de Bogotá. Autor del libro “Los Poemas del Viako” publicado en 2022 y en proyecto el libro “Poemas y Relatos de mi Tierra”.
Ganador del premio La Pluma Dorada en marzo de 2023, recibiendo segunda postulación para participar en la siguiente versión de este mismo premio.
Facebook: El Rincón del Viako.
