CRÓNICAS FILBO 2026
SERIALMENTE
Por: Julián David Rincón Rivera (Colombia)
Correo electrónico: electrónico: rinconriverajulian@gmail.com

Fotografía: Sebastián Camelo, autor de ‘SERIALMENTE’ durante su presentación en la FILBo 2026 / Diego A. Robles
El hecho de estar nuevamente en la presentación de un libro sobre asesinos parece confirmar ese misterioso gusto y morbo por el crimen.
Llego unos minutos después de la hora indicada al escenario. En la entrada, sobre una mesa, están los libros. Serialmente es el título. La entrada está cerrada por esas cintas que utilizan para organizar a la gente en cines, restaurantes y eventos.
—¿Va para el evento de Sebastián? —me pregunta un joven de logística.
—Sí —le digo, aunque ignoro por completo quién es Sebastián.
El salón está lleno. Solo quedan unas pocas sillas libres en la parte trasera. Después de ingresar, el grupo de logística deja entrar a tres personas más al recinto. Tras estos, no dejan ingresar a nadie más. Tengo suerte. En el escenario hay dos hombres. No conozco a ninguno. Llegado a este punto, me incomoda el hecho de no conocer a ninguno de los oradores de las charlas a las cuales he asistido. Tal parece, estoy muy desinformado a nivel cultural. Uno de los hombres toma el micrófono.
—¿Cuántos de los presentes ven o escuchan el podcast SerialMente? Levanten la mano por favor.
La mitad de la sala alza la mano. La mitad de esa mitad da un grito de euforia y entusiasmo.
Sebastián Camelo es un tipo joven. Le gusta el true crime. Tiene un podcast popular en YouTube en el cual habla de asesinos seriales. La gran mayoría de los asistentes son admiradores suyos. Él es el autor del libro Serialmente, la razón por la cual todos están allí. A su lado en el escenario, Esteban Niño: un hombre tal vez un poco mayor que Sebastián, pero no mucho. Pueden ser perfectamente contemporáneos. También apasionado por el crimen y los asesinos. Autor del libro Los monstruos en Colombia sí existen, del que he escuchado y leído varias referencias, pero no he leído. Sebastián, con el micrófono en una mano y el libro en la otra, empieza a narrar parte de su libro como introducción a la presentación. Si bien la experiencia no es la misma, su lectura en voz alta deja en evidencia su técnica narrativa, la cual me recuerda muchos intentos personales de narrar algo que nunca terminaron de gustarme.
Una cosa que me llama la atención es el aforo del evento. La noche inmediatamente anterior, en el evento de Rafael y Belisario, solo la mitad del auditorio se había llenado, y eso que era un auditorio con menor capacidad. Tal vez se debe al día. Evidentemente, la cantidad de gente que asiste a la feria un sábado supera a la que asiste un jueves o viernes. Eso es indiscutible. ¿Son Belisario y Rafael desafortunados por este hecho? Cuestiones de organización y logística. Aun así, resulta muy sugerente que estos fueran programados un día entre semana y Sebastián, un fin de semana. El público, de igual forma, parece diferente. Es un público hambriento, expectante, ávido de estímulos. Si bien parece un público más fácil de complacer, dicha complacencia les dura poco. Necesitan inmediatamente otro estímulo para recobrar la calma y el bienestar. Prefieren y priorizan la cantidad antes que la calidad. Esto lo puede confirmar la mujer que está sentada a la derecha y que asiente con la cabeza cada vez que Sebastián afirma algo. Incluso cuando tiene el celular en sus manos y su atención parece estar en otro lado antes que en las palabras de Sebastián.
Su libro habla de asesinos, muchos más de los que se encuentran en el libro de Belisario. No se enfoca exclusivamente en el ámbito nacional. Se fundamenta en la investigación profunda y exhaustiva del autor antes que en vivencias personales o interacciones reales con los protagonistas que son, finalmente, los asesinos.
Sebastián es buen orador, sin embargo, su discurso no me llega, no me atrae. No logra conquistarme, no me acerca, no logra despertar el interés, el deseo ni la curiosidad. Parece hay una frontera, un muro, un abismo entre lo que Sebastián dice y mi disposición por escuchar. Tengo que hacer un gran esfuerzo para seguirle el ritmo. Tal vez sea la hora, el día, el público, el escenario, mi lugar en él o, simple y llanamente, no me gusta la forma como Sebastián presenta su libro. Este sentimiento de distancia con el orador y su libro se acentúa a razón de la experiencia previa con Belisario. No encuentro en Sebastián ese don de eminencia que sí le encontré a Belisario y que tal vez sea la razón de ese sentimiento de lejanía y apatía. Ciertamente, el discurso de Sebastián parece más ameno, más ligero, más plano que el de Belisario. No digo que sea incorrecto, pero tal vez es menos eficaz. ¿Menos eficaz? Si no hay más que mirar el auditorio, completamente lleno. Aun así, creo que la razón del recinto lleno se debe, en gran medida, a un anuncio en las redes sociales antes que un interés real y genuino por la Filbo, los libros y la literatura.
Mientras Sebastián habla, encuentro un recuerdo en forma de imagen que parece explicar a la perfección esta situación: un influencer acaparando toda la atención; al otro lado, un científico con solo un micrófono como resonancia. La credibilidad de una persona con cierta influencia en internet antes que la credibilidad fundamentada en la experiencia y el conocimiento. Esteban, por su parte, en su función como moderador que dirige y orienta la charla, agrega un condimento más a esa sensación de incomodidad y lejanía: la desconfianza. En sus intervenciones, referentes a la estructura narrativa y las estrategias implementadas para explicar y exponer los casos y los asesinos, constantemente repite la siguiente frase:
—Tienen que leer el libro.
Que sirva como estrategia para promocionar el libro es algo válido, pero que lo repita constantemente, como si de un estribillo o mensaje subliminal se tratara, me incomoda. El libro se debe promocionar por sí mismo. Si alguien dice constantemente que un libro debe ser leído, me desarrolla una desconfianza en el libro. Es como si tratara de reforzar una idea que, en sí misma, no tiene la suficiente fuerza o poder para generar confianza o, peor aún, debe afirmarla a razón de la ausencia de esta.
Al terminar la charla, quedo con un mal sabor de boca. Aplaudo por cortesía y me apresuro a salir del salón sin llevarme conmigo ningún ejemplar de Serialmente.
*ESCRITORES REBELDES – Medio acreditado para el cubrimiento de la FILBo 2026
JULIÁN DAVID RINCÓN RIVERA (COLOMBIA)
Columnista Escritores Rebeldes

Julián David Rincón Rivera, segundo de dos hijos, nacido en Bogotá, Colombia el 7 de abril de 1994. Profesional de Cultura Física, Deporte y Recreación.
Lector apasionado, escritor por elección, músico por diversión.
Cuenta con tres publicaciones antológicas con la editorial ITA, además de dos publicaciones en proceso, también de carácter antológico, con factor literario y la editorial mítico.
Con varias publicaciones en revistas de américa latina, encuentra en la escritura el mejor sustento para su vida.
Instagram: @relatero_literal
