COLUMNA DOMINICAL
HICE TODO LO HUMANAMENTE POSIBLE,
PERO FUE IMPOSIBLE
Por: Julián David Rincón Rivera (Colombia)
Correo electrónico: electrónico: rinconriverajulian@gmail.com

Hice todo lo humanamente posible para que no se me hiciera tarde, pero fue imposible.
La técnica del despertador solo funciona en aquellos que cumplen, al pie de la letra, el aviso sonoro de la alarma. Otros, sin embargo, usan el despertador como un aviso que les informa que el tiempo de descanso tiene un límite. Algunos juegan con el tiempo a este respecto. Yo implemento los quince minutos. El problema es que el tiempo en la cama, antes de despertar, es relativo.
Interrumpir el sueño de manera abrupta y brusca es antinatural. Algo debe generar en el cerebro que no es bueno. Si una persona se rige estrictamente por los horarios, el reloj y los tiempos, si tiene una rutina fija y bien establecida, la consecuencia más natural es la predictibilidad en sus actos y acciones. Se levantan a la misma hora, se bañan en el mismo periodo de tiempo, comen prácticamente lo mismo en el desayuno, salen de casa a cierta hora en punto, toman el mismo bus o recorren la misma ruta. Una y otra vez, día tras día, siempre lo mismo. Se vuelven vulnerables a todos los peligros y acontecimientos que suelen ocurrir en las calles. A las sombras que acechan en la oscuridad, al Kia k3 blanco que se vuela el semáforo en la calle 15 con carrera 8, al penetrante olor de perfume de todos los estudiantes que causan rinitis y alergia, al mal olor del camión de la basura que madruga a recoger los desechos humanos los días pares (martes, jueves y sábados), al perro que ladra y gruñe sorpresivamente a todo el que pasa por el frente de la casa amarilla de rejas blancas. El hecho de salir a destiempo de casa es una estrategia de supervivencia en este perverso y despiadado mundo. Como lo dijo aquella mujer rusa que habla inglés al público latino. La cultura inventa cuentos y mitos a los niños para protegerlos, mantenerlos bajo control y manipularlos. Cuentan historias de monstruos en el bosque, fuegos fatuos en la noche, brujas que se alimentan de niños desobedientes, y el infaltable ser debajo de la cama. La imaginación sirve para cualquier circunstancia o escenario. Al niño de cinco años que no quiere dejar el biberón le dijeron que el perro del vecino se había metido por la ventana, había cogido el biberón en su boca y se lo había llevado. Desde ese día, el niño toma la sobremesa en vaso. A la pobre gente ingenua, ignorante y estúpida no le queda de otra más que creer. Ese niño supo que todo era mentira cuando se enteró que el vecino no tenía perro. Aunque la lógica le sugiriera que era prácticamente imposible que un perro se metiera por la ventana al apartamento. Vivían en un cuarto piso.
La mujer rusa, además de tener hijos, tiene gatos. El macho era un descarado, abusivo, sucio y desordenado animal que causaba caos en el hogar. Le dijeron que lo castrara. Así, se hace más manso. Lo castro. El gato se hizo manso, pero a la señora gata no le gustó el cambio. El gato había dejado de ser lo que era para convertirse en algo aparentemente más conveniente. Mejor así, que no haga ruido, bulla, ni desorden. Que sea obediente, manso, tranquilo, silencioso, así deje de ser lo que tiene que ser.
Si le preguntan si todo aquello fue cierto, les dirá que sí, efectivamente es cierto. Si no hubiera sido por ello, perdería la cabeza. ¿Qué es perder la cabeza? Callar, aceptar, resignarse. Vivir en compañía de la frustración y la impotencia ante el frívolo hecho de no poder hacer nada. Dirá que, efectivamente, lo hizo. Sin arrepentimiento ni remordimiento alguno. ¿Qué esperaban que hiciera? Es un hombre, una persona, un ser humano. Le dicen que tiene que dar explicaciones. ¿Explicaciones de qué? ¿A quién debe explicarle que se dejó llevar por su instinto, por su deseo, por su necesidad, por su naturaleza?
¡Es inaceptable!
Quieren que sea algo más que una simple persona. El problema es que él quiere ser eso, una persona. Quiere equivocarse, quiere caer, quiere lastimarse, golpearse, sangrar, llorar, sufrir, padecer, y sobre todas las cosas, no quiere arrepentirse. Quiere aprender, quiere vivir. Ellos prefieren vivir con miedo a no vivir con nada en lo absoluto.
¡Es intolerable!
Como es intolerable vivir a secas. Debo asegurarme de que, a donde sea que vayamos después de muertos, exista la música. De lo contrario, estoy jodido, muy jodido. El encargado dirá que no. Le pediré negociar.
—¿Qué méritos ha hecho?
—Hice todo lo humanamente posible, pero fue imposible.
Me negarán la entrada, me impedirán el ingreso. Me mandaran a algún otro lado, con seres raros y extraños. Me sentiré solo, pero seguiré pagando mi suscripción mensual a Spotify. Tienen servicios hasta en el más allá. Del pago no hay que preocuparse. Elon Musk se encargará de expandir sus redes de telecomunicaciones allá, donde nadie se lo imagina. Lo único será pedirle al encargado la clave del Wifi. Es verdad, lo olvidaba, la versión premium no necesita de internet para reproducir música. Haré cositas. No dejaré que me devore la nada. Me darán las gracias. Les diré que no me las den a mí, sino a la música. Si no hubiera sido por ella, hubiera sido imposible, humanamente imposible.
AUTOR: JULIÁN DAVID RINCÓN RIVERA (COLOMBIA)
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Julián David Rincón Rivera, segundo de dos hijos, nacido en Bogotá, Colombia el 7 de abril de 1994. Profesional de Cultura Física, Deporte y Recreación.
Lector apasionado, escritor por elección, músico por diversión.
Cuenta con tres publicaciones antológicas con la editorial ITA, además de dos publicaciones en proceso, también de carácter antológico, con factor literario y la editorial mítico.
Con varias publicaciones en revistas de américa latina, encuentra en la escritura el mejor sustento para su vida.
Instagram: @relatero_literal
