Serendipia Dominical – La Desaparición Del Estado Del Bienestar

SERENDIPIA DOMINICAL – Columna de la escritora española Mónica Miquel Nieto – Encuéntrala cada domingo en el portal web (escritoresrebeldes.com) y en las redes sociales de Escritores Rebeldes

SERENDIPIA DOMINICAL
LA DESAPARICIÓN DEL ESTADO DEL BIENESTAR
Por: Mónica Miquel Nieto (Barcelona – España)
Correo electrónico: mmiquelnieto@gmail.com

Se ha organizado nuestra sociedad de una forma en la que, hasta hace unos años, existía un estado del bienestar para la mayoría de la población, sufragado por nuestros impuestos y la cotización a la Seguridad Social.

Actualmente, sin embargo, al menos en mi país, España, este supuesto estado del bienestar se está convirtiendo en un estado del malestar. Esto está sucediendo, de forma paralela, a la desaparición de la clase media y el aumento de la diferencia de clases. Hablando en plata, cada vez los ricos son más ricos y los pobres más pobres.

Este domingo pretendo abordar este tema, sus causas y posibles soluciones.

El Estado del bienestar puede definirse como un conjunto de políticas públicas y sistemas socioeconómicos mediante los cuales el Estado asume la responsabilidad de garantizar unos niveles mínimos de calidad de vida, seguridad social e igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos.

Los objetivos fundamentales de este teórico estado del bienestar son:

-Redistribución de la riqueza: Busca corregir las desigualdades económicas y conseguir una justicia social mediante la recaudación de impuestos.

-Igualdad de oportunidades: Garantiza que los servicios básicos no sean un privilegio, sino un derecho universal. Para mí, la educación pública es uno de sus pilares fundamentales.

-Protección social: Ampara a los individuos frente a riesgos como la enfermedad, el desempleo o la vejez.

Para poder decir que se cumple dicho estado del bienestar, la sociedad debe asumir el buen funcionamiento y acceso universal a cuatro pilares fundamentales:

1.Sanidad: Acceso universal y gratuito (o fuertemente subvencionado) a la atención médica.

2.Educación: Formación pública, obligatoria y gratuita en sus etapas básicas, facilitando el ascenso social.

3.Pensiones y jubilación: Ingresos garantizados para las personas mayores o en situación de incapacidad laboral.

4.Protección al desempleo y ayudas familiares: Subsidios y servicios de apoyo para personas sin trabajo o familias en riesgo de exclusión

El tipo de modelo varía en función de los diversos países. En Europa, podemos encontrar cuatro modelos diferentes:

1.Modelo nórdico: Países como Suecia o Dinamarca ofrecen un nivel muy alto de protección universal a cambio de una fuerte presión fiscal.

2.Modelo continental: Países como Francia o Alemania basan sus prestaciones en las contribuciones laborales previas.

3.Modelo anglosajón: Ofrece niveles de protección más básicos, enfocados principalmente en las personas más necesitadas (asistencialismo).

4.Modelo del Sur de Europa: Países como España o Italia combinan servicios públicos universales con un gran peso de la familia como red de apoyo

Como suelo hacer, me centraré en lo que conozco de primera mano, así que os hablaré del estado del bienestar en mi país, España.

Si nos fijamos en el estado actual del estado del bienestar en mi país, está claro que se tiende a desmantelar el sistema público. Tanto en sanidad como en educación, nos encontramos con muchos problemas causados, en gran medida, por el aumento de población y la disminución de inversión. Se pretende que el sistema soporte a un número de personas muy superior, pero con la misma cantidad de profesionales e infraestructuras. El fracaso es algo fácilmente predecible. Pero no pasa nada, llegarán la sanidad y la educación de pago para salvarnos. Y no, eso amigos, no debemos aceptarlo bajo ningún concepto.

Fueron necesarias muchas luchas para conseguir este estado del bienestar y ahora que se está perdiendo no veo que la gente haga nada para evitarlo, a excepción de docentes y sanitarios, que son de los pocos que intentan mejorar la situación deplorable en la que nos encontramos.

Y no, no digo que el resto de sectores no sean importantes, ni mucho menos, pero sí que una buena educación y sanidad públicas son necesarias, tanto para el presente como para el futuro de cualquier nación.

En Educación, sin ir más lejos, en Cataluña, que es la comunidad autónoma en la que vivo y trabajo, se invierte un 2,75% del PIB, frente al 6% que establece la ley. Ley, por otro lado, que no se cumple. Ni se cumple ni nadie se disculpa por no cumplirla. ¡Y así nos va!

En este sentido, los profesionales educativos catalanes, al igual que los valencianos, y algunos otros del resto de España, estamos llevando a cabo una serie de huelgas reivindicando una mejora en la inversión y exigiendo mejores condiciones laborales. Se pide, por ejemplo, una disminución de ratios (número de alumnos por docente), aumento de personal de atención a la diversidad e inclusión, unos salarios más justos (llevamos desde el 2017 con los salarios congelados y hemos perdido en torno a un 25% de poder adquisitivo), revisión del currículum, climatización de las aulas (que más parecen saunas que espacios en los que el aprendizaje de los alumnos sea algo posible y no una mera utopía) y, en general, un cambio absoluto en un sistema que nos han obligado a seguir y con el que no estamos conformes.

Las varitas mágicas no existen, no se puede pedir a docentes y médicos que mantengan a flote un sistema que hace aguas por todas partes. Se necesitan inversión y recursos y, no en unos años, sino ya. La situación ha llegado a un punto insostenible y los que salen perdiendo son los alumnos y los pacientes de la pública. Y eso no se puede consentir.

En Cataluña, por ejemplo, se criminaliza a los docentes tildándolos de egoístas por reclamar mejoras, tanto desde el gobierno, como desde los medios de comunicación, con lo que han conseguido que una parte de la población esté en nuestra contra. Dicen que tenemos un puesto fijo, muchas vacaciones, que somos unos vagos y unos niños mimados. Nadie que conozca realmente el sistema educativo catalán puede estar de acuerdo con estas afirmaciones. Es una leyenda urbana que se ha generado en la población de forma interesada para evitar que reivindique lo que le pertenece, lo que es justo, el derecho a una educación pública digna, de calidad y gratuita.

El odio de algunos no va dirigido exclusivamente hacia los docentes. Se ha gestado en los últimos años un discurso de odio y crítica destructiva hacia todo el funcionariado, en general, vendiendo la idea de que son unos privilegiados por tener un trabajo fijo. No se ve ni se valora todo el esfuerzo y la inversión que ha tenido que hacer una persona hasta poder obtener tan ansiada plaza (carrera universitaria, máster, oposiciones, interinidad, movilidad geográfica, concurso de traslados, congelación salarial en cada crisis que aparece en el sistema…).

Lo dicho, si yo estoy mal y tú peor, todos contentos. Me parece un pensamiento tan ilógico que no comprendo cómo puede pensar así una parte importante de la población española. No se dan cuenta de que si se hunde el sistema público, toda la sociedad saldrá perjudicada, sobre todo la parte más débil de la sociedad, la que sobrevive al límite y le cuesta a horrores poder llegar a fin de mes.

Centrémonos en la desaparición paulatina del estado del bienestar. Se nos dice que el dinero que se recauda de nuestros impuestos sirve para mejorar nuestras vidas; sin embargo, en estos últimos tiempos, se pierde por el camino (corrupción) o se invierte en cosas no tan necesarias como son la educación, la sanidad o el acceso a una vivienda digna. Y no, no importa el color político. Tanto derechas como izquierdas han contribuido a esta pérdida de bienestar.

El porqué del deterioro del sistema público, según mi opinión, es algo sencillo de entender, aunque no depende de un único factor. El sector público no genera beneficios, al menos a corto plazo. Por eso se apuesta por la privatización de sanidad y educación. Ahí sí que se puede generar negocio y obtener beneficios a corto plazo.

Otros factores a los que se achaca este déficit en los sistemas públicos son:

-Envejecimiento poblacional: El aumento de la esperanza de vida y las bajas tasas de natalidad han provocado una inversión de la pirámide poblacional. Esto genera una sobrecarga insostenible sobre los sistemas de pensiones y salud al haber menos trabajadores activos financiando a más jubilados. Además, más ancianos supone un aumento del gasto sanitario y de asistencia a la dependencia y a la tercera edad.

-Globalización económica: La apertura de los mercados y la deslocalización empresarial han mermado la capacidad de recaudación fiscal de los Estados. Al competir internacionalmente, muchos países se ven obligados a reducir impuestos corporativos para atraer inversiones, lo que disminuye sus presupuestos sociales.

-Crisis presupuestaria y deuda: El aumento del gasto público no siempre ha estado respaldado por un crecimiento proporcional de los ingresos. Esto ha derivado en altos niveles de endeudamiento que limitan la capacidad del Estado para mantener o ampliar sus servicios.

-Cambios en el mercado laboral: La automatización, la digitalización y la proliferación de empleos precarios o temporales han alterado el modelo de empleo estable sobre el que se diseñó originalmente el Estado de bienestar. Esto se traduce en cotizaciones más bajas y una mayor demanda de ayudas sociales.

-Aumento de las personas con necesidad de ayudas y asistencia social urgente: Ha aumentado la población pobre, tanto perteneciente al país, como llegados de otros países. Cada vez más familias necesitan ayudas económicas para poder subsistir y esto genera un gasto extra al estado.

-Aumento del gasto generado por la emergencia climática: La DANA en Valencia, los incendios en verano, etc.

Me gustaría centrarme ahora en el “modus operandi” de los distintos gobiernos para llevar a cabo este desmantelamiento progresivo del sector público, sin que eso les suponga ningún problema, sin que el pueblo se rebele.

Cuando hablo de rebelión, me refiero a una rebelión pacífica. No creo que la violencia sea la solución a ningún problema y tampoco pienso que el fin justifique los medios. El pueblo unido tiene todo el poder, tan solo debe ser consciente de ello y reivindicar lo que es justo, lo que le corresponde, lo que merece.

Existen diversos mecanismos para controlar a la población. Seguidamente, nombraré algunos de ellos:

1.Mantener al pueblo entretenido, para impedirle así reflexionar y exigir mejoras.

2.Darles a alguien a quien odiar, en quien descargar sus frustraciones.

3.Fomentar la idea de que “si yo estoy mal, tú debes estar peor, y eso me alegra”.

4.Dominar los medios de comunicación para así controlar el discurso.

5.Generar “fake news” y desinformación, para dificultar una información de calidad.

6.Controlar la justicia, politizando a quienes la ejercen y haciendo que apoyen sus intereses.

7.Aliarse con el poder económico, no en beneficio del pueblo, sino en su propio beneficio.

8.Empeorar la calidad de la educación pública, para obtener así una población más ignorante y menos reivindicativa, más fácilmente manipulable.

Podríamos encontrar más mecanismos de control, pero considero que los que he nombrado son los más importantes.

Se nos venden excusas para no cumplir con sus obligaciones políticas: que si hay pandemia y eso genera una crisis económica, que si la guerra tal o cual… Pero no es casual que todos estos acuciantes problemas solo acaben afectando a la clase baja, mientras que la clase benestante sigue igual o mejor que antes.

En mi comunidad, por ejemplo, se aduce que no hay bastante dinero para poderlo invertir en la educación pública. En cambio, se conceden subvenciones a la escuela concertada y privada, se montan embajadas inútiles en el extranjero o se gasta dinero destinado a educación en cosas inútiles que nadie necesita ni nadie ha pedido. Un ejemplo de ello son los portátiles para los docentes. Se realizan contratos millonarios con diversas empresas para procurar a las escuelas cosas que no reclaman. Está muy claro que el exceso de digitalización en las aulas no favorece el aprendizaje.

Pero el caso es que no se pide opinión a los maestros y las decisiones se toman en despachos elegantes y perfectamente climatizados. Los que deciden lo que se debe hacer en escuelas e institutos suelen ser personas muy alejadas de las aulas y que priorizan los intereses de los políticos de turno y no los del alumnado que se hacina a 30 ºC en los centros docentes.

La solución está clara: Los gobiernos deben gestionar mejor el dinero recaudado a través de los impuestos. Las clases altas deberían pagar más a Hacienda, pero de verdad, no como ocurre ahora. Actualmente, los únicos que pueden desgravar son las clases pudientes y los más pobres son los que acaban pagando a la Hacienda Pública, mientras a los ricos se les devuelve dinero. Muy injusto todo, la verdad.

Si queremos un estado del bienestar que llegue a la mayoría de la población, se debe invertir más en él. Me parece asombroso que se opte por aumentar el presupuesto en defensa, en lugar de aumentarlo en educación o sanidad. Esas son sus prioridades, pero no coinciden con las de sus votantes y, en teoría, los políticos nos representan y deben trabajar para nosotros.

Aquí, en mi país, llevamos años escuchando a los diferentes gobiernos prometer que se podrá acceder a una vivienda digna. La realidad, sin embargo, es que hoy en día, los jóvenes son incapaces de emanciparse precisamente por carecer de ese derecho. Una de las causas es la diferencia entre los salarios percibidos y la carestía de la vida. Otra, que la vivienda se ha convertido en un negocio para innumerables fondos buitre y los gobiernos no hacen nada para evitarlo.

Además, está el tema de los pisos turísticos, que aprovechan que los ancianos van muriendo para hacerse con sus pisos y alquilarlos como pisos turísticos.

En muchos lugares, incluso los trabajadores no encuentran vivienda y se ven obligados a compartirla, tengan la edad que tengan, o a desplazarse muchos kilómetros para poder trabajar.

Visto lo visto, si seguimos sin quejarnos, sin hacer huelgas y manifestarnos pacíficamente, sin cambiar nuestro voto cuando el partido que elegimos incumple sus promesas, etc. la situación no se solucionará y seremos cómplices de ello.

No me gustaría vivir en un país como Estados Unidos, donde los enfermos sin recursos económicos mueren o donde la educación pública es solo para los pobres y carece de la suficiente calidad. No me gustaría, pero, si seguimos así, llegaremos a su mismo nivel.

Llegados a este punto, solo me queda compartir algunas frases célebres relacionadas con el tema e invitaros a acompañarme en el próximo Serendipia dominical:

1.»El estado del bienestar entraña la protección de la mayoría débil frente a la minoría fuerte y privilegiada.» — Tony Judt.

2.»Los elementos del bienestar hoy no son un logro ni de la derecha ni de la izquierda, sino de la civilización.» — Fernando Savater.

3.»Solo se aguanta una civilización si muchos aportan su colaboración al esfuerzo. Si todos prefieren gozar el fruto, la civilización se hunde.» — José Ortega y Gasset.

4.»El bienestar de un Estado radica en el bienestar de la familia considerada como tal.» — Novalis.

5.“Lograr el bienestar de la patria es la cúspide de la felicidad humana.”— Francisco de Miranda.

“Internet debe ser un medio de comunicación entre los pueblos que contribuya a la paz mundial y que el principal objetivo de la alta tecnología es mejorar el nivel de vida de las personas.”— Larry Ellison.

6.“¿Es lícito confundir la prosperidad de una clase con el bienestar de un país?”— Eduardo Galeano.

7.“Si algún día se dice de mí que con mi trabajo he aportado algo al bienestar y la felicidad de mi prójimo, estaré satisfecho.”— George Westinghouse.

8.“Todavía la naturaleza no produce árboles que den fruto de justicia y bienestar. Sembremos y cultivemos.”— Práxedis G.Guerrero.

9.“La ley suprema es el bien del pueblo.”— Cicerón.

Sed felices.

MÓNICA MIQUEL NIETO (BARCELONA – ESPAÑA)
© DERECHOS RESERVADOS AUTORA

Entradas relacionadas

Deja un comentario