Ilustración de Soporte (Generada por IA): Piero, una de las voces emblemáticas de la canción popular y social latinoamericana, deja un legado marcado por la música, la defensa de la paz y su profunda relación con Colombia. El cantautor falleció este 7 de octubre de 2026, a los 81 años, en Buenos Aires
El cantautor Piero Antonio Franco De Benedictis falleció este miércoles 7 de octubre en Buenos Aires. Nacido en Italia, criado en Argentina y nacionalizado colombiano, construyó durante más de seis décadas una obra en la que convivieron la canción íntima, la denuncia social y un persistente mensaje de paz. Colombia ocupó un lugar fundamental en su vida y en sus últimos meses volvió a encontrarse con el público de Bogotá.
Bogotá, 7 de octubre de 2026. — América Latina despide a una de esas voces que terminaron convirtiéndose en parte de la memoria colectiva. Piero Antonio Franco De Benedictis, conocido artísticamente simplemente como Piero, murió este miércoles a los 81 años en Buenos Aires, después de permanecer internado en el Hospital Italiano de la capital argentina. Su familia y amigos confirmaron el fallecimiento a través de las redes sociales del artista. Hasta el momento, no se ha informado oficialmente una causa médica específica de su muerte.
Con su partida desaparece físicamente el hombre detrás de canciones que acompañaron la vida sentimental y política de varias generaciones. “Mi viejo”, quizá la más universal de ellas, transformó la figura cotidiana del padre en una canción capaz de cruzar fronteras y épocas. Pero reducir la trayectoria de Piero a ese éxito sería dejar fuera una parte fundamental de su historia.
Su repertorio también convirtió la música en una forma de observar las desigualdades, reclamar justicia y hablar de paz. Canciones como “Para el pueblo lo que es del pueblo”, “Pedro Nadie” y “Que se vayan ellos” hicieron de su voz una referencia de la canción social latinoamericana.
DE ITALIA A UNA IDENTIDAD LATINOAMERICANA
Piero nació el 19 de abril de 1945 en Gallipoli, Italia, y llegó siendo niño a Argentina junto a su familia. Allí creció y comenzó una trayectoria artística que terminaría extendiéndose por todo el continente.
Un encuentro resultó decisivo en su carrera: el que sostuvo con el poeta y periodista José Tcherkaski a finales de los años sesenta. De aquella colaboración surgieron composiciones como Mi viejo, Pedro Nadie, Como somos, Tengo la piel cansada de la tarde y Llegando, llegaste. Con el paso de los años, la obra de Piero fue adquiriendo un contenido social cada vez más evidente.
La convulsionada historia política de Argentina también atravesó su vida. Su postura crítica frente a la dictadura militar lo llevó al exilio. Vivió fuera del país y posteriormente regresó a Buenos Aires, donde retomó su actividad musical.
Su música, sin embargo, ya había dejado de pertenecer únicamente a Argentina. Piero se había convertido en un artista profundamente latinoamericano.
COLOMBIA, MUCHO MÁS QUE UN ESCENARIO
Dentro de esa historia continental, Colombia ocupó un lugar especial.
Piero visitó repetidamente el país y estableció vínculos que trascendieron los conciertos. Su presencia llegó a territorios afectados por la violencia y estuvo acompañada por actividades relacionadas con la reconciliación, las víctimas y la construcción de paz. Recorrió regiones como Urabá y zonas del Cauca y participó en diferentes iniciativas sociales y humanitarias.
Ese vínculo terminó convirtiéndose también en ciudadanía. Diversas fuentes sitúan la concesión de la nacionalidad colombiana durante la década de 1990; algunos registros periodísticos señalan 1994, mientras otros ubican la formalización definitiva posteriormente. Más allá de la diferencia documental sobre el año exacto, Piero expresó repetidamente su identificación afectiva con Colombia.
Su relación con el país estuvo estrechamente ligada a la defensa de la paz. El músico llevó sus canciones a comunidades golpeadas por el conflicto armado y participó durante años en iniciativas de reconciliación.
De esta manera, Colombia dejó de ser simplemente una escala de sus giras para convertirse en parte de su identidad.
UN ÚLTIMO ENCUENTRO CON BOGOTÁ
Hay un elemento que vuelve especialmente significativa su muerte para el público colombiano: Piero estuvo nuevamente en Bogotá apenas unos meses antes de fallecer.
En abril de 2026 regresó a la capital colombiana para conmemorar seis décadas de trayectoria musical y celebrar sus 81 años. Allí volvió a presentar La sinfonía inconclusa en la mar, una de las obras más recordadas de su repertorio dirigido al público infantil. Esa presentación terminó convirtiéndose en uno de sus últimos encuentros con el público colombiano.
La imagen adquiere ahora otra dimensión: un artista de 81 años regresando a uno de los países que adoptó como propio para reencontrarse con canciones que habían acompañado a niños y adultos durante décadas.
“MI VIEJO”, UNA CANCIÓN QUE SOBREVIVIÓ A SU TIEMPO
Dentro de una discografía extensa, Mi viejo terminó ocupando un lugar singular.
Publicada en 1969 y surgida de la colaboración entre Piero y José Tcherkaski, la canción consiguió algo poco frecuente: transformar una experiencia profundamente personal —la mirada de un hijo hacia su padre envejecido— en una emoción reconocible para millones de personas.
Décadas después de su aparición, continúa escuchándose en celebraciones familiares, homenajes y despedidas.
Pero junto a esa dimensión afectiva existió otro Piero: el cantante que observaba la desigualdad, cuestionaba el poder y utilizaba la canción como vehículo de conciencia social.
Es precisamente esa convivencia entre ternura y rebeldía la que explica buena parte de la permanencia de su obra.
UNA VOZ QUE ELIGIÓ HABLAR DE PAZ
La trayectoria de Piero tampoco quedó limitada a los escenarios. Creó la Fundación Buenas Ondas, vinculada a acciones dirigidas a niños y adolescentes, y durante distintos momentos de su vida disminuyó su actividad artística para concentrarse en ese trabajo.
En 2016 recibió el Premio a la Excelencia Musical de los Latin Grammy, reconocimiento a una carrera que para entonces ya superaba varias décadas.
Su obra recorrió géneros y épocas, pero conservó una preocupación reconocible: la dignidad humana.
Por eso la muerte de Piero significa algo más que la desaparición de un cantante popular. Con él se marcha uno de los representantes de una generación latinoamericana que entendió que una canción podía hablar del amor y de la familia, pero también de las injusticias de su tiempo.
LAS CANCIONES PERMANECEN
Piero murió este 7 de octubre de 2026, pero dejó detrás una obra que ya había comenzado a independizarse de su creador mucho tiempo antes.
En Argentina permanecerá como una de las voces características de la canción popular y social. En Italia quedará el lugar de su nacimiento. Y en Colombia permanecerá una historia singular de adopción mutua: la de un músico extranjero que terminó haciendo del país una parte de su propia identidad.
Ahora serán las canciones las encargadas de mantener viva esa relación.
Mi viejo seguirá hablando de padres e hijos. Para el pueblo lo que es del pueblo continuará recordando el compromiso social de su repertorio. Y La sinfonía inconclusa en la mar seguirá encontrándose con nuevas generaciones.
Porque algunas voces dejan de escucharse sobre los escenarios, pero permanecen allí donde realmente consiguieron instalarse: en la memoria de quienes hicieron de sus canciones parte de su propia historia.
¿Qué canción de Piero forma parte de tus recuerdos?

Equipo Escritores Rebeldes
