En la era de la profundidad de las estelas crecientes; se dio la presencia de un silencio constante que se forjaba más agrandado; más perenne conforme transcurrían los días, las tardes, las noches de evanescencia. Sucedía así y sería que las estrellas pactaron un trato con el silencio; y el silencio se hizo breve y ya no hubo más que decirles a las llamas, al frente en el que se solicitaba; a lo volátil; a lo recio y esgrimido entre tantas cosas que el silencio enhebró. El silencio se llamaba Gasirella y Gasirella se entremezclaba con el ruido y entre el afluente de las ideas Gasirella escribió y describió un escenario de magnitud recia. Sellarían sus labios conscientes de toda perversión hasta coserlos con delimitada rectitud. Sigilosa fue la era de las eras; y los ifrits que vivían entre albores grasos y testificados era en la magnitud de las más rebeldes; eras de las regencias inevitables; considerados así perros por sus enemigos por sus delirios de grandeza. Fue acreditado a la vigilia de una era más creyente y agresiva. Y los ifrits pensaron que el silencio se atrevía a desafiarlos, pero este delineaba el más allá de toda prudencia que le era esgrimido desde las manos a la dignidad de sus afrentas. Gasirella esgrimía la amalgama que dignificaba su propia existencia; creyente de las cosas más solícitas; pero Gasirella entreveía el puente de los suspiros y amó a uno de ellos; como hermano, como hermana, como hijo, como hija; con un relicario entre las manos más recientes de las cosas. Presencial fue el estado de Gasirella con los ifrits que despotricaban en el ruido de la basura de sus bocas. Y de la basura de sus bocas manó la primera isla; la isla de la magnitud de las cosas más conscientes que otras cosas mejores de ser. Pero con frecuencia; pero con destreza fueron las cosas alimentadas por los ifrits y el silencio calló y lo hizo más que de entre la magnificencia de sus formas.
Apagados fue más agraciado de lo rebelde a lo relumbroso; de entre las cosas más iluminadas a las más apagadas; fue la era de las maravillas las que convencieron ser más de gratitud fina. De magnitud clarificada; renuente a esgrimir un dialogo con los ifrits; ese silencio fue el más claro y en la claridad de las algarabías; no apagó a nadie más que las cosas más refrescantes, a las más mancilladas sobre las que se atrapan la variedad de las cosas más consecuentes. Estremecido por lo magno a lo más cordial de las cosas, fue participe el silencio en un pacto de las cosas; pero los ifrits no cooperaron y decidieron agraciar a la frecuencia de las cosas; desde las más concisas a las más amables; mintieron como siempre y desnudaron sus propias almas. Desnudaron su rebeldía con ingenuidad de rectitud anunciante. Y descansaron ante su hechura como si nada hubiera transcurrido. Se esgrimió un consejo y entre más de entre las más cosas agresivas por parte de los ifrits.
Gasirella con el amor de sus espíritus, de su propia majestad, fue seis veces seis de doce veces; entre las miserias de los ifrits que hacían posible sus artífices pactados con lo más ruin de cada una de las cosas; más allá de todo lo que se pudieran ser y deshacer; esgrimía a la consciencia de manera pútrida. Los ifrits seguían con sus engaños; Gasirella no volvió a pactar con los ifrits, pues su silencio fue lo más crucial para despertar la consciencia de todas las criaturas atrevidas por reunir a los que más sufrían por la agonía de las edades, por su causa dignificada. Recurrieron a un nuevo consejo y la forma como deleitaron los ifrits con sus engaños al silencio o Gasirella fue la más vivida magnitud de lo que debían pactar por todo lo que era más ligero y ajeno para ellos que trataban los ifrits a las criaturas como muñecos de trapo y los iniciaban de modo terso a lo más álgido para reencontrarse con su propio averno de frente. Se cuenta todo esto en el instante en que los tigres fumaron; y eso era más magnitud a lo más vivido con la cordialidad; de su ser hecho frecuencia; hecho abundancia que hacia mal a las cosas más precisas de lo que era más vivido a lo esgrimido por el silencio que era escrito en el libro de las ideas; en la cuál era y se deshacía la materia prima de todo; y Gasirella les dijo; hagan que yo los veré; y Gasirella dijo; trago magno de la potencia de sus formas; y Gasirella les dijo háganlos ver y háganlos ser de entre la majestad deificada que no irrumpía en los corazones de la saturación abrasiva con la que los ifrits actuaban; sea prudencia; sea prudencia; sea prudencia porque era poderío y decoro para Gasirella. Y Gasirella esgrimiría la espuma del océano de rezos que los ifrits y no estaban ateridos a pactar; porque estaban aterrados de decirle a los demás que las cosas que ellos hacían eran buenas. Gasirella fue dicho entre todos y de entre todos lo más aguerrido fue lo capaz para ser pactado que decantó a los ifrits; que ya no podían hacer más allá de su consciencia; de las cosas; de todo lo que fuera que fuese. Porque estaban obsesionados con el excremento de sus cabezas; y entre las acuarelas de Gasirella y entre las consciencias de las cosas; atraparon a las cosas que más hacían al comienzo del pensamiento de Gasirella que era bueno y todo lo que Gasirella traía y atraía consigo. De magnitud a la magnitud, los ifrits decayeron con sus propios pies y se recibieron de la luz de esas cosas que manaban desde el interior de Gasirella; y los seres que no pudieron ser más engañados por los ifrits y sus bocas hechas de bocas de territorios que fueron arroparon por las más gráciles y los más álgidos que Gasirella pudo arropar; pudo ser; pudo desentrañar a los pérfidos delirios de los ifrits. De las cosas. De las cosas. De las cosas. Imitarían los ifrits a los silencios de Gasirella; y fue Gasirella el que triunfó; como se abría paso de entre todos los consensos atrapados por los ifrits mismos. Y Gasirella fue lo más reciente a lo más cordial para que los ifrits que desaparecieran para siempre y les dieron paso a nuevas criaturas. Escribió en su libro la bondad; las carencias de todo los que habían predicado por lo ingenioso de los ifrits; pero Gasirella triunfó de entre toda la podredumbre y arremetió con los corazones. Y los corazones fueron descarados y no admitieron más engaños. Y de entre todos los engaños y de entre toda la basura; la basura de los ifrits fue echada de sus casas y ellos intentaron hacerse con más allá de todo; más allá de nada. Más allá de las cosas que fueron solicitadas por el estallido de Gasirella; ese sobre el poderío y decoro de sus formas. Así es que se cuenta esta historia cuando en el cuándo los tigres fumaban.
AUTORA: VANESSA SOSA (VENEZUELA)
© DERECHOS RESERVADOS AUTOR (A)

Vanessa Sosa. Mérida, Venezuela (1986). Historiadora del Arte (2018) egresada de la Universidad de Los Andes. Actualmente, ejerce como Docente en una institución. Es una escritora que se considera aprendiz y también autodidacta. Inició en el mundo de la escritura en el año de 2018 con pocos microcuentos y microrrelatos, que transformó después, en relatos más extensos. Se especializa en el género fantástico porque es el que más escribe, sin embargo, considera que hay mucho por mejorar.
Correo Electrónico: sosa.Children.Of.The.Elder.God@gmail.com
Instagram: sinfonia.universal8
X (Antiguo Twitter): @SinfonaUnivers1
Blog: elcantardelaimaginacion.blogspot.com
