Fotografía: El escritor ruso Vladímir Sorokin participa en Escribir el Prado, la residencia literaria internacional del Museo Nacional del Prado que invita a reconocidos autores a convertir el encuentro con sus colecciones en materia para la creación. Durante su estancia en Madrid, Sorokin explora el diálogo entre pintura, imaginación y literatura mientras prepara un texto original inspirado en su experiencia en el museo. / Museo Del Prado – Maria Sorokina
El escritor ruso participa en Escribir el Prado, la residencia literaria internacional que invita a grandes autores a sumergirse en las colecciones y en la vida cotidiana del museo madrileño. Sorokin prepara un texto inédito nacido de su encuentro con las obras del Prado y este 17 de septiembre conversa con Valerie Miles sobre arte, imágenes y literatura.
Madrid, 17 de septiembre de 2026. — ¿Qué ocurre cuando un escritor entra a un museo no solamente para contemplar sus pinturas, sino para convertirlas en materia literaria? El Museo Nacional del Prado vuelve a plantear esa pregunta con la llegada del escritor ruso Vladímir Sorokin a Escribir el Prado, su programa internacional de residencias literarias.
Sorokin comenzó su estancia en Madrid el 1 de septiembre. Durante la residencia se integra en la actividad del museo y tiene la posibilidad de aproximarse a sus colecciones desde una perspectiva distinta a la del visitante convencional: salas de exposición, talleres de restauración, laboratorios, almacenes y el diálogo con profesionales vinculados a la conservación y la investigación forman parte del proceso.
El objetivo final es la creación de una obra literaria original vinculada con su experiencia en el Prado. El convenio que sustenta el programa establece precisamente que las residencias buscan que escritores de prestigio conozcan en profundidad las colecciones y encuentren en ellas inspiración para elaborar un relato.
CUANDO UNA PINTURA PUEDE CONVERTIRSE EN LITERATURA
La presencia de Sorokin resulta especialmente significativa porque su relación con las artes visuales antecede a su reconocimiento como escritor. Nacido en 1955, comenzó su trayectoria durante la década de 1970 como artista e ilustrador y estuvo vinculado al conceptualismo moscovita antes de incorporarse al underground literario soviético.
Esa formación permite entender el interés del Prado por su mirada. Para Sorokin, las imágenes no constituyen necesariamente un universo separado de las palabras: pueden convertirse en detonantes narrativos, atmósferas, estructuras o preguntas.
Entre las obras que han despertado su interés durante la residencia aparecen dos piezas fundamentales de la colección: Las meninas, de Diego Velázquez, y El jardín de las delicias, de El Bosco, según información difundida alrededor del programa.
La elección resulta sugerente. Ambas pinturas han producido durante siglos interpretaciones que desbordan la historia del arte. Velázquez construye en Las meninas un complejo juego entre representación, mirada y realidad, mientras que el tríptico de El Bosco despliega un universo poblado de cuerpos, criaturas, placeres, castigos y enigmas.
Para un escritor acostumbrado a alterar las fronteras de la realidad y a construir escenarios inquietantes, el encuentro ofrece un territorio fértil.
VENTISCA EN EL PRADO
La residencia tiene este jueves 17 de septiembre uno de sus momentos públicos con “Ventisca en el Prado: una poética de la supervivencia”, conversación entre Sorokin y Valerie Miles, editora de Granta en español. La actividad se celebra a las 18:30 horas en el Auditorio del Museo del Prado.
El encuentro aborda la trayectoria del escritor, su relación con el arte y, particularmente, la presencia de las imágenes dentro de su escritura. La actividad es gratuita y el Museo también anunció su transmisión en directo a través de su canal de YouTube.
Más que una conferencia complementaria, la conversación permite observar uno de los propósitos centrales de Escribir el Prado: que el museo pueda ser leído además de contemplado.
UN MUSEO CONVERTIDO EN RESIDENCIA DE ESCRITORES
Escribir el Prado comenzó en 2023 con J. M. Coetzee, Premio Nobel de Literatura. Desde entonces, el programa ha recibido a escritores internacionales como Chloe Aridjis, Olga Tokarczuk, John Banville, Mathias Énard y Leïla Slimani, antes de la actual residencia de Sorokin.
La iniciativa es desarrollada por el Museo Nacional del Prado y la Fundación Loewe, con la colaboración de Granta en español. Su finalidad institucional es contribuir a la difusión del museo y de sus colecciones mediante la literatura.
El proyecto propone así algo diferente a encargar simplemente un texto sobre una pintura. El escritor habita temporalmente el universo del museo, vuelve sobre sus obras, conoce parte de sus procesos internos y posteriormente transforma esa experiencia mediante la ficción.
SOROKIN: LITERATURA FRENTE AL PODER
La presencia del autor ruso añade otra dimensión al proyecto. Sorokin desarrolló parte de su carrera al margen de los circuitos culturales oficiales de la Unión Soviética y se convirtió posteriormente en una figura relevante de la literatura rusa contemporánea.
Entre sus novelas más conocidas se encuentran El hielo y El día del opríchnik. En 2026, la editorial Acantilado publicó en español El Kremlin de azúcar. Su obra ha recurrido con frecuencia a la sátira, la distopía, la violencia y la experimentación para construir ficciones relacionadas con las estructuras de poder.
Ese universo literario puede encontrar resonancias inesperadas frente a una colección como la del Prado, atravesada también por representaciones del poder, la religión, la guerra, el cuerpo, la muerte, el deseo y la condición humana.
EL PRADO TAMBIÉN PUEDE LEERSE
La residencia de Vladímir Sorokin recuerda que literatura y pintura comparten una antigua necesidad: contar y representar el mundo.
Un pintor construye una escena mediante cuerpos, perspectivas, colores y silencios. Un escritor trabaja con palabras, voces, ritmos y ausencias. Pero ambos pueden partir de una misma pregunta y conducir al espectador o al lector hacia lugares completamente diferentes.
Desde esa perspectiva, Escribir el Prado convierte el museo en algo más que un espacio de conservación. Sus obras dejan de pertenecer exclusivamente al pasado para convertirse en materiales capaces de provocar nuevas creaciones.
Sorokin todavía está escribiendo el resultado de esa experiencia. Será ese futuro texto el que permita conocer hasta dónde llegaron las imágenes del Prado después de pasar por su imaginación.
Mientras tanto, su residencia plantea una posibilidad estimulante para los lectores: entrar a un museo, detenerse ante una pintura y preguntarse qué historia podría comenzar allí.

Equipo Escritores Rebeldes
