El escritor, poeta, periodista y traductor israelí Yehuda Atlas, fallecido a los 89 años, deja una extensa obra dedicada especialmente a la infancia. Su libro Ve Hayeled Hazeh Hu Ani (Y este niño soy yo), publicado en 1977, se convirtió en un referente de la literatura infantil en Israel al retratar con sencillez, humor y sensibilidad las emociones, temores y contradicciones de los niños / Fotografía: Moshe Shai (Archivo 2012)
Yehuda Atlas, una de las figuras más reconocidas de la literatura infantil en hebreo, murió el jueves 24 de septiembre a los 89 años en Tel Aviv. Escritor, poeta, periodista, editor y traductor, alcanzó especial notoriedad con Ve Hayeled Hazeh Hu Ani —título que puede traducirse como Y este niño soy yo—, publicado en 1977 y convertido en una referencia para varias generaciones de lectores israelíes. Su obra hizo algo aparentemente sencillo y literariamente complejo: mirar el mundo desde la altura de un niño.
Tel Aviv, 26 de septiembre de 2026.— Hay escritores infantiles que cuentan historias para los niños y otros que consiguen escribir como si todavía recordaran exactamente lo que significaba ser uno de ellos.
Yehuda Atlas pertenecía al segundo grupo.
El autor israelí falleció a los 89 años, según confirmó el Hospital Ichilov, del Centro Médico Sourasky de Tel Aviv. La noticia provocó numerosas expresiones de reconocimiento hacia un creador cuya literatura acompañó durante décadas a niños, padres y educadores.
Su familia lo definió tras su muerte como un “niño eterno” y recordó que, durante sus últimos años, dedicó parte de su escritura a los niños en situación de riesgo, trabajo que desarrolló con un sentido de misión social.
EL NIÑO QUE PODÍA RECONOCERSE EN UN POEMA
El gran punto de inflexión de su trayectoria llegó en 1977 con la publicación de Ve Hayeled Hazeh Hu Ani.
El libro convirtió las experiencias cotidianas de la infancia en poemas breves construidos con un lenguaje directo y accesible. Padres, amigos, vergüenza, amor, celos, frustraciones y pequeños conflictos aparecían observados desde la perspectiva infantil.
La importancia de esa mirada estaba precisamente en lo que evitaba.
Atlas no presentaba necesariamente al niño como un personaje idealizado, siempre inocente, feliz y obediente. Permitía que apareciera enojado, celoso, confundido, curioso, triste o divertido.
Esa forma de escribir ayudó a que numerosos lectores pudieran reconocerse en sus versos.
La infancia dejaba de ser contemplada únicamente desde los ojos del adulto.
Era el niño quien tomaba la palabra.
ESCRIBIR SENCILLO SIN SIMPLIFICAR AL LECTOR
Atlas explicó alguna vez su método mediante tres principios: escribir de forma breve, sencilla y comprensible, pero también decir la verdad.
Detrás de esa aparente sencillez existía una concepción particular de la literatura infantil.
Para Atlas, los problemas de los niños no eran asuntos menores únicamente porque los adultos pudieran considerarlos así. Una discusión familiar, unos celos, un castigo, un miedo o una incomprensión podían ocupar todo el universo emocional de quien los estaba experimentando.
Sus textos intentaron entrar precisamente en ese territorio.
De ahí que su obra consiguiera una doble lectura: los niños podían reconocer inmediatamente las situaciones y los adultos encontraban una oportunidad para recordar —o descubrir— cómo se observa el mundo desde otra edad.
CERCA DE CUARENTA LIBROS
Atlas no quedó limitado al éxito de su obra de 1977.
A lo largo de su vida escribió alrededor de cuarenta libros para niños y adultos, mientras desarrollaba paralelamente actividades como periodista, traductor y editor. Ve Hayeled Hazeh Hu Ani generó además continuaciones y adaptaciones musicales.
Su producción terminó formando parte de la cultura infantil israelí y llegó también a escuelas y espacios educativos. Algunos de sus textos fueron transformados en canciones y representaciones teatrales.
La permanencia de esas obras demuestra una característica particular de la literatura infantil: sus escritores quizá no siempre tengan la proyección internacional de los grandes novelistas, pero pueden penetrar profundamente en la memoria colectiva de un país porque sus palabras son aprendidas durante los primeros años de vida.
DE UNA FAMILIA DE AGRICULTORES A LA LITERATURA
Yehuda Atlas nació en 1937 en el moshav Ein Iron, en el seno de una familia dedicada a la agricultura. Posteriormente estudió estudios orientales y filosofía en la Universidad de Tel Aviv.
Antes y durante su consolidación literaria desarrolló también una importante actividad periodística y editorial. Entre otras responsabilidades, editó una publicación juvenil y fue subdirector del suplemento 7 Days del periódico Yedioth Ahronoth.
Esa multiplicidad de oficios acompañaría toda su carrera.
Fue escritor, pero también lector y mediador de las palabras de otros gracias a su trabajo como traductor.
LA LITERATURA COMO FORMA DE ESCUCHAR
En sus últimos años, Atlas dirigió parte de su atención hacia niños y jóvenes en situación de riesgo.
La familia destacó esta faceta al comunicar su fallecimiento, señalando que escribió sobre ellos impulsado por un sentido de responsabilidad y compromiso.
Ese interés parece coherente con el principio que recorrió buena parte de su literatura: escuchar voces infantiles que el mundo adulto puede pasar por alto.
Su obra no trataba solamente de explicarles cosas a los niños.
Intentaba escucharlos.
La diferencia es importante.
ISRAEL RECUERDA A UNA VOZ DE VARIAS GENERACIONES
El presidente israelí Isaac Herzog se sumó a las expresiones públicas tras la muerte del escritor y destacó que los libros de Atlas se habían convertido en una parte inseparable del universo infantil de Israel. También señaló que su obra continuará acompañando a las nuevas generaciones.
La reacción refleja la dimensión cultural alcanzada por Ve Hayeled Hazeh Hu Ani.
No fue simplemente un libro infantil exitoso.
Con el paso del tiempo terminó funcionando como un espejo en el que distintas generaciones encontraron emociones que habían experimentado durante su propia infancia.
CUANDO UN ESCRITOR CONSIGUE RECORDAR CÓMO ERA SER NIÑO
La muerte de Yehuda Atlas deja una pregunta que atraviesa buena parte de la literatura infantil: ¿cómo escribir para un niño sin hablarle desde arriba?
Atlas encontró su respuesta haciendo justamente lo contrario.
Se colocó a su altura.
Escribió sobre aquello que para un adulto podía parecer pequeño, pero que para un niño resultaba enorme. Permitió que en sus páginas aparecieran los celos, las rabietas, los temores, las preguntas, la alegría y las contradicciones sin convertir necesariamente cada historia en una lección moral.
Quizá por eso sus lectores crecieron, pero sus libros continuaron encontrando otros niños.
Y quizá también por eso su familia escogió dos palabras tan precisas para despedirlo: “niño eterno”.
Yehuda Atlas murió a los 89 años.
El niño que hablaba desde sus páginas, en cambio, pertenece a esa extraña región de la literatura donde la infancia puede comenzar de nuevo cada vez que alguien abre un libro.

Equipo Escritores Rebeldes
