El Guamo Le Prohibió Al Gallo Cantar

Esa noche de Viernes Santo el cielo del pueblito guardaba silencio, pero despedía unos esplendores que escapaban de las lamparitas que estaban colgadas de las alturas y que chispeaban por todo el caserío. Esos resplandores se estrellaban por entre hendijas y tejares, aprovechando la forma como estaban dispuestos los escasos ranchitos, separados unos de otros, por potreros y riachuelos. Ese ambiente no dejaba de ser idílico y fascinante a pesar de las boñigas y cagajones de bueyes y yeguas que, sin cesar, descargaban sus aderezos sobre las calles empedradas de…

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