Imagen: Katixa Agirre recupera en ‘Servicio interior’ las historias de Bittori Etxeberria, Itziar Mujika, Delia Lauroba y Tere Verdes, cuatro mujeres vinculadas a la clandestina Red Álava. Entre investigación histórica y ficción, la novela rescata del olvido su papel en labores de información, resistencia y ayuda a presos durante los años del franquismo y la Segunda Guerra Mundial.
La escritora vasca reconstruye en su nueva novela la historia de Bittori Etxeberria, Itziar Mujika, Delia Lauroba y Tere Verdes, cuatro mujeres vinculadas a una red clandestina de información que ayudó a presos y a la resistencia. Publicada por Tusquets, la obra mezcla investigación histórica y ficción para devolver protagonismo a unas espías alejadas del estereotipo cinematográfico.
Madrid, septiembre de 2026. No llevaban sofisticados dispositivos de espionaje ni respondían a la imagen de la femme fatale popularizada por el cine. Aparentaban llevar vidas corrientes, hacían recados, visitaban presos, transportaban mensajes y procuraban pasar inadvertidas.
Sin embargo, Bittori Etxeberria, Itziar Mujika, Delia Lauroba y Tere Verdes terminaron desempeñando un papel fundamental en una red clandestina que operó durante algunos de los años más convulsos de la historia europea.
Sus vidas constituyen el corazón de Servicio interior, la nueva novela de la escritora Katixa Agirre, publicada este 9 de septiembre por Tusquets. La obra, de 272 páginas, se mueve entre la ficción histórica y el relato de espionaje para recuperar un episodio poco conocido relacionado con la llamada Red Álava.
MUJERES QUE NO SABÍAN QUE ERAN ESPÍAS
Una de las claves del libro se encuentra precisamente en la manera en que Agirre desmonta la representación tradicional de las mujeres dentro de las historias de espionaje.
Las protagonistas no comenzaron considerándose espías. Eran mujeres afectadas por la guerra y la represión —familiares de combatientes y presos— que comenzaron realizando labores de asistencia y terminaron formando parte de un sistema clandestino de transmisión de información.
Su aparente normalidad se convirtió, paradójicamente, en una ventaja. En una sociedad que tendía a considerar que las mujeres no intervenían en asuntos políticos o militares relevantes, podían pasar inadvertidas con mayor facilidad.
Agirre ha señalado precisamente esa contradicción: históricamente se recurrió a mujeres para determinadas tareas de espionaje porque se suponía que nadie sospecharía que estuvieran haciendo algo importante.
Servicio interior convierte esa invisibilidad en el centro de la narración.
PARÍS, 1940
La novela sitúa uno de sus puntos de partida en París en 1940, cuando el ejército nazi ocupa la capital francesa.
Ante el avance alemán, el Gobierno vasco en el exilio abandona precipitadamente su sede parisina y deja documentos comprometedores. Cuando esa información llega a manos de los nazis y de representantes del régimen franquista, comienza una persecución contra las personas relacionadas con aquella estructura clandestina.
En ese contexto aparecen las cuatro protagonistas, que colaboraron en un servicio dedicado, entre otras tareas, a transmitir información y ayudar a presos mientras mantenían exteriormente una existencia cotidiana.
El relato conecta además a personajes históricos como el lehendakari José Antonio Agirre con Pedro Urraca Rendueles, policía franquista que vigiló a exiliados españoles en Francia y participó en la captura del presidente catalán Lluís Companys.
LA RED ÁLAVA
Detrás de la ficción existe una historia documentada.
Agirre tomó como punto de partida la Red Álava, una organización clandestina desarrollada en Euskadi en la que numerosas mujeres tuvieron un papel destacado. Sus actividades estuvieron relacionadas con la circulación de información, la asistencia a presos y posteriormente con tareas vinculadas a la resistencia.
La escritora llegó a la historia inicialmente a través de una exposición dedicada a aquellas mujeres. La dimensión cinematográfica del relato despertó su interés y terminó conduciéndola hacia una investigación literaria mucho más amplia.
Para reconstruir a las protagonistas, Agirre recurrió a archivos, fotografías y correspondencia. También pudo escuchar grabaciones realizadas durante la década de 1970 con las voces de tres de aquellas mujeres —Tere Verdes había fallecido para entonces—, un material que le permitió aproximarse a sus personalidades más allá de los documentos oficiales.
ENTRE LA HISTORIA Y LA FICCIÓN
Pero Servicio interior no pretende ser una reconstrucción documental exacta.
La autora utiliza personajes y acontecimientos reales y recurre a la ficción para llenar vacíos que los archivos no permiten resolver. Esa decisión resulta especialmente importante porque la historia conserva interrogantes.
Uno de ellos estructura la propia novela: ¿quién dejó abandonados los documentos que terminaron poniendo en peligro a la red? ¿Fue un descuido o una traición?
Agirre aprovecha ese misterio para reflexionar sobre un problema más amplio: la manera en que las sociedades reconstruyen el pasado cuando la documentación disponible es fragmentaria y quienes participaron en los acontecimientos ya no pueden responder.
La novela se convierte así no solo en una historia de espionaje, sino también en una reflexión sobre cómo transformamos la historia en relato.
EL HEROÍSMO DE LO COTIDIANO
Uno de los aspectos más sugerentes de Servicio interior está en aquello que decide considerar heroico.
No predominan las persecuciones espectaculares ni los agentes secretos armados. Las protagonistas observan, transportan información, mantienen conversaciones, guardan silencio y continúan aparentemente con sus rutinas mientras alrededor de ellas se desmorona el mundo conocido.
Es precisamente allí donde la novela plantea algunas de sus preguntas más contemporáneas: ¿hasta dónde puede arriesgarse una persona para ayudar a otra? ¿En qué momento un gesto cotidiano se transforma en resistencia? ¿Qué significa actuar correctamente cuando las consecuencias pueden ser la prisión o la muerte?
La perspectiva permite además recuperar el trabajo de mujeres cuya participación histórica quedó durante décadas en un segundo plano.
KATIXA AGIRRE Y UNA LITERATURA QUE INCOMODA
Nacida en Vitoria-Gasteiz en 1981, Katixa Agirre ha desarrollado su carrera literaria originalmente en lengua vasca y ha publicado narrativa para adultos, cuentos y literatura infantil y juvenil.
Entre sus obras se encuentran Los turistas desganados, Las madres no y De nuevo centauro. Las madres no alcanzó especial repercusión internacional, fue traducida a diferentes idiomas y llegó al cine bajo el título Salve María, dirigida por Mar Coll.
Con Servicio interior, la autora cambia de territorio narrativo pero conserva una de las preocupaciones que atraviesan su literatura: observar aquello que permanece escondido detrás de los relatos establecidos.
CUATRO NOMBRES FRENTE AL OLVIDO
Bittori Etxeberria, Itziar Mujika, Delia Lauroba y Tere Verdes no corresponden al modelo de espía que la cultura popular convirtió en mito.
Precisamente por eso su historia resulta significativa.
Fueron mujeres cuya capacidad para pasar inadvertidas surgía, en parte, de los prejuicios de una sociedad que no esperaba que desempeñaran funciones importantes. Esa invisibilidad terminó convirtiéndose en herramienta de resistencia y, al mismo tiempo, contribuyó a que sus nombres permanecieran durante años lejos del gran relato histórico.
Servicio interior intenta invertir ese proceso.
Katixa Agirre utiliza ahora la literatura para devolverlas al primer plano y recordar que detrás de los grandes acontecimientos históricos existen innumerables vidas aparentemente pequeñas sin las cuales la historia habría sido diferente.
En esta novela, las mujeres que durante décadas permanecieron en los márgenes dejan finalmente de ser personajes secundarios para convertirse en protagonistas de su propia historia.

Equipo Escritores Rebeldes
