Maratón de Terror | El vigilante de la medianoche
Hay secretos que permanecen enterrados durante generaciones y deudas que ni siquiera el paso del tiempo consigue borrar. Algunas promesas, selladas en la oscuridad, esperan pacientemente el momento de reclamar lo que les pertenece.
En esta nueva entrega de Maratón de Terror, la revista digital Escritores Rebeldes presenta «El vigilante de la medianoche», un cuento del escritor colombiano Luis Alfonso Pérez Puerta, que nos conduce a una antigua mansión donde una tormenta, la misteriosa desaparición de un niño y la llegada de un inquietante visitante desencadenan una noche de horror.
Entre sombras, aullidos y revelaciones familiares, el relato explora el peso de los pactos ancestrales, el miedo a lo desconocido y las consecuencias de aquellas decisiones que parecen condenar a generaciones enteras.
Con una atmósfera gótica y un suspenso que crece hasta su desenlace, el autor nos recuerda que no todos los guardianes protegen y que algunas presencias llegan para exigir el cumplimiento de promesas olvidadas.
¿Qué estarías dispuesto a sacrificar para proteger a quienes amas cuando una deuda del pasado llama a tu puerta?
Te invitamos a descubrirlo en esta nueva historia de Maratón de Terror, un espacio de Escritores Rebeldes dedicado a las voces literarias que encuentran en el misterio, lo sobrenatural y el miedo otras formas de explorar la condición humana.
#MaratondeTerror
EL VIGILANTE DE LA MEDIANOCHE
Por: Luis Alfonso Pérez Puerta (Colombia)
Correo Electrónico: adrianlevi149@gmail.com

El primer trueno no solo sacudió los vitrales de la mansión; pareció quebrar el tiempo mismo.
En la alcoba principal, la cuna de roble tallado quedó vacía en un parpadeo de absoluta oscuridad. Un instante antes, el llanto del pequeño Manuel desgarraba la medianoche con una fuerza casi sobrenatural. Al siguiente, solo quedó el silencio, roto a lo lejos por el aullido lúgubre de un lobo en la montaña.
Violeta se quedó inmóvil, con las manos hundidas entre las frías mantas de seda.
—¡No está! ¡Cristian, por Dios, el niño no está!
Su grito despertó a toda la mansión.
Cristian irrumpió en la habitación con una vela temblando entre los dedos. Miró la cuna, las ventanas cerradas, las cortinas inmóviles. No había ninguna explicación. Nadie podía haber entrado. Nadie podía haberse llevado al niño sin ser visto.
Pero Manuel había desaparecido.
—¡Oliva! ¡Alexis! ¡Manuel! —gritó mientras corría hacia el pasillo.
Violeta lo siguió, descalza y aterrada. Detrás de ellos aparecieron Oliva y el joven Alexis, cuyo rostro se había vuelto tan pálido como el hábito de novicio que vestía.
La tormenta rugía afuera. Sin embargo, dentro de la mansión hacía un frío extraño, un frío que parecía venir de las propias paredes.
Al llegar al gran vestíbulo, todos se detuvieron. Las enormes puertas de roble estaban cerradas.
Frente a ellas había un hombre vestido completamente de negro.
El pesado hábito de sarga estaba cubierto de barro fresco y la profunda capucha ocultaba casi por completo su rostro. Solo sus ojos podían verse cuando los relámpagos iluminaban el vestíbulo: dos puntos helados, inmóviles, sin miedo ni compasión.
Demian. El Vigilante de la Medianoche.
Cristian avanzó con los puños apretados.
—¡Quítate de la puerta! ¿Dónde está mi hijo?
Demian no respondió. Permaneció inmóvil unos segundos y luego dio un paso hacia ellos. Solo uno. Pero bastó para que Cristian comprendiera que aquel hombre no había llegado para pedir permiso ni para marcharse. La puerta estaba sellada. Nadie abandonaría la mansión.
Entonces Alexis lanzó un gemido y cayó de rodillas.
—No… —murmuró—. Es él.
Violeta lo miró.
—¿Quién?
El joven levantó lentamente la cabeza. Sus labios temblaban.
—El Vigilante. Mi maestro me habló de él. Dijo que aparece cuando una familia rompe un pacto antiguo.
Un silencio pesado cayó sobre el vestíbulo.
Don Abelardo apareció entonces en el umbral de su estudio, apoyado en su bastón de empuñadura de plata. Su rostro no mostraba sorpresa.
Cristian se volvió hacia él.
—¿Qué pacto?
El anciano cerró los ojos.
Durante unos segundos pareció luchar contra un recuerdo que había permanecido enterrado durante demasiados años.
—El pacto de la sangre —respondió finalmente—. Un juramento que nuestra familia hizo mucho antes de que esta mansión fuera construida.
Violeta sintió que las piernas le fallaban.
—¿Qué tiene que ver mi hijo con eso?
Don Abelardo no respondió.
Fue Demian quien levantó lentamente una mano. Señaló hacia la escalera. Todos miraron.
En lo alto de los peldaños, envuelto en una tenue luz azulada, estaba Manuel. El bebé no lloraba.
Sus ojos estaban abiertos. Y, detrás de él, sobre la pared, se proyectaba una sombra enorme con la forma de un lobo.
Violeta corrió hacia su hijo, pero don Abelardo la sujetó del brazo.
—No lo toque.
—¡Es mi hijo!
—Todavía no —susurró el anciano.
Un nuevo trueno estremeció la mansión. La sombra del lobo abrió las fauces.
Demian se quitó lentamente la capucha.
Por primera vez, su rostro quedó expuesto. No era el rostro de un monstruo, sino el de un hombre marcado por siglos de cansancio.
—La deuda ha sido pagada —dijo. Su voz era grave y extrañamente serena—. El niño no ha sido robado. Ha sido reclamado.
Violeta rompió a llorar.
—¿Por quién?
Demian miró hacia la escalera.
—Por aquellos que vigilan la montaña desde antes de que existieran los hombres.
Entonces el lobo aulló otra vez. Las luces de la mansión se apagaron.
Cuando regresaron, apenas unos segundos después, Manuel estaba nuevamente en su cuna. La tormenta había cesado. Demian había desaparecido.
Y en la puerta principal, grabada sobre la madera como si acabara de ser marcada con fuego, había una sola figura: la huella de una pata de lobo.
Don Abelardo la contempló en silencio. Sabía que aquello no era el final. Era apenas el comienzo.
AUTOR: LUIS ALFONSO PÉREZ PUERTA (COLOMBIA)
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Luis Alfonso Pérez Puerta (Colombia) es Comunicador Social – Periodista, actor y escritor. Ha participado en diversos talleres literarios en Medellín, entre ellos el Taller Literario Aquileo, del Parque Biblioteca Belén y la Biblioteca Comfenalco. Seis poemas publicados en la antología de los talleres literarios Libro Árbol IV (Comfenalco, 2003). Su poesía y narrativa también han aparecido en revistas digitales como Escritores Rebeldes y en medios como El Correo.co y El Espectador. En 2024 participó en el Festival Internacional de Poesía del Valle del Río Grande (Texas, EE.UU.), con la publicación en una antología en PDF del poema: “Con aroma de café”. Autor de relatos breves, columnas de opinión y ensayos, concibe la literatura como un espacio de memoria, sensibilidad y resistencia, donde la palabra ilumina el instante y proyecta la esperanza.
