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SERENDIPIA DOMINICAL
MARICARMEN, LA HISTORIA DE UNA TORTURA
Por: Mónica Miquel Nieto (Barcelona – España)
Correo electrónico: mmiquelnieto@gmail.com
María del Carmen Abascal Martín nació en Madrid en 1938 y falleció este miércoles, dos semanas después de ser desahuciada.

Maricarmen Abascal, cuya historia de desahucio en Madrid se convirtió en símbolo de la lucha por una vivienda digna. / Ilustración editorial de Escritores Rebeldes, elaborada a partir de una fotografía de la Agencia EFE.
Maricarmen salió de la casa en camilla y fue trasladada al Hospital Gregorio Marañón. A partir de entonces, su nombre comenzó a ser símbolo de la lucha por la vivienda: se sucedieron manifestaciones, concentraciones y una acampada en la Puerta del Sol que tuvo réplicas en otros puntos del país.
En esta Serendipia Dominical no me centraré únicamente en la problemática de la vivienda, ya que eso ya lo hice en una columna de opinión anterior, sino en el caso concreto de esta pobre mujer.
Estos últimos años estoy percibiendo una deshumanización progresiva del sistema y me gustaría centrarme en este hecho concreto.
Maricarmen desarrolló su carrera en tareas administrativas. Había estudiado taquimecanografía y secretariado y trabajó durante varias décadas en una empresa farmacéutica, donde desempeñó su labor como secretaria del consejo de administración y auxiliar administrativa. Nunca llegó a casarse ni tuvo hijos. Desde que se jubiló, su vida era su hogar y su barrio de toda la vida. Acumulaba recuerdos en su casa, como hacemos todos, y no imaginaba otro lugar posible en el que poder vivir. Como dijo Mario Benedetti: «La vivienda no es solo un bien inmobiliario, es también una forma de consolidación espiritual».
Maricarmen contaba con tan solo 17 años cuando, en 1956, llegó junto a sus padres y su hermano al número 46 de la calle Alcalde Sainz de Baranda. La familia vivió décadas en aquel piso. Su padre falleció cuando ella era todavía muy joven, mientras que su hermano murió décadas después y su madre lo hizo en 2005. Ella acabó viviendo sola y ese piso, situado en una zona céntrica de Madrid, cercana al parque del Retiro, fue su hogar durante siete décadas, hasta que acabaron por desahuciarla a la fuerza y en contra de su voluntad.
La historia del desahucio no es excepcional; a muchas otras personas les está ocurriendo exactamente lo mismo desde hace años. En su caso, el contrato de alquiler original había sido firmado por su padre en 1956; tras su fallecimiento, pasó a su madre y, después de la muerte de esta en 2005, Maricarmen se subrogó en el arrendamiento. Durante años, Maricarmen siguió pagando el alquiler. En 2018, antes de que el piso cambiara de manos, tuvo la posibilidad de ejercer un derecho de adquisición sobre la vivienda, pero ella carecía de los 250.000 € que costaba el piso. Ese mismo año, el edificio de Maricarmen cambió de propietario y terminó en poder de Urbagestión Desarrollo e Inversión, S. L., una inmobiliaria dedicada a la compra y gestión de activos. Esta empresa determinó un nuevo alquiler de 1.650 euros mensuales. La anciana cobraba una pensión de 1.350 euros, por lo que le era imposible hacer frente a tal dispendio.
El primer intento de desalojo fue en octubre de 2025, pero los vecinos se movilizaron y lo impidieron. El segundo intento llegó el 3 de junio de 2026 y el tercero, el 24 del mismo mes. Finalmente, Maricarmen fue desalojada el pasado 23 de septiembre, a las 13 horas, en medio de la protesta de manifestantes convocados por el Sindicato de Inquilinas.
El Sindicato de Inquilinas de Madrid es una organización formada por personas que viven de alquiler y se unen para defender sus derechos, frenar abusos inmobiliarios y exigir viviendas dignas y asequibles.
El desalojo del inmueble en el que había vivido prácticamente toda su vida no fue voluntario. La policía echó la puerta abajo y la pobre mujer tuvo que ser sacada de su hogar en camilla, ya que hacía algún tiempo que solo disponía de un 50 % de movilidad por diferentes problemas de salud.
En cuanto a lo que tuvo que soportar Maricarmen, a pesar del apoyo incondicional del Sindicato de Inquilinas, estoy segura de que ocasionó un grave deterioro en su salud. A pesar de todo, Maricarmen se mostraba muy lúcida y luchadora. Así se comportó hasta el final. Algunas de las frases que pronunció y que mostraban su firmeza y determinación a la hora de reclamar lo que es de justicia son:
—«He vivido aquí 71 años y no me quiero ir».
—«Me ha afectado en todo. Yo ahora no soy yo».
Aquí comentaba la tortura que le provocó todo el proceso de desahucio a lo largo de los años.
—«Cambiar de casa no significa solo mudarse», en referencia a que un hogar es mucho más que eso. Es nuestro lugar seguro, el lugar en el que nos sentimos nosotros mismos, donde acumulamos recuerdos.
—«Aquí tengo todos mis recuerdos. Mi papá murió muy joven, en el año 60, con 51 años. Y mi mamá murió en 2005, en esta casa».
—«Os doy las gracias por el sacrificio que estáis haciendo». Aquí se refería a los que formaron el cordón social que intentó frenar, sin éxito, su desahucio.
—«No he logrado defender mi casa, pero sí he luchado para que los demás aprendan a luchar por la suya».
—«¡Luchad, no os quedéis en casa! ¡Luchad por vuestra vivienda, porque tenemos derecho a ella!».
—«Quiero que no le pase a otras personas. Quiero que sirva para que la gente luche, para que se cambien las leyes injustas que han permitido mi desahucio».
—«Me gustaría estar allí con vosotros, acompañaros en vuestra acampada y vuestra lucha, pero no tengo la suerte», en referencia a las cientos de personas que estaban acampadas en la Puerta del Sol.
Una frase que me pareció un resumen perfecto de todo el proceso fue la que pronunció llorando cuando ya había sido expulsada de su hogar por motivos exclusivamente económicos y especulativos:
—«A los propietarios de la sociedad inmobiliaria que han promovido mi desalojo les preguntaría si tienen padre y madre, y si les gustaría verlos en el futuro en las condiciones en las que estoy yo. Son unos inhumanos. No se puede hacer vivir a una persona durante siete años con un machete en la nuca preparado para cortársela por puro afán de ganar dinero».
Y aquí, opino, radica el quid de la cuestión: cuando se convierte un derecho en un negocio, la gente pobre siempre sale perdiendo. Como decía Maricarmen:
—«Me voy de Madrid porque Madrid ya no es Madrid. La gente de aquí ya no somos los madrileños, son los turistas que ves por la Gran Vía. Esto en lo que se ha convertido ya no es un barrio».
Este es otro de los problemas esenciales, sobre todo en las grandes ciudades, en la actualidad: los pisos no los pueden pagar sus habitantes, tan solo personas con elevado poder adquisitivo, la mayoría extranjeros. Nos están expulsando de nuestros hogares, negándonos el derecho a una vivienda digna, que, en teoría, se nos asegura en el artículo 47 de la Constitución española. En este artículo se dice, textualmente: «Todos los ciudadanos tienen derecho a una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos deben promover las condiciones necesarias y crear normas para hacer efectivo este derecho. También deben regular el uso del suelo según el interés general para evitar la especulación».
En el caso de España, ninguno de los gobiernos que hemos tenido hasta el momento se ha ocupado de que se cumpliera este derecho. Muy al contrario, han negociado y favorecido a los llamados fondos buitre, habitualmente estructurados como SOCIMI o sociedades de inversión y que pagan un irrisorio e injusto 0 % en el Impuesto sobre Sociedades.
Así pues, los intereses económicos de unos pocos han prevalecido sobre los derechos y el bienestar de las personas más vulnerables. Tan solo comentar, por poner un ejemplo de injusticia, el rescate bancario que el Gobierno adjudicó a los bancos entre 2009 y 2013, que nos costó a los contribuyentes la friolera de 60.000 millones de euros en ayudas públicas directas, de los cuales la mayor parte no se ha recuperado y, visto lo visto, no creo que llegue a recuperarse en un futuro cercano, a pesar de que los seis bancos más poderosos del país no paran de obtener unas ganancias cada vez mayores. En la primera mitad de año, obtuvieron un beneficio conjunto de 20.164 millones de euros.
Tampoco es casualidad que grandes fortunas y fondos de inversión suelan ser los que financian las campañas electorales de los diferentes partidos políticos que se presentan a las elecciones. En mi país, el poder económico domina nuestras vidas y el poder judicial parece estar al servicio del político, con lo cual las cosas se nos complican en demasía.
Pero dejemos de lado la parte económica y política y centrémonos en Maricarmen. Una de las cosas que escasean hoy en día es la empatía. Intentemos ponernos en su piel, imaginar todo lo que ha tenido que sufrir esa pobre mujer. Tan solo pedía poder morir en su hogar de toda la vida y, lejos de poder hacerlo, ha acabado desahuciada y en un hospital en el que ha acabado por perder la vida.
La presión social desatada por el desahucio abrió una negociación para que pudiera regresar a su casa. Días después del desahucio, Urbagestión, la familia, su abogada y el Sindicato de Inquilinas alcanzaron un acuerdo para formalizar un nuevo alquiler.
Se proponía un contrato de ocho años y una renta adaptada a sus ingresos. Maricarmen aceptó la propuesta desde el hospital y estaba previsto que pudiera regresar a su casa una vez recibiera el alta. No llegó a hacerlo.
Su caso, gracias a los medios de comunicación y al Sindicato de Inquilinas, dejó de ser un caso aislado y se convirtió en todo un símbolo de lucha popular. La gente, mayoritariamente los jóvenes madrileños, decidió realizar una acampada en la Puerta del Sol de Madrid y diversas manifestaciones. Las acampadas y manifestaciones se han extendido por todas las ciudades españolas en pocos días.
La muerte de Maricarmen ha ocasionado mucha tristeza e indignación, tanto a los acampados y manifestantes como a la mayoría de los españoles. Se ha guardado un minuto de silencio por su muerte en muchos lugares del país. Y, en este punto, quiero aprovechar para comentar que no en todos los lugares se ha querido respetar ese minuto de silencio y que, durante la estancia en el hospital de la anciana y antes y después de su fallecimiento, se gestó, desde la derecha y la extrema derecha, una campaña de difamación contra la anciana. Se la ha llamado «jeta» al decir que no quería pagar lo que se le exigía; se la ha llamado ludópata porque alguna vez fue al bingo; se ha dicho que tenía mucho dinero en el banco y que no se lo quería gastar, que era una «maldita funcionaria que cobraba más de dos mil euros al mes», que tenía mal carácter, que no le gustaban los niños…
En fin, infinitos bulos y auténticas barbaridades que denotan el nivel de maldad de una parte de nuestra sociedad. Se ha perdido el respeto, no solo por las personas mayores, sino por muchos otros referentes sociales que antaño eran respetados. Pongamos el caso de los docentes españoles, por ejemplo. Incluso tras su muerte, se ha llegado a decir que la izquierda la había asesinado para convertirla en mártir y usarla como herramienta electoral.
Me apena y me asquea a partes iguales ver en qué se está convirtiendo una parte de la población. Su lema sería: «Todo por la pasta», «El dinero ante todo», «Insultar, mentir y acusar sin pruebas sale gratis». Es el «todo vale» en el que parece que el mundo se está moviendo estos últimos años.
En fin, al menos todo este drama parece que ha servido para que el Gobierno tome de una vez conciencia del problema de la vivienda en España. A consecuencia del movimiento provocado por el caso que nos ocupa, el Gobierno quiso aprobar dos decretos relacionados con la vivienda (un poco tarde, pienso yo, después de ocho años de gobernar sin intentar resolver el principal problema de la población española), que fueron rechazados por la derecha y la ultraderecha en el Congreso de los Diputados.
Como consecuencia de la imposibilidad de poder aprobar medidas útiles, se han visto obligados a convocar elecciones anticipadas el 29 de noviembre.
Además, el Sindicato de Inquilinas ha sido el promotor de una huelga general el próximo 11 de noviembre. En mi país no se producía una huelga general de 24 horas desde el año 2012.
Todo esto es fruto de la movilización ciudadana originada por el «movimiento Maricarmen». La buena mujer ha muerto, pero nos deja un legado de constancia, lucha y determinación que los demás deberemos proseguir. Tal y como lo hizo ella, de forma pacífica, pero incansable.
En este loco mundo parece que se han perdido los buenos valores y, si esperamos a que todo retorne a la normalidad por sí solo, sin hacer nada, el sistema se perpetuará. No debemos desistir ni rendirnos. Como decía Einstein: «Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo». Hasta ahora nos hemos mostrado impasibles, desunidos, carentes de rebeldía (una gran mayoría de personas, no todas, obviamente).
Está claro que, por intereses de las clases dominantes, nos han hecho creer que no podemos cambiar las cosas, que no tenemos ni el derecho ni la capacidad para hacerlo. No es cierto. «Sí se puede». Este lema fue creado originalmente en 1972 por la activista Dolores Huerta para el sindicato Unión de Campesinos (UFW) en Estados Unidos. A lo largo de los años, ha sido utilizado en campañas políticas y sociales por múltiples figuras y partidos en todo el mundo, como el famoso «Yes, we can» de Barack Obama.
Ha llegado la hora de organizar un movimiento social que cambie este sistema tan injusto, tan cruel e inhumano. La ventaja que tenemos es que los pobres somos más y poseemos el poder del voto. Algo de caso nos tendrán que hacer los partidos políticos que pretendan gobernarnos, digo yo.
Podría extenderme más, pero me limitaré a compartir con vosotros algunas frases célebres relacionadas con el problema de la deshumanización y la indiferencia:
- «La deshumanización es un riesgo constante cuando el sistema reduce a las personas a meras piezas de intercambio». — Simone Weil.
- «El amor y la compasión son necesidades, no lujos. Sin ellos, la humanidad no puede sobrevivir». — Dalái Lama.
- «Privar a las personas de sus derechos humanos es poner en tela de juicio su propia humanidad». — Nelson Mandela.
- «No sois máquinas, ¡sois hombres! ¡Lleváis el amor a la humanidad en vuestros corazones!». — Charlie Chaplin.
- «La plaga del siglo es la indiferencia. Luchamos contra ella recuperando la capacidad de conmovernos». — Patch Adams.
Os espero el próximo domingo en esta, vuestra Serendipia Dominical. Sed felices.
MÓNICA MIQUEL NIETO (BARCELONA – ESPAÑA)
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Mi nombre es Mónica Miquel Nieto, mujer de 55 años, residente en Barcelona, escritora y poetisa.
Toda mi vida he sido una lectora empedernida, de todo tipo de libros, pero sobre todo de novela histórica, novela fantástica y poesía.
De pequeña gané algunos certámenes literarios y ahí quedó todo. No he dejado de escribir nunca, pero no fue hasta el confinamiento causado por la pandemia de Covid-19, cuando decidí intentar publicar mis
Obras.
Escribí a algunas editoriales hasta que, finalmente, la Editorial Alvi Books confió en mis posibilidades y se arriesgó a publicar 5 de mis obras. Al ser una persona absolutamente desconocida, es algo que les
agradeceré siempre.
Por el momento, han sido publicadas seis antologías, tanto de poesía como de relatos, donde podéis encontrar algunas de mis obras, junto con las de otros maravillosos autores.
Participo en algunos grupos literarios de Facebook y he publicado en algunas revistas (Escritores Rebeldes, Las Alas del Cóndor, CLIVAR, Netrazol Literary Magazine, Pansélinos, Azahar, Escritores…).
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Mi intención es darme a conocer y conseguir lectores para mis obras publicadas.
No dejaré de escribir, porque para mí el hecho de hacerlo, es tanto una necesidad como un placer.
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