Antes de nosotros, existieron creadores que se jugaron la piel por la belleza y son eternos… ¡Conócelos!
El Escritor Rebelde en la inmortalidad del día es:
Robert Frost – (Robert Lee Frost; San Francisco, 1874 – Boston, 1963) Poeta estadounidense. La inspiración en argumentos de la vida cotidiana, la sencillez estructural en la que subyace una notable pericia compositiva y el uso de un léxico simple y una expresión coloquial fueron las grandes premisas estéticas de la lírica de Robert Frost, sin duda uno de los más significativos exponentes de la poesía estadounidense del siglo XX.
Vivió durante su juventud en la región de Nueva Inglaterra, en el nordeste de los Estados Unidos, área cuyo paisaje influiría poderosamente en su estilo. Su primer poema fue aceptado por un editor cuando Frost contaba sólo catorce años, pero luego sus versos no alcanzaron éxito en los Estados Unidos. Después de probar sus fuerzas en el periodismo, en la enseñanza y aun en el modesto oficio de zapatero, en 1912 Robert Lee Frost decidió emigrar a Inglaterra, En 1912 se trasladó al Reino Unido, donde se publicó su primera colección poética, A Boy’s Will (1913; La voluntad de un joven). A continuación realizó North of Boston (1914; Al norte de Boston), con la que conseguiría un resonante éxito en los ambientes literarios de su país.
En 1915, tras el inicio de la Primera Guerra Mundial, Frost regresó a los Estados Unidos y trabajó a partir de entonces como profesor de literatura en el Amherst College, gozando ya de una reconocida reputación. Inspirada por la poesía pastoril y los poemas clásicos de Horacio y Virgilio, su poesía oculta tras su aparente simplicidad algunas inquietudes de carácter filosófico. Entre sus principales trabajos, por los que obtendría en cuatro ocasiones el Premio Pulitzer de literatura, se encuentran Mountain Interval (1916; Valle de montaña), un enfrentamiento entre el progreso tecnológico y la naturaleza; New Hampshire (1923), que supone su plena madurez artística; West-Running Brook (1928; Un arroyo que corre hacia el oeste); y dos dramas de inspiración religiosa compuestos en verso libre: A Masque of Reason (1945; Disfraz de razón) y A Masque of Mercy (1947; Disfraz de compasión). Fue galardonado con numerosos premios y distinciones honoríficas y, modernamente, continúa considerado como uno de los más importantes poetas estadounidenses del siglo XX.
La obra de Robert Frost se sitúa en la corriente renovadora que se produjo en Estados Unidos hacia 1912 y cuyo órgano fue la revista Poetry. Este movimiento juvenil puede considerarse como un nuevo romanticismo, tendente a volver a encauzar la poesía hacia la observación de la realidad y a abolir el uso del tradicional lenguaje poético. Se fija su nacimiento a raíz de la publicación de algunas colecciones de versos aparecidas casi simultáneamente, entre las que figuró La voluntad de un joven (A Boy’s Will), de Frost (1913). La primera y más importante fuente inspiradora de Frost es la vida rural de Nueva Inglaterra, donde residió largo tiempo.
La simplicidad de su vocabulario, que a menudo cobra un carácter coloquial, y su puesto a la vanguardia de un movimiento reformista, le relacionan en cierto modo con el poeta inglés William Wordsworth. Pero en Frost, la ternura a veces dulzarrona de Wordsworth queda sustituida por una fuerza refrenada, donde el subjetivismo apenas goza de libertad. En esto precisamente difiere Frost de la mayoría de los restantes poetas del grupo «Nueva Poesía» («New Poetry»). Algo muy genuino hay en su inspiración que nos capta inmediatamente.
Entre sus poemas más conocidos es preciso citar el diálogo «Entierro familiar» («Home Burial»), que describe en un centenar de versos libres, con pinceladas amplias y seguras, la incomprensión que separa a un matrimonio de labradores después de la muerte del primer hijo que les nace. La madre no puede apartar la mirada de la tumba que divisa desde su ventana, como tampoco puede acercarse al marido después de haberle visto cavar con sus propias manos la pequeña fosa. El hombre es un ser bueno y sencillo; sufre, pero no sabe expresar su dolor y su cariño sino con frases rudas y cortantes, que a nada conducen, sino a herir cruelmente la exasperada sensibilidad de su mujer, que le juzga incapaz de sentir y comprender. La penetrante emoción que se desprende de esta situación está lograda con los medios más simples y por esto mismo los más eficaces.
En otras poesías, como «El miedo de la tempestad» («Storm Fear») y «El árbol junto a mi ventana» («Tree at my Window»), el poeta evoca los fenómenos naturales (una tormenta, un árbol, su jardín) como si se tratase de criaturas humanas. Nada puede ilustrar mejor el credo estético de Frost que sus propias palabras: «Una poesía comienza con un nudo en la garganta, un sentimiento de nostalgia, o una pena de amor. Consiste en una tentativa para encontrar una expresión y un esfuerzo para encontrar un apaciguamiento. Una poesía está acabada y completa cuando una emoción ha encontrado un pensamiento que la expresa, y el pensamiento una palabra».
Sus poemas reflejan la naturaleza ligada a las emociones de los hombres que la habitan, con un lenguaje sencillo que va tejiendo no obstante máximas o moralejas complejas. Su mundo es trágico pero a la vez, por efecto de una filosofía de la resignación o de una sabiduría elemental. Otra parte de su poesía es más personal e introspectiva, y en ella su mente se convierte en escenario de grandes batallas psicológicas, como si sus demonios lucharan contra el caos. También innovó en la métrica y los recursos prosódicos y melódicos, encontrando rimas tan sencillas como vigorosas: con un metro sencillo podía realizar variaciones infinitas.
En este sentido se distinguió de muchos de sus contemporáneos de principios del siglo XX, que utilizaban la experimentación indiscriminadamente. Innovó, además, en los diálogos dramáticos, unificando las formas poéticas con el habla coloquial. Recibió cuatro veces el premio Pulitzer y ha sido reconocido como uno de los poetas nacionales, además de gozar de una amplia popularidad en varias generaciones de lectores. Junto con Walt Whitman y Emily Dickinson, está considerado el mayor poeta de Estados Unidos.
EL MURO DE REPARACIÓN
lgo hay que no ama un muro,
que lo hace hincharse bajo el suelo helado,
y derriba las piedras de arriba y de abajo;
y los cazadores lo han oído también:
hacen huecos donde ni siquiera quedan dos piedras juntas,
para que el conejo pase, su presa de invierno,
y nosotros los vemos al salir en una mañana fresca,
después de que el trabajo ha terminado y hemos de rehacerlo.
Me hago traer a mi vecino más allá del cerro
y un día nos encontramos a reparar el muro entre nosotros.
Cada uno camina por un lado,
y pone de nuevo las piedras caídas, que parecen bolas salvajes.
Tenemos que usar un hechizo para hacerlas quedar:
“Quédate quieta”, les decimos.
Cuando caen, nos reímos un poco.
A veces son como viejas piedras cabreadas con el sol.
No hay cerca donde tenemos el muro:
miro el lado mío con manzanos,
y el suyo es bosque de pinos.
Le digo: “Mis manzanos no cruzarán y comerán los pinos tuyos.”
Y él solo dice: “Buenos cercos hacen buenos vecinos.”
La primavera es época para reparar muros, creo yo,
pero me pregunto si diría él
antes de levantar un muro: “¿Qué encierro o a quién dejo fuera?”
Muchas veces, el muro solo queda por costumbre.
Veo a mi vecino, con piedras en cada mano,
como un viejo salvaje armado de piedras.
Camina en la sombra, no solo del bosque,
sino también de su propio pensamiento.
No quiere pensar en lo que hace,
sino repetirlo como un dicho heredado:
“Buenos cercos hacen buenos vecinos.”
AUTOR: ROBERT FROST (ESTADOS UNIDOS)
FUENTE – AGRADECIMIENTO
Biografías y Vidas – Biografía Robert Frost
Tomás Fernández y Elena Tamaro. «Biografía de Robert Frost» [Internet]. Barcelona, España: Editorial Biografías y Vidas, 2004. Disponible en https://www.biografiasyvidas.com/biografia/f/frost.htm [página consultada el 16 de febrero de 2026].

Equipo Escritores Rebeldes
