Serendipia Dominical – ¿Abuelos Esclavizados?

SERENDIPIA DOMINICAL – Columna de la escritora española Mónica Miquel Nieto – Encuéntrala cada domingo en el portal web (escritoresrebeldes.com) y en las redes sociales de Escritores Rebeldes

SERENDIPIA DOMINICAL
¿ABUELOS ESCLAVIZADOS?
Por: Mónica Miquel Nieto (Barcelona – España)
Correo electrónico: mmiquelnieto@gmail.com

Estimados lectores, me gustaría dedicar esta Serendipia dominical a los abuelos y abuelas, muchas veces esclavizados por la falta de conciliación familiar que existe, al menos en mi país, España.

En esta columna pretendo presentar el problema y las posibles soluciones, además de plantear lo que debería ser una vejez saludable.

Toda una vida trabajando o fuera del hogar o en el hogar, en el caso de los que se dedican a cuidar de su familia y realizar las tareas domésticas y, llegada la edad en que corresponde jubilarse, disfrutar del ocio y descansar, muchos abuelos acaban por convertirse en canguros de sus nietos.

El hecho de visitar a los nietos o que te visiten es un gozo, algo que te llena de felicidad, pero si esto se convierte en un servicio de canguraje de veinticuatro horas, puede llegar a ser un suplicio. Más si cabe, si tenemos en cuenta que la edad afecta a nuestros cuerpos y es habitual sentirse más cansado e incluso padecer alguna enfermedad.

El envejecimiento saludable después de los 60 años se centra en mantenerse móvil, independiente y mentalmente alerta. Las personas, a partir de esa edad, deben priorizar la actividad física de bajo impacto (caminar, nadar, practicar yoga). El ejercicio es beneficioso para el organismo, ya que reduce el riesgo de caídas (al mantenerte en forma), mejora la circulación y mejora el estado anímico.

También es muy importante mantener el cerebro activo leyendo, aprendiendo cosas nuevas, realizando ejercicios de memoria o actividades matemáticas diversas, como por ejemplo los sudokus. En este sentido, es fundamental destacar que la interacción social con familiares o amigos favorece la salud cognitiva y el bienestar emocional.

Relacionarse con familiares y amigos no se traduce como ser los canguros de los nietos a perpetuidad, ni como ser los recaderos de los hijos en mil y una gestiones que deban realizar.

Otro factor a tener en cuenta es el de mantener una nutrición equilibrada. La dieta debe incluir más fibra, proteínas vegetales y ácidos grasos omega-3 para favorecer la digestión, la salud cerebral y el sistema inmunitario.

Finalmente, es esencial tomar los medicamentos según prescripción médica y revisar el listado de medicamentos con el médico de forma regular. Últimamente, se opta por reducir al mínimo los medicamentos necesarios y no sobremedicar a los pacientes.

Tratemos ahora el tema que nos ocupa, abuelos esclavizados al servicio de sus hijos y nietos. El problema de los “abuelos canguro” surge cuando el apoyo familiar se convierte en una obligación que vulnera el tiempo libre y la salud de los mayores.

El 85% de los abuelos en España cuidan a sus nietos, lo que puede derivar en sobrecarga física y el llamado síndrome del “abuelo esclavo”. Este síndrome se caracteriza por:

-Exceso de responsabilidades físicas y emocionales que provocan estrés, agotamiento y problemas de salud en personas mayores.

-Renuncia al tiempo libre, que supone una pérdida de la autonomía, vida social y proyectos personales de los jubilados.

-Conflictos educativos, ya que la forma de crianza de los abuelos suele diferir bastante de la manera en que se educa actualmente. Existen diferencias de criterios en la crianza y choque generacional.

El problema de la conciliación en mi país, y en muchos otros, se centra en la rigidez de los horarios laborales, la falta de corresponsabilidad en los cuidados y la escasez de ayudas públicas. Esta situación afecta al desarrollo profesional, a la salud de los cuidadores y es una de las principales causas de la baja natalidad.

Las jornadas laborales largas y los horarios partidos chocan frontalmente con el calendario escolar. Se deberían revisar los horarios laborales y adaptarlos a las necesidades de los trabajadores, para que así pudieran dedicar tiempo de calidad a sus hijos e hijas y a las personas mayores a su cargo, si es que las tienen.

Cabe destacar que, en la mayoría de los casos, son las mujeres quienes reducen su jornada, solicitan excedencias o renuncian a ascensos para asumir las cargas familiares, afectando negativamente a su independencia económica y desarrollo profesional, aumentando todavía más la brecha de género y creando una injusticia social que se perpetúa ya demasiado en el tiempo.

Está claro que el tema de la conciliación no es nada prioritario para los gobiernos actuales ni para los que han gobernado hasta ahora. Existe una falta de plazas públicas suficientes en las primeras etapas educativas (0-3 años) y una excesiva dependencia de las familias para el cuidado de dependientes, al no haber una red de soporte institucional comparable a la de otros países europeos. Es cierto que se habla mucho de la Ley de Dependencia, pero hasta el momento no se han destinado los recursos económicos necesarios para que pueda llevarse a cabo. Muchos de nuestros mayores llegan al fin de sus vidas sin haber tenido la ayuda necesaria. Son las familias las encargadas de cuidarlos y eso es incompatible con las jornadas laborales actuales. Tampoco se suele disponer de los recursos económicos necesarios como para poder hacer frente al salario de una cuidadora o de un asilo de ancianos en condiciones donde la persona pueda pasar sus últimos años de forma digna.

Así pues, tenemos abuelos encargándose de nuestros hijos y, cuando ellos lo necesitan, no tenemos tiempo ni dinero para hacernos cargo de sus necesidades. No me digáis que no es algo injusto e ilógico. Nuestra organización social debe cambiar para adaptarse a los nuevos tiempos y los nuevos gobiernos deben abordar el acuciante problema de la conciliación familiar.

Todas las personas merecen poder disfrutar de una vejez digna. No deben convertirse en eternos sacrificados. Cada vez más personas mayores optan por poner límites para ser abuelos y no cuidadores principales, reivindicando su derecho al descanso y al ocio.

La vida no termina a partir de los sesenta, simplemente se trata de otra etapa en la que, aunque quizás físicamente no se goce de las mejores condiciones, sí que se puede ser feliz de otro modo. Un paseo junto a tu persona amada, viajes para conocer nuevos lugares, ir al teatro, ver películas o series, charlar con los amigos, tomar algo en una terraza, comer o cenar con los hijos y nietos (no por norma, si no de vez en cuando y no siempre cocinando los abuelos o abuelas), etc. La vida nos ofrece múltiples posibilidades que una persona de la tercera edad puede aprovechar.

¡Basta ya de esclavizar a nuestros mayores! Exijamos a nuestros gobiernos una conciliación familiar real.

Os aseguro que me sorprende la forma de vida que hemos creado, tan lejos de ser saludable y digna. Vivimos enganchados al trabajo, acelerados, sin tiempo real para dedicarlo a nuestros seres queridos, con unos horarios saludables, unos salarios dignos y priorizando una infancia feliz y una vejez saludable.

Es importante apostar por una educación y sanidad públicas de calidad. Pagamos impuestos para estar mejor, no para vivir de la forma en la que lo hacemos. También se debe exigir que esté asegurado el acceso a una vivienda digna y aunos salarios justos, en concordancia con la carestía de la vida.

Nos han hecho creer que todo lo anterior no es posible. Yo no lo creo. Tengo claro que una buena gestión de nuestros impuestos puede facilitarnos mucho la vida. Eso sí, para ello debe cambiar el sistema y sobre todo sus prioridades. Me refiero a las prioridades de los gobernantes, hoy en día muy alejadas de nuestras necesidades reales.

Si la  población viviera en mejores condiciones, no se generarían tantos problemas de salud y el gasto en sanidad se reduciría. Opino que las empresas farmacéuticas salen ganando, como, por ejemplo, con lo que sucedió en la pandemia de Covid-19. Es increíble que haya personas que necesitan medicarse, por ejemplo, para poder dormir o para tener energía. Obviamente, esto es achacable a nuestra forma insana de vida y al hacinamiento en las ciudades, tan alejadas del entorno natural que nos permite sentirnos en paz y armonía.

Llegados a este punto, me gustaría compartir algunas frases célebres relacionadas con esa maravillosa etapa de la vida que es la vejez. Afortunados los que podamos llegar a vivirla.

1.“Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena.”  Ingmar Bergman (1918-2007) Cineasta sueco.

2.“Cualquiera que deje de aprender es viejo, ya sea a los veinte o a los ochenta. Cualquiera que sigue aprendiendo se mantiene joven.” Henry Ford (1863-1947) Empresario estadounidense y fundador de la compañía Ford Motor Company.

3.“Los hombres son como el vino: algunos se convierten en vinagre, pero los mejores mejoran con la edad.” Papa Juan XXIII (1881-1963) Pontífice romano.

4.“Los primeros cuarenta años de vida nos dan el texto; los treinta siguientes, el comentario.” Arthur Schopenhauer (1788-1860) Filósofo alemán.

5.“La edad madura es aquella en la que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo.” Jean-Louis Barrault (1910-1994) Actor y director francés.

6.“Envejecer es todavía el único medio que se ha encontrado para vivir mucho tiempo.” Charles Augustin Sainte-Beuve (1804-1869) Escritor y crítico literario.

7.“Nada nos hace envejecer con más rapidez que el pensar incesantemente en que nos hacemos viejos.” Georg Christoph Lichtenberg (1742-1799) Profesor de física y científico.

8.“Una bella ancianidad es, ordinariamente, la recompensa de una bella vida.”   Pitágoras de Samos (582 AC-497 AC) Filósofo y matemático griego.

9.“Las arrugas del espíritu nos hacen más viejos que las de la cara.”  Michel de Montaigne (1533-1592) Escritor y filósofo francés.

10.“El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza.”  André Maurois (1885-1967) Novelista y ensayista francés.

Nos vemos el próximo domingo, amigos. Sed felices.

MÓNICA MIQUEL NIETO (BARCELONA – ESPAÑA)
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