Fotografía: En ‘Qué quedará de nosotros’, Eduardo Sacheri se centra en los soldados argentinos durante la guerra de Las Malvinas / EFE – Fernando Villar
El escritor argentino Eduardo Sacheri vuelve sobre la Guerra de las Malvinas para explorar, desde la ficción, los silencios, las contradicciones y las heridas que aquel conflicto dejó en la sociedad argentina.
La literatura vuelve a mirar hacia uno de los episodios más complejos de la historia contemporánea argentina. Eduardo Sacheri, reconocido escritor y guionista, ha convertido la Guerra de las Malvinas de 1982 en el escenario de sus más recientes novelas, con una intención que va más allá de reconstruir los acontecimientos: recuperar una memoria que durante décadas permaneció incómoda y parcialmente silenciada.
En ‘Qué quedará de nosotros’, Sacheri se acerca directamente a los soldados argentinos que participaron en el conflicto. La novela busca humanizar a quienes vivieron la guerra en primera persona: jóvenes enfrentados al frío, el hambre, el miedo, las trincheras y la violencia de un conflicto que muchos de ellos inicialmente no comprendían en toda su dimensión.
El escritor, que tenía 14 años cuando comenzó la guerra, recuerda cómo la sociedad argentina quedó completamente atravesada por la noticia de la recuperación de las islas. La euforia inicial se transformó rápidamente en fervor bélico y, posteriormente, después de la derrota, en frustración, enojo y silencio. Para Sacheri, ese proceso explica en parte por qué la Guerra de Malvinas ha generado menos obras literarias, cinematográficas y artísticas que otros acontecimientos traumáticos de la historia argentina.
UNA GUERRA CONTADA DESDE LO HUMANO
Uno de los principales intereses de Sacheri es apartarse de la mirada exclusivamente militar o política. Sus personajes son personas comunes que viven, desde diferentes lugares, una experiencia histórica extraordinaria.
En ‘Qué quedará de nosotros’, los protagonistas son soldados; mientras que en Demasiado lejos, otra de sus novelas recientes, el foco se desplaza hacia la sociedad argentina que permaneció en Buenos Aires mientras la guerra se desarrollaba a cientos de kilómetros. Sacheri explica que ambas historias representan dos experiencias diferentes del mismo conflicto: la guerra real que enfrentaban los soldados y la guerra imaginada por una sociedad que recibía información parcial y muchas veces triunfalista.
Esta perspectiva permite al autor explorar una pregunta fundamental: ¿cómo recuerda una sociedad aquello que preferiría no recordar?
Para Sacheri, la memoria no permanece estática. El pasado puede ser inmutable, pero la manera en que las sociedades lo recuerdan cambia con el tiempo. En el caso de Malvinas, considera que existe una diferencia importante entre el reclamo argentino por las islas y la memoria de la guerra que se libró en 1982.
LA FICCIÓN COMO FORMA DE RECUPERAR LA MEMORIA
Sacheri defiende la literatura como una herramienta complementaria para comprender la historia. La ficción, sostiene, no sustituye al conocimiento histórico ni al trabajo académico, pero puede acercar al lector a las emociones y experiencias de quienes participaron en los acontecimientos.
Ese acercamiento resulta especialmente significativo para lectores que no vivieron la Guerra de Malvinas. Un lector colombiano, por ejemplo, puede no tener una relación directa con aquel conflicto, pero sí puede reconocer experiencias universales como el miedo, la pérdida, la incertidumbre, el dolor y las consecuencias de la guerra.
En ese sentido, Sacheri convierte la literatura en un espacio de encuentro entre generaciones y países. Sus personajes permiten que un episodio particular de la historia argentina dialogue con lectores de otras latitudes.
UNA MEMORIA QUE TODAVÍA INTERPELA
Más de cuatro décadas después del conflicto, los veteranos de Malvinas son hombres mayores que todavía cargan con las consecuencias de aquella experiencia. Sacheri considera que la sociedad argentina ha ido desarrollando, lentamente, una mayor disposición para escucharlos y comprender lo que vivieron.
Sus novelas se inscriben precisamente en ese proceso de recuperación de la memoria. No pretenden ofrecer una versión definitiva de la guerra, sino abrir preguntas y generar conversaciones sobre aquello que durante mucho tiempo permaneció fuera del centro del debate cultural.
Con Qué quedará de nosotros y Demasiado lejos, Eduardo Sacheri demuestra que la literatura histórica no tiene por qué limitarse a reconstruir fechas y acontecimientos. También puede mirar los rostros, los silencios y las emociones que quedaron detrás de ellos.
La guerra termina en los campos de batalla, pero sus consecuencias continúan viviendo en la memoria de quienes la padecieron. Sacheri vuelve a esas heridas para recordar que, muchas veces, comprender el pasado comienza por escuchar las historias de quienes estuvieron allí.

Equipo Escritores Rebeldes
