Imagen: Te prometo un bosque, del cineasta colombiano Gerrit Stollbrock Trujillo, transforma las conversaciones y recorridos junto a su hijo Silván en un documental sonoro que une naturaleza, ciencia, infancia y paternidad. A través de cinco episodios, la producción invita a recuperar el asombro ante el suelo, el agua, los alimentos y los bosques, y a imaginar el futuro ambiental desde la curiosidad y el cuidado.
El cineasta, investigador y docente Gerrit Stollbrock Trujillo convirtió las conversaciones y recorridos junto a su pequeño hijo Silván en Te prometo un bosque, una producción de cinco capítulos que entrelaza ciencia, naturaleza, paternidad y esperanza. Realizado con Tembe Laboratorio Sonoro y apoyado por una beca del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, el proyecto propone cambiar la narrativa de la crisis ambiental: sin ignorarla, invita a recuperar la capacidad de maravillarnos ante lo que sigue vivo.
Bogotá, 21 de septiembre de 2026.— ¿Qué mundo les estamos contando a los niños que apenas comienzan a descubrirlo? ¿Cómo hablarles de deforestación, cambio climático y pérdida de biodiversidad sin convertir el futuro en una historia dominada únicamente por el miedo?
Esas preguntas atraviesan Te prometo un bosque, un documental sonoro colombiano creado y dirigido por Gerrit Stollbrock Trujillo, cuya propuesta nació, precisamente, de una preocupación ambiental que terminó transformándose gracias a la mirada de su hijo Silván.
El proyecto parte de una idea sencilla y profundamente literaria: un padre escribe cartas a su hijo. Pero esas cartas no llegan en papel. Se convierten en voces, conversaciones, sonidos del paisaje, música y encuentros con personas que ayudan a explicar algunos de los procesos invisibles que sostienen la vida.
DE LA ECOANSIEDAD AL ASOMBRO
El origen del proyecto está relacionado con un episodio de ecoansiedad que Stollbrock experimentó años atrás, vinculado con la situación de la Amazonía y el aumento de la deforestación. Según explicó en una entrevista publicada este 21 de septiembre por El Espectador, el nacimiento de Silván modificó la manera en que comenzó a pensar esa preocupación.
En lugar de construir un relato centrado exclusivamente en el colapso, encontró en la curiosidad infantil otra posibilidad narrativa: observar aquello que ocurre a pequeña escala, detenerse frente a una semilla, mirar el suelo, escuchar el agua y descubrir que la naturaleza está atravesada constantemente por procesos de transformación, muerte y regeneración.
Ese cambio de perspectiva se convirtió en el corazón de Te prometo un bosque.
UNA CARTA SONORA PARA SILVÁN
El formato epistolar resultó decisivo. Las palabras están dirigidas inicialmente a Silván, pero el relato termina extendiéndose hacia otros niños y hacia quienes se preguntan qué clase de futuro es todavía posible imaginar.
Stollbrock buscó que el lenguaje pudiera acercarse a un niño sin renunciar a la complejidad de las preguntas científicas y ambientales. A las reflexiones del padre se suman conversaciones espontáneas con Silván, paisajes sonoros, música e intervenciones de invitados que aportan conocimiento sobre los diferentes temas.
La intimidad familiar se convierte así en estructura narrativa: la ciencia entra en conversación con la infancia y la información deja de aparecer como una sucesión de datos para integrarse a una experiencia de descubrimiento.
TODO UN PLANETA DENTRO DE UNA FINCA
Una de las decisiones más interesantes del documental es su escala. No necesita recorrer grandes reservas naturales ni trasladarse continuamente por Colombia para hablar de biodiversidad.
La historia se desarrolla principalmente en una finca de Choachí, Cundinamarca, donde Stollbrock y su familia se instalaron en 2024. Desde ese pequeño territorio aparecen preguntas sobre el subsuelo, la descomposición, los alimentos silvestres, las aguas subterráneas y los bosques.
La apuesta narrativa consiste precisamente en demostrar que un espacio reducido puede contener una enorme complejidad biológica.
Un metro de tierra, una corriente de agua o una semilla pueden convertirse en puertas para comprender fenómenos mucho mayores.
CINCO CAPÍTULOS PARA ESCUCHAR LO QUE NORMALMENTE NO VEMOS
Te prometo un bosque está compuesto por cinco episodios. El primero funciona como introducción, mientras los cuatro siguientes desarrollan diferentes dimensiones del mundo natural. La serie completa explora el suelo, el alimento, el agua y, finalmente, los bosques.
El episodio dedicado al suelo se aproxima a los procesos de descomposición y a la relación entre vida y muerte, con participación de Claudia Medina, investigadora vinculada al Instituto Humboldt. El capítulo sobre alimentación explora lo silvestre, la recolección, la abundancia y nuestra condición de omnívoros, con Cristina Consuegra y Nico Baresch.
El agua ocupa el cuarto episodio y permite reflexionar sobre las aguas subterráneas y sobre la lentitud de los ciclos naturales, acompañado por el geólogo Jeremy León. El recorrido termina en los bosques, con participación del naturalista Mateo Hernández, y regresa a una de las preguntas que originaron todo el proyecto: cómo imaginar el futuro.
ESCUCHAR TAMBIÉN ES OTRA MANERA DE MIRAR
Stollbrock proviene del mundo audiovisual, pero en esta ocasión encontró en el sonido una forma distinta de relacionarse con su hijo y con el paisaje.
La ausencia de una cámara permitió que las conversaciones fueran más espontáneas. El documental registra caminatas, preguntas y pequeños descubrimientos sin imponer constantemente la separación tradicional entre quien está frente a la cámara y quien permanece detrás de ella.
La elección tiene también una dimensión cultural interesante en una época saturada de imágenes. El proyecto reivindica la escucha como ejercicio de atención.
Escuchar obliga a imaginar.
Y allí la propuesta sonora vuelve a encontrarse con la literatura: aunque no haya una página frente al oyente, las palabras construyen imágenes, territorios y personajes en su imaginación.
CIENCIA E INFANCIA HABLAN EL MISMO IDIOMA: LA CURIOSIDAD
Uno de los mayores logros conceptuales del proyecto está en evitar presentar ciencia e imaginación infantil como mundos opuestos.
Las preguntas de Silván conviven con las explicaciones de investigadores y especialistas. Ambas miradas parten de un punto común: la curiosidad ante aquello que todavía no comprendemos completamente.
El niño puede detenerse durante largos minutos ante algo aparentemente insignificante. El científico hace algo parecido cuando observa, formula preguntas, compara y busca explicaciones.
Desde esa perspectiva, el asombro deja de ser simplemente una emoción infantil para convertirse en una forma de conocimiento.
UNA PRODUCCIÓN NACIDA DESDE LA CREACIÓN SONORA COLOMBIANA
El documental fue dirigido y narrado por Gerrit Stollbrock Trujillo y producido por Tembe Laboratorio Sonoro. El proyecto surgió de la Beca de Producción de Contenidos Sonoros del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes de Colombia, edición 2025.
El equipo incluye a Valentina Bonilla en producción; Manuel Suárez Parias en montaje; Angela Moreno en sonido directo; Lucas Salcedo en música original, y Fiorella Ferroni en el diseño de las portadas. El guion fue desarrollado por Stollbrock con apoyo de Bonilla.
La producción también aparece dentro de los proyectos sonoros vinculados a Choachí, Cundinamarca, en la plataforma Conecta Cultura.
CONTAR EL FUTURO SIN NEGAR LA CRISIS
Te prometo un bosque no sostiene que la crisis ambiental haya desaparecido. Su propuesta narrativa es diferente: pregunta qué ocurre cuando el discurso sobre el planeta se concentra únicamente en la catástrofe y deja poco espacio para imaginar futuros posibles.
Stollbrock plantea que las historias también intervienen en la manera como imaginamos aquello que puede venir. Frente a la sensación de impotencia, su documental propone reducir la escala, observar lo cercano y recuperar la atención sobre los procesos que continúan ocurriendo a nuestro alrededor.
La esperanza, en este caso, no aparece como negación del deterioro ambiental, sino como una decisión narrativa: mirar suficientemente cerca para descubrir que todavía existen semillas germinando, agua recorriendo el subsuelo, organismos transformando la tierra y niños capaces de detenerse frente a aquello que los adultos dejaron de mirar.
Quizá allí se encuentre la promesa que da nombre al documental.
No se trata solamente de prometerle un bosque a un niño. Se trata también de preguntarnos qué debemos aprender a escuchar, imaginar y cuidar para que ese bosque siga siendo posible.

Equipo Escritores Rebeldes
