El escritor peruano David Silva Rojas junto a su novela Donde el agua trabaja, ganadora del I Premio Internacional de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat. La editorial mexicana Almadía ratificó el reconocimiento tras revisar los cuestionamientos sobre un presunto uso de inteligencia artificial en la creación de la obra. imagen: Instagram / Big Sur Argentina. Fotógrafo no identificado.
La editorial mexicana ratificó el reconocimiento concedido a Donde el agua trabaja, del escritor peruano David Silva Rojas, después de revisar su proceso de creación. La controversia, originada por los resultados de un detector de inteligencia artificial, abre nuevas preguntas sobre la autoría, la confianza editorial y los límites de las herramientas tecnológicas para evaluar una obra literaria.
Bogotá, 6 de noviembre de 2026.
La editorial mexicana Almadía anunció este viernes que mantiene el fallo del I Premio Internacional de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat, concedido al escritor peruano David Silva Rojas por su novela Donde el agua trabaja, luego de concluir una revisión motivada por las sospechas sobre un posible uso de inteligencia artificial generativa en la elaboración de la obra.
La decisión pone fin, al menos desde la perspectiva de la editorial, a varias semanas de controversia que trascendieron el ámbito literario y situaron en el centro del debate la fiabilidad de los sistemas utilizados para identificar textos supuestamente escritos por inteligencia artificial.
El comunicado fue respaldado por la Sociedad Ventosa Arrufat y las escritoras Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda, integrantes del jurado que seleccionó la novela ganadora.
Almadía explicó que su revisión incluyó materiales aportados por el autor sobre el proceso de escritura, así como conversaciones con especialistas en tecnología, derecho y análisis lingüístico. Tras examinar esa información, la editorial decidió mantener su confianza en Silva Rojas y respetar el fallo original del certamen.
Una novela premiada bajo sospecha
La controversia comenzó el pasado 23 de octubre, cuando el diario español El País publicó una investigación basada, entre otros elementos, en el análisis de Donde el agua trabaja mediante Pangram, una herramienta diseñada para identificar patrones asociados con textos generados por inteligencia artificial.
Según el resultado divulgado por el periódico, el detector clasificó el 99 % del texto de la novela como generado por IA. Sin embargo, ese porcentaje corresponde a la clasificación realizada por el sistema y no constituye, por sí mismo, una demostración concluyente sobre el proceso real de escritura.
El señalamiento adquirió especial relevancia porque las bases del Premio Internacional de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat excluían expresamente las obras elaboradas total o parcialmente mediante herramientas de inteligencia artificial.
El reconocimiento, anunciado en julio, estaba dotado con 20.000 euros y había recibido 2.204 manuscritos procedentes de 22 países.
Ante la controversia, Almadía suspendió las presentaciones previstas en España e inició una revisión del caso. La decisión generó inquietud entre escritores, editores y lectores, especialmente por las consecuencias que una sospecha tecnológica podía tener sobre la trayectoria y la reputación de un autor.
La respuesta de David Silva Rojas
El escritor peruano rechazó públicamente las acusaciones y defendió la autoría de su novela.
En un comunicado difundido a finales de octubre, explicó que Donde el agua trabaja nació de una investigación sobre las condiciones de vida y trabajo de personas vinculadas al sector agrícola en Ica, Perú.
Según su relato, durante la transcripción de entrevistas comenzó a construir fragmentos narrativos inspirados en los testimonios recopilados, hasta desarrollar una voz literaria propia.
Silva Rojas aseguró que no había utilizado herramientas de inteligencia artificial generativa para crear, redactar ni revisar el manuscrito.
También manifestó su disposición a colaborar con la editorial y aportar documentos relacionados con las distintas etapas de elaboración de la obra.
Esta documentación se convirtió en uno de los elementos considerados durante la revisión anunciada por Almadía.
La editorial respalda al escritor y al jurado
En su pronunciamiento del 6 de noviembre, Almadía informó que el proceso de revisión no encontró motivos suficientes para cuestionar la autoría de la novela ni para modificar la decisión del jurado.
La editorial destacó la colaboración del escritor y señaló que su evaluación se apoyó en criterios humanos, en el examen conjunto de la información disponible y en las consultas realizadas a especialistas.
También defendió la independencia de las tres escritoras que integraron el jurado, subrayando que el reconocimiento respondió a una valoración literaria de las obras participantes.
No obstante, la editorial no difundió públicamente la totalidad de los materiales y procedimientos utilizados durante su investigación.
Esta circunstancia deja abiertas preguntas sobre el alcance de la revisión, aunque no modifica el hecho central de la noticia: el premio continúa vigente y Almadía mantiene su respaldo al escritor peruano.
¿Qué tan confiables son los detectores de inteligencia artificial?
El caso de Donde el agua trabaja trasciende la discusión sobre una novela y plantea un problema que comienza a ocupar un lugar importante en el mundo editorial.
Los detectores de inteligencia artificial analizan características estadísticas y patrones lingüísticos para estimar si un texto se parece a los producidos por modelos generativos.
Sin embargo, estas herramientas no observan directamente cómo se escribió un manuscrito, quién tomó las decisiones creativas ni qué modificaciones se realizaron durante su elaboración.
Sus resultados pueden servir como indicios que justifiquen una revisión, pero deben interpretarse con cautela y contrastarse con otros elementos.
Entre estos pueden encontrarse borradores, versiones anteriores, notas de investigación, registros de trabajo y explicaciones documentadas del proceso creativo.
El debate también obliga a diferenciar distintos usos de la tecnología. No es lo mismo consultar una herramienta para resolver una duda ortográfica que delegarle la redacción de una obra completa. Las condiciones de cada concurso y los acuerdos editoriales deben establecer con claridad qué prácticas permiten y cuáles prohíben.
La creación literaria frente a una nueva incertidumbre
La expansión de la inteligencia artificial generativa ha transformado las conversaciones sobre originalidad, propiedad intelectual y procesos de escritura.
Para algunos autores, estas tecnologías pueden funcionar como herramientas auxiliares de investigación, organización y revisión. Para otros, su utilización plantea riesgos relacionados con la homogeneización del lenguaje y la pérdida de autonomía creativa.
A estas preocupaciones se suma ahora otra: la posibilidad de que una obra escrita por una persona sea cuestionada a partir de un resultado automatizado.
El caso de Silva Rojas demuestra la necesidad de establecer procedimientos transparentes y proporcionales para examinar posibles incumplimientos, especialmente cuando están en juego premios literarios, contratos editoriales y reputaciones profesionales.
La defensa de la creación humana no debería confundirse con la aceptación automática de cualquier acusación formulada mediante una herramienta tecnológica.
Tampoco significa renunciar a investigar posibles irregularidades cuando existan indicios razonables. La responsabilidad editorial exige examinar los hechos, escuchar a las partes involucradas y distinguir cuidadosamente entre sospechas y conclusiones demostradas.
Una decisión que deja preguntas para el mundo editorial
Con la ratificación del premio, Almadía reafirma su respaldo a David Silva Rojas y a la valoración literaria realizada por el jurado.
Sin embargo, la controversia deja una discusión que difícilmente desaparecerá con este comunicado: cómo proteger la autenticidad de la creación literaria sin convertir los sistemas de detección de inteligencia artificial en árbitros definitivos de la autoría.
En una época en la que las herramientas generativas participan cada vez más en procesos de producción de contenidos, editoriales, concursos y escritores deberán construir criterios claros que permitan combinar innovación tecnológica, transparencia y respeto por el trabajo creativo.
La literatura seguirá enfrentándose a nuevas preguntas, pero una de sus responsabilidades esenciales permanece intacta: reconocer que detrás de una obra existen procesos, decisiones y experiencias que no pueden reducirse a un porcentaje generado por un programa informático.
¿Consideras que los detectores de inteligencia artificial deberían utilizarse para evaluar la autenticidad de una obra literaria, o la decisión debe depender de una investigación más amplia sobre el proceso de escritura?

Equipo Escritores Rebeldes
