Otra vez la visión borrosa dificultándole posibilidades de ver de cerca al enemigo. El espejo parece abrirse y cerrarse, distorsionar su rostro golpeado, latir como el corazón de un ciervo condenado a ser viejo y permanecer impune sintiendo cómo el tiempo lo carcome ya que ese es el castigo de los dioses -tan injustos, sádicos, rapaces- para sus ansiosos lacayos.
Sensación de náusea cayendo sobre sus escrúpulos que imita la onda vengadora de una bomba nuclear explotando en el mismísimo centro del imperio que agoniza. El horror de sentirse impostor no extrañado entre los suyos, el sencillo rellenó de barro que engrosa el interior de los huesos.
-¿Cómo tienen las agallas de preguntar tamañas estupideces? -Repitió una y otra vez ese yo que era capaz de sacarlo de casillas sin que lo quisiera. Y continuó con su queja:
¿Cómo se atrevieron a olvidar que estuvimos juntos en el lodazal besando a prostitutas viejas, recibiendo sobornos, celebrando el nacimiento de sus bastardos gordos y cachetones, enterrando en las escombreras a los enemigos muertos que papá olvidó matar cuando moría? ¿Serán capaces de ser tan obtusos? ¿Acaso lo que fui no bastó?Carmen, la hermana que lo cuidó cada vez que afrontó sus primeras mil muertes, le contestó gimoteando:
-La culpa es suya. Ha vivido ciento noventa y tres años evadiendo la más triste de sus verdades: usted, D. Z., (no olvide mi nombre) es gris, insolente, demasiado servil para ser tomado como una verdadera opción cuando su raquítica vocecita pretende ser escuchada por alguien que necesite sosiego.
Nadie lo escucha, hermano. No lo hicieron papá o mamá, ni Berenice, ni Adolfo; no lo hicieron la abuela Justina o la tía Josefa… Ninguno, oiga bien, ninguno de nosotros tuvo el estómago para oír las razones de nadie más que no fuesen las de sí mismo.
Solo usted, tan primario y feraz, se desgastó creyendo que lo necesitaríamos en algún momento, que su amor iba a ser recompensado con reciprocidad. Somos un hato de bestias ciegas, sordas y mudas, egoístas condenados a nunca salir del infierno… Bueno, mudos no. Para dar consejos que no nos han pedido y hablar basura somos los mejores…
Intentó que su mirada fuese una mordaza, la bala en el hocico que cerrara la boca y amansara el corazón de su hermana, pero todo esfuerzo fue inútil. Su respiración, apenas agitada, fue denuncia que clavó con eficiencia el aguijón dentro de una herida infectada desde el nacimiento. Nada cambió. Siguió mirándolo condescendiente, como la gata preparada para comerse a sus cachorros enfermos. Se hizo el silencio por enésima vez.
Corrió. Un anciano escapando es el epítome de una existencia prodigada al fracaso. Llegó a un punto sin retorno del camino y se desplomó. Un silbidito, un pitido para ser más exacto, se tomó los rincones del mundo. Entornó color sepia, una lenta caída, exhalación… latidos débiles que rompieron la cotidianidad del círculo del infierno en el que el silencio reinará. Ella, Ceci, otra vez y nunca jamás flotando en medio de la ciénaga.
Quiso ponerse de pie. El peso de una vida siendo el notario eficiente de unos familiares embebidos en su propia pusilanimidad, se le vino encima piso por piso. Un hilo de paz en medio del apocalipsis. Cecilia, senos hermosos, blancos, gigantescos, pezones grandes muy duros y delimitados por gotas de metal color óxido, paraíso donde su boca no tuvo que emitir sino quejiditos de placer y delicioso hartazgo, apareció para ayudarlo a transitar entre dimensiones sin tanto apuro.
No tuvo más remedio o ganas de encontrar alternativas. Afrontó una reencarnación por quinta vez, padres nuevos, nuevas consignas y ese karma que lo acompaña desde el inicio de lo incierto: es el único cuyos instintos aguzados lo condenan a ser testigo y no protagonista de un naufragio con horario establecido de ocurrencia pese a los devaneos de la diosa destino. Nace para ser el mismo… Lo poco que lo conforta es saber que las tetas añoradas de alguna Cecilia, le ayudarán a capotear el vendaval en este mundo que comienza a habitar.
AUTOR: JAVIER BARRERA LUGO (COLOMBIA)
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Javier Barrera Lugo, nació en Bogotá (Colombia). Editor General de Escritores Rebeldes, editor del blog Idiota Inútil y de la Vaca Férrica, página de creación. Siempre buscando el final de la línea del horizonte que forma la mar océana. Escribidor de oficio y corazón, admirador de los cronistas de indias que describieron a través de letras la fantasmagoría de un continente, que, hasta hoy, es un complejo enigma. Autor de cuentos, poesías, y ensayos en los cuales defiende la autenticidad y el silencio. En Octubre de 2025 publicó y lanzo al mercado digital e impreso su poemario Sendero de Fuego Frío
