Por Fernando Vanegas Moreno, especial para escritores Rebeldes
Despierta la sabana. Por conflictos internos entre el corazón y el alma, hube de refugiarme en un rincón de Cundinamarca; Sin embargo, la amistad puede más y decidí escribir un poco…, arranco pues viendo un amanecer frio, la prisa de los estudiantes y el invariable afán de los empleados, todo es rutina, nada parece importar.

Siempre he sostenido que Bogotá se encuentra a dos horas de Bogotá y el atasco del tráfico hoy me lo reafirma, no queda más que esperar, armarse de paciencia y permitir que todo pase mientras el sol empieza a calentar con fuerza lo que antes era una tierra helada. El límite entre lo rural y lo urbano se ha perdido, poco a poco el concreto y la modernidad han copado todo, a excepción de uno que otro cultivo, o, de contada y desubicada vaca, todo se hace similar, solo la distancia y algún despoblado verde, me señala la pequeña diferencia. Por fin llego.
El objetivo (luego de dos horas de camino) es escribir algo sobre la bienal de Bogotá en su versión 2025 y pensando en eso, dirijo mis pasos hacia el centro de la ciudad. Los sitios de exposición más próximos entre sí se encuentran en ese nostálgico y bohemio lugar (no puedo imaginar su realización en otro lado), El palacio de San Francisco, El parque Santander, La plaza cultural de Santa María, el eje ambiental, el centro cultural Gabriel García Márquez, el parque de los periodistas, la galería Santa Fe y el centro cívico universitario de los Andes , entre otros, dan cabida desde el 20 de septiembre y hasta el 9 de noviembre a manifestaciones artísticas de todo tipo, enmarcadas en temas curatoriales como el ocio radical, el esoterismo ambiental, las promesas, estratigrafías, tierra fría, optimismo tóxico e infancia con una línea temática muy marcada llamada “ensayos sobre la felicidad”.

Es miércoles, un día cualquiera en medio de las ocupaciones propias de lo cotidiano; tal vez por eso encuentro una bienal álgida, fría, ausente…, pocos visitantes y menos entusiasmo. Imaginaba yo un desborde pasional casi obsceno de amantes de las artes criticando, observando y viviendo de a pocos el contexto, pero no, hoy no es así: Gabriel Garzón, Carmenza Banguera, Rajane Cantoni, Iván Argote, Bárbara Wagner, Leandro Erlich y Amaranta Almaraz entre un extenso repertorio de creadores, no mirarían con buenos ojos el ausentismo de la Atenas suramericana, el mínimo reflejo de interés solo se denota en grupos de estudiantes que por obligación o tal vez por deber, acompañan a los diferentes guías, que en un acto de vocación y ética, desgastan sus voces dando explicaciones sobre lo que se ve y se escucha.

Ma desplazo silencioso entre las diferentes sedes, saboreando el siempre cambiante epicentro citadino, sus olores, colores y habitantes, la fragancia inconfundible a callejero, vicio, incienso y miss Dior parfum, todo y nada es igual (me digo). Cachivacheros por montón, payasos de ocasión, artistas por intensión y miseria sin razón, se mezclan sutilmente con el cardumen de extranjeros que circulan las cuadras empinadas de la Candelaria, el barrio fundador, de fantasmas, duendes y brujas que los criollos no percatan, pero que quizá ellos sí y ese sea su gancho y su atractivo.

Miro mucho, contemplo un poco más, guardo para muy de mis adentros mi concepción de lo bello, es un trabajo nada más, -me sorprendo explicándome-, sigue la inasistencia, nadie dice nada, no escucho el más mínimo elogio o diatriba…, lo plano se hace más plano, me voy.
Sigo caminado esas viejas calles y descubro en cada esquina el infaltable grafiti, el artístico, no el ruin y destructor, los oteo por un rato y creo entender que veo más arte en esas manifestaciones que en las muchas que acabo de dejar atrás, no me juzguen, no soy experto en el tema, solo es mi opinión. Para alguien más sapiente y crítico, lo mostrado en la BOG25 es glorioso y también tiene razón, es solo un contrapunteo entre perspectivas, nada más. Me despido de esa barriada, amada y odiada, pero siempre añorada, ya volveré en otros tiempos, a otro punto, a otras cosas, pero pronto. Me tomo un café en cualquier parte, pienso en nuestras ausencias y repaso mentalmente cada calle que otrora recorriéramos mi alma y yo…, hoy las caminé vacío pues el alma ya no está, vuelvo a mi soledad obligada, llevando muy adentro cuadros, esculturas, performance y la canción aquella que marca el ahora: ausencia…, “el día en que tú te fuiste, triste me quedé llorando”.

Tal vez para ser un gran artista se requiera este tipo de añoranzas, no creo llegar a tanto, solo soy un melancólico que se siente alegre por sentirse triste, solo soy un tronado que concluye que el trancón en que vive Bogotá…, también es una gran obra de arte.

FERNANDO VANEGAS MORENO (COLOMBIA)
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Fernando Vanegas Moreno, Nació en Bogotá (Colombia). Periodista egresado de la Universidad Los Libertadores. Escritor y consumado estudioso de la historia de Colombia. Fundador de la Revista Literadura. Asesor y colaborador permanente del Blog Idiota Inútil y de Escritores Rebeldes.
