Los Marcianos (Capítulo 1)

Dedicado para Ray Bradbury,
Aquel que imagino nuestro nuevo
Destino distopico de estupidez, Marte.

Capítulo 1
La Noticia Que Susurro La Radio

I

El calor de aquella mañana de verano hizo despertar a Montag del sueño húmedo que tenía desde que sus parpados se hicieron pesado y sandman dejara su polvo del sueño en el hombre.

Se levantó, se mojó la cara para refrescarse y quitarse del caliente y pegajoso calor que su piel tenía como asquerosa fragancia de basura, se vio al espejo para contemplar su atípica y amarga mirada de cada mañana desde que tenía veinticinco años y que había perdido su virginidad en el auto que le costó comprar con la chica más guapa de su curso. Ahora solo se trata de los recuerdos del polvo pasado.

Se vistió, comió un par de frutas que colgaba de la pared y salió para encender su flamante Plymouth Fury de 1958 de color morado con blanco, llantas negras y tapones de aluminio. Al encenderse, sonido del motor fue similar al rugir de un león, y al estar este mismo ya caliente era similar al ronronear de un gatito con sueño.

Puso marcha trasera, se alineo y se fue por la calle largamente grisácea que a sus lados cubrían color psicodélicos y poblados de casas de sus vecinos, se terminó de comer sus frutas y evento las cascaras de estas por la ventana hacia el gran desierto rojizo que había llegado para ir a su trabajo. Una melodía en su cabeza empezó a rascar su hipocampo y su corteza temporal a tener cosquillas mientras decía para sí mismo la justificación de tirar la basura orgánica en un sitio donde la vida le cuesta sobrevivir con sus infernales calores y escasa vegetación similar a una momia de las antiguas ciudades de las montañas.

“un poco de composta no hará daño a este infierno de polvo rojo”

La misma frase cada mañana para justificar que era un desgraciado asqueroso que le importaba un comino su planeta. Presiono hasta el fondo el acelerador para llegar a la gran ciudad que poesía edificios de cristales hermosos, tomo también preciosas como sus reflejos radiantes producidas por el sol y personas que solo querían tener un día cualquier. Pero la música en su cabeza se hacía cada vez as presente y fuerte, como si su radio estuviera encendido.

-Esta música de hoy en día, no se entiende nada de lo que quiere decir. Esto jóvenes y sus tonterías.

Presiono el botono de apagado de su radio que solo hizo que se encendiera. Miro confuso este mismo botón y se preguntó si la prendió antes de salir de su propiedad y haciendo que nacieran unas nuevas preguntas: ¿De dónde venía esa música?, ¿si no se trata de un recuerdo ni viene de mi radio, entonces de donde diablo proviene?, ¿Por qué la escucho solo en mi cabeza?

II

-¿escuchaste la radio?

-¿sobre qué?

Lantry lo contemplaba a Montag como un niño pequeño deseando decir a su padre sobre el sueño que tuvo o tal vez que deseaba un helado de noventa y nueve centavos del carrito del parque de atracciones.

-¿Cómo que sobre qué? – lo miro como a un extraño – ¡sobre la gente que escucha cosas en la cabeza!, ¡sobre la extraña cosa que está flotando sobre nuestro planeta!

Montag lo miro perplejo y estuvo a punto de decirle en su pequeño cubículo de trabajo: “yo soy un ejemplo vivo y claro”, “yo escuchaba una música extraña antes de llegar aquí, pensé que era mi radio, ¡PERO NO!, venia de mi cabeza”

Pero no dijo nada, siguió escuchando a su amigo mejor que decir una cosa que le hiciera ver como un loco.

-… los científicos creen que es una especie de asteroide…

-¿una qué?

-¿es que acaso no me has escuchado? ¡cielos! Sí que viene hoy como provenir de otro mundo.

-Perdona –se sobo las sienes con enojo y cansancio- es que en realidad … no he dormido bien, el calor esta insoportable.

Lantry suspiro y le dio una palmada en la espalda como si con esa acción le dijera: “lo entiendo amigo”

-Pero bueno, te lo repito. Te decía que aparte de los casos de gente escuchando música en sus cabezas, el gobierno y los científicos no dejan de decir sobre algo que flota o viene hacia nuestro planeta. Unos dicen que no es nada. que tal vez se trate de una lluvia de estrellas, otros que tal vez sean una especie de porquería espacial o un asteroide muy grande. Pero ay otros que dicen… bueno… eso sí que es una gran estupidez.

-Dime, quiero saber todo –puso su mirada sobre su amigo y se dijo para sus entrañas- “quiero saber qué fue lo que me provoco esa locura musical en la mañana”

-Que se trate de extraterrestres –dijo tragando saliva y mirando fijamente a su amigo.

Montag lo vio a los ojos y no pudo contenerse la rosa.

Lantry lo vio avergonzado, como si ya adivinara la respuesta de su colega. Pero también porque se alegraba porque ya no estaba de mal humor.

-Lo sé muy bobo ¿verdad?

-¿no crees que no quieran hacer una broma?

-¿broma?

-¡sí!, como hace unos años ¿recuerdas? ese tipo que narro una historia sobre una supuesta invasión extraterrestre y resulto que todo era una broma.

-Creo que esta vez es distinto amigo –su sonrisa de Lantry desapareció rápidamente y miro hacia sus pies- me temo que no es una broma.

-¿Por qué lo dices?

-Por qué…

Montag vio cómo su amigo se apretaba la cabeza y las lágrimas empezaban a salir de sus ojos como una cascada. De un salto fue a tender a su amigo y vio como temblaba como un niño asustado.

-Porque yo escucho la música en mi cabeza desde hace dos días.

Montag se horrorizo al oírlo, pero no dejo de darle consuelo a su amigo.

III

El camino a casa no fue gratificante como esperaba Montag, pasar por la enorme ciudad que brillaba gracias a las luces del cielo y dejando ese efecto de cristales que la convertían en algo hermosos, ahora para Montag era un asco. No escucho nada en la radio, la música se hacía cada vez más fuerte en su cabeza, como si alguien tuviera el control del volumen y lo torturara como un retorcido juego. Rechazo la invitación de Lantry y los demás a beber – tal vez un enorme vaso de Coca-Cola con una bola de vainilla o un tarro enorme de cerveza- pero no estaba en buena disposición en ese momento. Solo esperaba llegar a casa, dormir y nunca más pararse hasta que todo esto acabara, ¿pero, y si no terminaba?, y ¿si seguía?, y ¿si se volvía loco o lloraba del sufrimiento como esta mañana con Lantry?

No lo sabía…

Solo sabía que no quería oír su radio esa noche en la carretera del desierto rojo que ahora era azul, y mucho menos observar el mar de las estrellas.

Tenía miedo de verlas…

AUTOR: DIEGO MUNGUIA (MÉXICO)
© DERECHOS RESERVADOS AUTOR (A)

LOS MARCIANOS
CAPÍTULO 2

Encuéntralo el 20-02-2026

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