Encuentre Aquí – Los Marcianos (Capítulo 2)
Dedicado para Ray Bradbury,
Aquel que imagino nuestro nuevo
Destino distópico de estupidez, Marte.
Capítulo 3
¡INVANSIÓN!
I
La extra nave aterrizo al fin y todas las personas que estaban ahí se horrorizaron, no movieron ningún dedo, vieron cómo se abría parte de la nave y se salía algo metálico como una lengua, aunque parecía dar más aire de un pequeño puente. No vieron salir nada de ahí por unos minutos, hasta Montag vio lo que en su pesadilla lo hizo orinarse en la cama. Eran dos seres blancos con enormes ojos color ámbar. Tenía en manos una especie de lanza con una tela de color rojo, blanco y azul con lo que parecían ser estrellas.
Los seres alzaron la mano enseñando solo dos dedos, parecía ser que tenían más, pero no entendía la gente asustada lo que quería decir. Aparte de poner hablar. Pero como la música, no se entendía lo que quería transmitir.
Douglas dijo que parecía entenderle “paz” Pero Montag y Lantry no lo creyeron. Esas cosas eran horribles y daban mucho miedo. Aparte que bajaban de la nace con paso lento y deteniéndose cada momento para vernos.
-¿Qué hacemos ahora? – dijo Douglas asustado
-No lo sé –respondió Lantry.
-Yo sugiero que tratemos de hablar con ellos, no parece tener malas intenciones
Pero antes que Montag pudiera decir algo más a sus amigos, una persona de la multitud salió corriendo con un enorme cuchillo de cristal.
-¡USTEDES SON LOS CABRONES QUE NOS TORTURARON CON SU ASQUEROSA MUSICA!
Los monstruos retrocedieron, pero uno de ellos saco una especie de escuadra que de su interior salió algo similar al fuego, pero de color morado. El hombre con el cuchillo cayó muerto.
La multitud enloqueció y empezó a correr por todas partes, los dos monstruos empezaron a atacar los dos y disparar más de ese fuego morado que parecía dejar tiesos y sin sangre a todo aquel que lo tocase. Cuando Montag quiso ayudar a sus amigas, ya era demasiado tarde. Dos de los fuegos morados le habían dado directo en las cabezas de Douglas y Lantry, pulverizándolas y dejando sus restos y sangre en todo el cuerpo de Montag. En ese momento, grito y se paralizo en su lugar. Se agarró la ropa y parte de lo que antes era la cabeza de sus amigos. Trato de abrazar los cuerpos de sus amigos, pero uno de esos monstruos se acercó. Lo vio y dijo en su idioma.
-Te pareces a esa cosa en mi sueño. El extraterrestre de mis sueños.
-¿extraterrestre? –pregunto Montag sin respuesta.
Después de eso, Montag sintió el ardor de ese fuego morado en su pecho, cayendo de golpe en la arena roja. Vio a esos monstruos disparando a todos, sin tener piedad en nadie. Niños, viejos, y jóvenes. Todos eran asesinados por igual, lo único bueno. Pensó Montag. Era que ya no escucharía nunca más la música.
II
-Carajo, otro planeta exterminado –dijo el astronauta Roal – cada vez es lo mismo, llega una de esas criaturas con un arma queriéndonos matar.
-Yo también creí que marte sería una excepción a la regla. Pero míranos –dijo la astronauta Agatha- eliminando a toda una especie. Pero… es extraño ¿sabes?
-¿Por qué lo dice?
-Cuando viste a uno de ellos dijiste que lo viste en tu sueño de a noche ¿Por qué?
Roal alzo los hombros y suspiro.
-Desde que la tierra nos manos a colonizar y entablar relaciones con los extraterrestres nada bueno a salido de ello. Siempre he tenido un sueño así cada vez que llegamos a la órbita de algún planeta. Pero, ¿no es más curioso que marte parezca tener como cien años de retraso en el tiempo?
-Ahora que lo dices –respondió Agatha mirando la ciudad- parece algo sacado de la década de los años cincuenta o sesenta. Como una maldita versión alienígena de los supersónicos.
Ambos suspiraron y se quitaron los cascos. El aire no parecer ser malo para ellos.
-Es una pena, veníamos en paz. Quería enseñarle mi música de rock.
-Sabes Roal, deberíamos quitarnos la idea de querer ser buena gente con los alienígenas. No sabemos si sepan nuestro lenguaje.
Roal miro el suelo rojo y lo agarro dejando que se colara entre sus dedos.
-Creo que tienes razón.
-Venga, debemos reportar esto a la tierra. Veamos ahora a donde nos mandan
Y antes que Roal pudiera entrar a la nave, vio la ciudad desierta, cubierta de cadáveres. Como si fuera una invasión y no una manera de autodefensas de una especie hostil. Pero cada vez se ponía más melancólico, porque sabía que cada vez que soñaba con uno de los alienígenas. Sabía que iba morir. Supuso que era la naturaleza humana de matar y destruir todo lo que sea desconocido. Incluso si los extraterrestres tuvieras cosas similares a la tierra.
Tal vez. Los humanos no están listos para conocer a los extraterrestre, se dijo para sigo mismo Roal antes que su compañera pusiera todo en funciones para irse del planeta.
-¿quieres oír a Elvis ahora? –pregunto Roal a su compañera en tono como un niño triste
-Claro –dijo Agatha- necesito algo con que alegrar. Pon viva las vegas de verdad que todo ese planeta da esas vibras. Pero bueno. Que puedo esperar del gran rojo del espacio.
Ambos sonrieron y se despierno de marte, dejándolo sin habitantes aparentes con quienes tener relaciones de amistad y negocios. Los humanos solo quería encontrar un nuevo sitio que llamar hogar. mientras que los extraterrestres solo no querían ya oír esa infernal música que a aquellos astronautas del APOLO 55 disfrutaban en la soledad del espacio. Tal vez en otro planeta, pudiera convivir bien y oír rock y música clásica de la tierra.
AUTOR: DIEGO MUNGUIA (MÉXICO)
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Diego Munguia – Escritor y estudiante de criminalística de 21 años, mexicano. oriundo de Iztapalapa y crecido en Nezahualcóyotl. Sus escritos son principalmente enfocados en los géneros del terror, la ciencia ficción, la fantasía oscura, la anti poesía y el género negro/misterio. También es articulista de la revista Petroglifos, Es un traductor por mero entretenimiento para traer cosas al español para y por fans. Tiene algunos de sus relatos y poemas esparcidos en antologías de los géneros ya mencionados. Su primera novela corta “el hombre sombra” es publicada por la editorial mexicana independiente “gato tuerto ediciones”.
Su lema es:
“¿si no me da miedo lo que escribo, como sabré que a los demás también les dará? Debo perturbar mi mente primero antes que los demás»
