EL ASTRONAUTA
En memoria de Ray Bradbury,
Siempre supo lo que nos esperaba…
– ¿Qué carajos le ha pasado a la tierra? – susurré al ver lo que mis ojos reproducían con horror.
Lo vi de primera mano, soltando el soplete que tenía entre los dedos y del cual no iría muy lejos, gracias al enorme tubo que lo conectaba a la nave espacial que estaba reparando. Se trataba de una simple antena, la cual esta mañana –de infinita oscuridad y solamente siendo iluminada por el enorme foco llamado sol como vecino más próximo- habría sufrido un daño leve y siendo separado de la base metálica por culpa de la basura espacial. Sin saber que lo que vi de verdad me haría quedar en un estado de inmovilidad digno de un camaleón. Bueno, si es que aún existen esos lentos reptiles de lenguas retráctiles. El núcleo de la tierra se había partido la mitad similar a una cascara de huevo que dejaba caer su viscoso contenido, bueno… si es que así se debería llamar al núcleo metálico de lo que se debía llamar tierra.
– ¿Cómo es posible que suceda esto? –parpadee y cerré los ojos tratando de engañarme ante lo que estaba contemplando –es solo una alucinación. No he dormido bien, solo es eso. ¡SI! Eso, falta de sueño…
Los volví abrir y entendí que no era ninguna alucinación, ni pesadilla ni mucho menos un sueño lucido. Lo que veía era verdad. La tierra se había partido en dos y su núcleo empezaba a flotar por la infinidad del espacio y las estrellas, todo al parecer por enorme –a la altura que estaba eran pequeños- hongos verdes que no debería ser un estúpido para comprender que eran la forma que tenía la detonación de una bomba nuclear. Esos malditos bastardos lo lograron.
Hicieron la tercera guerra mundial, una guerra nuclear que nunca se tendrían ganadores. Los eternos enemigos estados unidos y Rusia que habían unido fuerzas en el año 2040 –y después se les uniría China- por el trato de libre comercio que llamaron “la ruta de Marie Curie” que no era más que un enorme comercio de residuos y componentes químicos para hacer una bomba tan poderosa y diez veces más grande como pudo ser Fat Man, la misma que soltó el proyecto Manhattan para asesinar a tantos japoneses como podían como venganza por lo de Pearl Harbor. Nadie nunca perdonaría a ese imbécil de Oppenheimer, el padre de la bomba atómica. ¡JA! Una mierda, es el padre del fin del mundo, del creador del reloj del fin del mundo, que finalmente había llegado al segundo cero. El infierno nuclear llego a todo rincón de la tierra. Y ahora, en pleno final del año 2055 decidieran lo que los imbéciles lideres tenían en mente desde el año 2022 cuando la guerra de Ucrania y Rusia se formalizo. Lanzar bombas a diestra y siniestra sin dejar algún ganador posible.
Pero sucedió, finalmente sucedió, el día que todo termina, que tantos padres de carne y metal tanto temían. La destrucción de la raza humana, el fin de los tiempos de la raza que había dominado por siglos la tierra y a su vez matándola. ¿pero que se podría hacer? Yo solo era un astronauta más, que solo fue a quitar el enorme anillo de basura que se empezaba a formar cerca del campo gravitatorio de la tierra y la luna. Un trabajo de porquería que debía durar unos cuantos meses. No debería ser por lo menos en mi mente, la primera fila para ver como pasaban el último segundo de la humanidad. El digno escenario temido en los versículos de la biblia del Apocalipsis. Pero aquí, no había cuatro jinetes, ni langostas ni tornados de fuego montando con dragones. El culpable, ese maldito culpable fue el humano… nadie más que él.
-Ya no hay un planeta tierra… ya no habrá un mañana, ni un ayer ni un futuro… ahora solo es un enorme basurero nuclear.
Trate de calmarme, pero las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos. El solo hecho de imaginarme lo que sucedía ahí, en la tierra… las ondas de calor, el fuego radiactivo, toda esa mierda que las películas y libros –cuando aún eran legales- nos advirtieron tanto. Pero fuimos tan ignorantes… y yo… olvidado como la basura que me mandaron eliminar, y aun que pudiera hacer contacto con alguna otra nave o transbordador espacial para pedir ayuda, sería como pedirle a un niño que resuelva la hambruna mundial. Tan cómico y absurdo que no pude evitar reírme para no llorar. Si contactaba con un ruso o un chino, seguramente terminarían viniendo no para apoyarme si no para asesinarme. Si fuera algún otro colega que la lengua fuera el español, seguramente me daría fuerzas o dejaría oír cómo se mata con cualquier cosa que tenga cerca. Lo único que me quedaba, como asqueroso consuelo. Era ir a la base lunar y vivir hasta donde se pueda. El lugar estaba diseñado para durar años y tan lleno de suministros que algún país pequeño tendría envidia… pero ¿para qué? ¿para qué negar lo que en la tierra sucedió? ¿para qué atrasar este paisaje dístopico digno de los mejores cuentos del tipo? Creo que Bradbury lo dijo múltiples veces, aunque dejando un poco el positivismo que la humanidad se recuperaría de las bombas. Claro, ese viejo mago de las letras si pudo adivinar varias cosas que nos advirtió como la censura de las ideas y la literatura. Todo por culpa nuevamente de los alemanes y sorpresivamente de mexicanos. Pero aquí, ese positivismo Bradburyano que podría ir a tomar una mierda. Todos los países o los que tenían armamento nuclear lanzaron sus misiles, mirándose todos como alimañas y esperando a ver quién la tenía más grande y gruesa… ¡maldita sea!, ahora suelto palabras de mi difunto padre… 55 años y murió siendo desintegrado por un maldito hongo… no habría otra cosa, si no había un mañana ¿Qué podía esperar? Sería fácil soltarme y flotar al infinito universo hasta que mi oxigeno se acabe y cuando me dé cuenta que la muerte me recoja, ni siquiera estaré consiente para recibirla. Si iba a la luna, sería lo mismo solo que con pasos extra, si pedía ayuda el resultado sería peor. entonces ¿Qué hacer, si todas las respuestas llevan a solo una?
La muerte, la bella y aterradora muerte…
Podría solo y solo tal vez quedarme donde estaba, cerrar los ojos y que la nula gravedad del espacio me arrulle. Que me duerma como un bebe y que me haga soñar en un día, poder volver a la tierra y pensar que todo lo que vi fue solo una pesadilla, eso claro. Hasta que el oxígeno termine y me muera dormido, como paso con mi abuelo hace algunas décadas cuando el oxígeno de su casa se terminó, como también se terminó el agua del mundo y se convirtió en una especie de gelatina acida. Aún recuerdo cuando la gente se enloqueció por la captura de Maduro en el 2026, la condena de los robots y androides en el 2030, y claro la gran guerra de los canes del 2035. Pero ahora, todo eso era una simple mosca molesta ante los grandes hongos verdes. Mis lágrimas salieron de mis ojos y sonreí para no romperme más de lo que ya estaba, pero de igual manera me llegó a la mente todas esas imágenes de los millones de personas que murieron rostizadas con el radiactivo fuego de las ojivas nucleares, de las lluvias acidas y el inevitable invierno eterno que nunca se iría hasta por lo menos que la tierra vuelva a tener un núcleo o pereciera en el proceso. Ya estas alturas, todo valía una mierda. Como el dinero, solo la única moneda mundial era la comida y el agua no contaminadas. Pero, en la totalidad de la oscuridad, las moribundas estrellas, el infernal sol y este pedazo de metal junto más mierda espacial. Todo parecía tan insignificante. Como mi vida misma. Y de mis labios salieron lo que sería mis últimas palabras antes que decidiera hacer algo con la última vida humana cerca de la tierra. Al menos los de Plutón, Marte, Saturno y los demás planetas podrían sobrevivir sin saben bien que hacer. Mi mente no pudo no recordar un viejo poema pesimista de un joven escritor que esperaba la estupidez humana para justamente este año tan lastimero. Tan digno de los pesimistas literarios, bíblicos y científicos. Y como yo, un astronauta que en tiempo record había superado las etapas del duelo. Preferiría morir en la espera de Apolo, llevándome a su corte onírica bella, tan bella que me haga olvidar lo que vi y que me haga retroceder en el tiempo de cuando sola mente era un feto, un niño o un bebe que solo podía repetir constantemente palabras sin sentido, como el mamar de la teta cuando uno es un crio insignificante. Tan bello y pesimista poema era el aquel recuerdo como la frase que lo haría tan conocido…
-No habrá un mañana…
AUTOR: DIEGO MUNGUIA (MÉXICO)
© DERECHOS RESERVADOS AUTOR (A)
NO HABRÁ UN MAÑANA
PARTE 2
Encuéntralo el 05-03-2026

Diego Munguia – Escritor y estudiante de criminalística de 21 años, mexicano. oriundo de Iztapalapa y crecido en Nezahualcóyotl. Sus escritos son principalmente enfocados en los géneros del terror, la ciencia ficción, la fantasía oscura, la anti poesía y el género negro/misterio. También es articulista de la revista Petroglifos, Es un traductor por mero entretenimiento para traer cosas al español para y por fans. Tiene algunos de sus relatos y poemas esparcidos en antologías de los géneros ya mencionados. Su primera novela corta “el hombre sombra” es publicada por la editorial mexicana independiente “gato tuerto ediciones”.
Su lema es:
“¿si no me da miedo lo que escribo, como sabré que a los demás también les dará? Debo perturbar mi mente primero antes que los demás»
