Encuentre Aquí – No Habrá Un Mañana (Parte 2)
LOS PLUTONIANOS
En memoria de toda la raza marciana de Crónicas marcianas,
Sus parientes plutonianos no fueron tan gentiles como ustedes.
-Finalmente lo han hecho esos idiotas, su propia ambición los mató –dijo el líder – ¡este día, seremos libres!
Los plutonianos al fin pudieron gritar con libertad y felicidad sin ser callados y nunca más lo harán. No desde hace dos décadas desde que los primeros astronautas llegaron y los esclavizaron. Ya había sucedido en marte, aunque esa misión fue pacífica. Aquí, similar a los españoles con los nativos de México. No fueron tan pacíficos. El líder de ellos Y´gol había escuchado de las cajas de ruido terrícolas que el planeta tierra había sufrido de una llamada “Guerra de los hongos verdes” o “La tercera guerra mundial” una cosa que mataba todo y hacia pudrir hasta el más pequeño átomo.
-¡LOS TERRICOLAS DEBEN MORIR! – Grito la aldea entera
-Calmados mi gente –Dijo Y´gol ante su pueblo- somos todos uno por este planeta… pero no dejaremos que millones de años de recursos sean saqueado en un puñado de años de esos parásitos. Quieren nuestra agua, comida y minerales de nuestra madre.
Todo el pueblo Plutoniano grito de ira y valentía, alzando sus armas tan extravagantes y similares a los de un cavernícola de la tierra. El destino era claro, la pequeña ciudad de Lululow, que ahora era llamada “Pequeña tienda de equipajes” ya que habían convertido los terrícolas al planeta Plutón en un enorme centro vacacional y de almacenamiento. Todos los plutonianos fueron obligados a servirles como sus esclavos o como algunos le llamaban. “Mayordomos” algunos no aceptaron el ataque, no fueron vistos mal. Pero tampoco se les pidió que se fuera de sus “amos” al final de todo, el planeta regresa lo que uno hace. Los plutonianos había escuchado de los humanos que le llamaban eso Karma, y eso recibirían ellos. El Karma de millones de años no solo de Plutón, sino que también de su propio planeta. Ya solo era un cascaron vacío que su núcleo vital flotaba en la infinidad de las estrellas.
-¡ALCEMONOS DE ARMAS MIS QUERIDO PUEBLO, ESTA NOCHE DE LA DIOSA OMOREA!
El pueblo plutoniano grito, se enfilaron bailando un extraño ritual de combate que su antepasados y fibras de ADN le hacían moverse por todo su cuerpo, los gritos y ululaos podrían ser fácilmente confundidos por los de alguna bestia del planeta o de las plantas carnívoras.
Y´gol miro a su gente, no pudo evitar que una lagrima saliera de sus cinco ojos y recorrieran su piel azul escamosa. Tantos años había deseado que su lo que se les quito y les pertenecía por derecho propio se les regresara de una u otra manera. Y el día al fin había llegado. Aunque fuera triste de el mismo tuviera que mencionar el nombre de su diosa dedicando este ataque cuando en realidad había pedido ayuda a uno mucho más oscuro. Uno que le era imposible de mencionar y que su padre, el antiguo líder le había advertido de nunca mencionarlo ni siquiera por telepatía. Algunos terrícolas lo conocían y era obvio, aquel dios amaba los amaba, pero por la capacidad de autodestruirse que le hacía tanta risa y que seguramente fue el responsable de que esos hongos verdes finalmente ayudaran a todos aquellos desgraciados hermanos de demás madres cercanas, lo que llamarían los astrólogos como Planetas. Odiaba y dolía admitirlo, pero quien los ayudo realmente fue Nyarlathotep aquel que apodan “caos reptante” aunque, cabía la posibilidad que las suplicas de Y´gol en realidad solo fuera la chispa de una enorme fogata ya entrelazada por aquel dios negro. Tal vez, incluso si no le pedía ayuda, el mismo hubiera preferido ver al planeta tierra morir por aquellos hongos que ayudar a seres tan insignificantes como ellos. Pero, Y´gol no podía seguir perdiéndose en sus pensamientos. Tenía que guiar a su pueblo a la victoria.
***
Mientras tanto, en las colonias humanas, en un hotel de lujo muy bien conocido por los vacacionistas y astronautas que venían por suministros, el Dueño del Hotel Orwell, Bertrán se encontraba solicitando ayuda a los demás planetas cercanos e incluso saber si había aun gente viva en la tierra. Había sucedió solo unas cuantas horas que habían dado informe la gente de Marte que vio desde su cielo marciano. Las bombas atómicas explotando como fuegos artificiales, no hubo necesidad de dar señal desde la tierra, ella misma había dado el grito de horror en toda la redonda.
-Aquí el dueño del Hotel Orwell, el señor Bertrán, ¿Tierra nos escucha?
-¿Alguna señal buena?
-No… solo estatice y gritos. Estamos solos en este pedazo de mierda azul
Bertrán miro al jefe de seguridad George y pudo contemplar el miedo en sus ojos. Todos los inquilinos ya sabían lo que sucedió, la tercera guerra mundial había dado inicio y fin en un abrir y cerrar ojos. Las colonias de Marte notificaron que estaban bien, pero los de Saturno habían perdido comunicación hace no menos de media hora. Posiblemente había cercas otra geotormenta o la radiación del espacio había hecho mierda los medios de comunicación que aún quedaban y que los astronautas no habían reparado, pero igual que podían esperar de la vieja tecnología de la nueva URSS, aquellos extintos inventores solo habían dedicado todos sus recursos a las bombas y las armas, los demás podían irse al demonio.
-¿Qué haremos ahora? – Dijo llorando George que había dejado caer su enorme cuerpo en la silla más cercana del panel de control.
-No lo sé querida… supongo que esperar lo inevitable y adelantar la hora feliz.
George quiso reír, pero solo pudo romperse a llorar. En cambio, Bertrán solo pudo darle un beso en los labios y abrazarlo, esa noche. Ambos morirían juntos lejos de la tierra que los había rechazado. Tomarían mucho, tendría su última noche de pasión y tomarían dos frascos de pastillas para dormir y nunca más despertar. Si había aun gente buscándolos, ya no les interesaba eso a ellos.
La pareja solo pudo consolarse antes de que su bonito plan de suicidio fuera interrumpido por los Plutonianos.
***
En cuanto el manto de estrellas amarillas se dejó ver en los astros de Plutón, sus habitantes ya tenían listas sus armas, tenían en la mirada a todos los humanos aterrorizados y tratándose de controlar por lo que había sucedido en la tierra. Y´gol no había dado la señal del ataque, quería que esas escorias terrícolas estuviera lo más tranquilos que pudiera estar para cuando menos lo esperara, otra desgracia les cayera como agua fría. No importaba si tenían que estar ahí las 3 noches que duraba el manto de estrellas o si solo fuera por una hora. Ellos darían el tajo final para la extensión humana…
***
Cuando al final el ultimo humano fue a dormirse y sus luces artificiales se apagaron, todos supieron que era el momento de atacar, pero aun así esperaron la señal que no tardó mucho en ser dada, Y´gol saco de sus costillas una especie de trompeta que hizo sonar y que de ella saliera el rugir de la diosa Omorea. Sus ojos lloraron nuevamente y alzo su fiel lanza de mercurio dando un fuerte grito de ataque al edificio que llamaban “Hotel Orwell” donde todos aquellos humanos serian nuevamente asustados y esta vez erradicados de un planeta que nos les pertenecía y que el suyo había llegado finalmente a su fin.
-¡USTEDES TERRICOLAS NO TENDRAN UN MAÑANA MÁS, PUEBLO DE PLUTON AL ATAQUE!
Los terrícolas que aún no dormían miraron y gritaron horrorizados la carnicería de venganza, los que huían era fácilmente encontrados, los que luchaban, no tenían ventaja de uno contra cinco y los que murieron o suicidaron antes del ataque. Bueno, ellos fueron los únicos suertudos de todo esto. no verían incluso que algunos plutonianos tomarían como esclavos a pocos humanos y retomarían su planeta. Tal vez ellos si tendría un mañana al que esperar, pero no de manera de visitantes si no como de extraños, de esclavos. Supongo que, al fin de cuentas, repitieron la historia de la tierra.
AUTOR: DIEGO MUNGUIA (MÉXICO)
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Diego Munguia – Escritor y estudiante de criminalística de 21 años, mexicano. oriundo de Iztapalapa y crecido en Nezahualcóyotl. Sus escritos son principalmente enfocados en los géneros del terror, la ciencia ficción, la fantasía oscura, la anti poesía y el género negro/misterio. También es articulista de la revista Petroglifos, Es un traductor por mero entretenimiento para traer cosas al español para y por fans. Tiene algunos de sus relatos y poemas esparcidos en antologías de los géneros ya mencionados. Su primera novela corta “el hombre sombra” es publicada por la editorial mexicana independiente “gato tuerto ediciones”.
Su lema es:
“¿si no me da miedo lo que escribo, como sabré que a los demás también les dará? Debo perturbar mi mente primero antes que los demás»
