El escritor, periodista y crítico teatral Marcos Ordóñez murió este 21 de septiembre de 2026 en Barcelona, a los 69 años. Referente de la crítica escénica española y colaborador durante décadas de El País y Babelia, dejó una extensa obra que transitó entre la literatura, el teatro, el cine, la memoria y el periodismo cultural / Fotografía: Mané Espinosa (archivo)
El escritor, periodista, docente y crítico teatral Marcos Ordóñez falleció este lunes 21 de septiembre en Barcelona, la ciudad donde había nacido en 1957. Durante décadas construyó una de las voces más reconocibles de la crítica escénica española y dejó una obra que atravesó la novela, las memorias, la biografía, el cine y el teatro.
Barcelona, 21 de septiembre de 2026.— El teatro español pierde a uno de sus grandes observadores. Marcos Ordóñez, escritor, periodista, profesor y crítico teatral, murió este lunes en Barcelona a los 69 años, según confirmaron medios españoles como El País, EFE y La Vanguardia.
Su muerte deja un vacío especialmente significativo en la crítica teatral. Ordóñez no se limitaba a determinar si una representación funcionaba o fracasaba: escribía sobre los escenarios como parte de una cultura mucho más amplia en la que podían encontrarse literatura, cine, música, memoria y cultura popular.
Durante más de dos décadas, su firma estuvo vinculada a El País y a su suplemento cultural Babelia, desde donde se convirtió en una referencia para generaciones de lectores y aficionados al teatro.
UNA VIDA MIRANDO LOS ESCENARIOS
Nacido en Barcelona en 1957, Ordóñez desarrolló una trayectoria difícil de reducir a una sola profesión. Fue escritor, crítico, periodista y docente, y su curiosidad cultural se extendió desde las artes escénicas hasta el cine y la música.
Antes de consolidarse en El País, colaboró con diferentes medios. Su labor crítica adquirió particular notoriedad a partir de su incorporación al diario a comienzos de este siglo. Allí publicó durante años sus textos teatrales en Babelia, hasta dejar de escribir en 2021 debido a problemas de salud.
Sus críticas fueron reconocidas por una escritura que combinaba conocimiento teatral, capacidad narrativa y atención al trabajo de actores, directores y dramaturgos.
Para Ordóñez, la crítica no era una actividad completamente separada de la literatura. El espectáculo desaparecía cuando terminaba la representación, pero la escritura podía conservar parte de aquello que había sucedido sobre el escenario.
ESCRITOR ANTES, DURANTE Y DESPUÉS DEL TEATRO
La crítica fue solo una parte de su trabajo.
Ordóñez inició su trayectoria literaria con obras como El signo de los tiempos, publicada en 1988. Después desarrolló una bibliografía en la que convivieron ficción, memorias, crítica, ensayo y biografía.
En 1997, Rancho aparte, ambientada en la Barcelona de los años cincuenta, recibió una mención especial del jurado del Premio Nadal. Entre otros títulos de su producción aparecen Puerto Ángel, Tarzán en Acapulco, Comedia con fantasmas, Detrás del hielo, Turismo interior, Juegos reunidos, Una cierta edad y Una joven pareja.
Una parte importante de su escritura estuvo atravesada por la memoria. Libros como Una vuelta por el Rialto, Turismo interior y Un jardín abandonado por los pájaros incorporaron materiales autobiográficos y recuerdos personales.
Esa relación entre experiencia y literatura hizo que buena parte de su obra funcionara también como una exploración de Barcelona, sus personajes, sus escenarios culturales y las transformaciones de varias generaciones.
AVA GARDNER, NÚRIA ESPERT Y ALFREDO LANDA
Ordóñez tenía además una especial capacidad para reconstruir vidas ajenas.
Entre sus libros dedicados a figuras del mundo cultural se encuentran trabajos sobre Núria Espert, Ava Gardner y Alfredo Landa, además de obras vinculadas con el cine y sus protagonistas.
Uno de sus títulos más conocidos fue Beberse la vida: Ava Gardner en España, dedicado a reconstruir los años españoles de la actriz estadounidense.
También escribió De aire y fuego, junto a Núria Espert, y Alfredo el Grande. Vida de un cómico: Landa lo cuenta todo. A ellos se suma Big Time: la gran vida de Perico Vidal, dedicado al productor y ayudante de dirección que estuvo vinculado a grandes figuras del cine internacional.
En esos trabajos reaparecía una de las características de Ordóñez: su interés por las historias que existen detrás del escenario y de la pantalla.
EL CRÍTICO COMO MEMORIA DEL TEATRO
La importancia de Ordóñez dentro del periodismo cultural está relacionada también con la naturaleza del arte al que dedicó buena parte de su vida.
Una novela permanece en sus páginas. Una película puede volver a proyectarse. Una pintura puede regresar a contemplarse.
UNA FUNCIÓN TEATRAL, EN CAMBIO, SUCEDE UNA VEZ Y DESAPARECE.
En una entrevista de 2017 recordada este lunes por el diario Ara, Ordóñez reflexionaba precisamente sobre esa condición efímera del teatro y sobre la responsabilidad del crítico como transmisor de la memoria de generaciones anteriores.
Sus textos terminaron cumpliendo esa función: no solamente juzgar los estrenos de su tiempo, sino dejar testimonio de actores, directores, dramaturgos, salas y montajes que, de otra manera, sobrevivirían únicamente en la memoria de quienes estuvieron allí.
DEL ESCENARIO AL AULA
Ordóñez llevó también su conocimiento al terreno académico. Fue profesor de guion cinematográfico y dirección de actores en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, donde desarrolló durante años una faceta docente paralela a su trabajo periodístico y literario.
Esa combinación resulta significativa para comprender su trayectoria: observaba el teatro como crítico, conocía los mecanismos narrativos como escritor y enseñaba herramientas relacionadas con la construcción audiovisual y la interpretación.
CULTURA ACADÉMICA Y CULTURA POPULAR
Otra de las características destacadas tras conocerse su muerte fue su voluntad de borrar fronteras entre aquello considerado alta cultura y las manifestaciones populares.
3Cat recordó este lunes que Ordóñez buscaba romper las barreras entre cultura académica y cultura popular. Sus intereses podían desplazarse del teatro al cine, de una novela a la rumba catalana y de los grandes actores a personajes situados en los márgenes de la historia cultural.
Esa curiosidad transversal también explica la variedad de su bibliografía.
Ordóñez podía escribir una crítica teatral, reconstruir la vida española de Ava Gardner, recordar su propia infancia o convertir la trayectoria de un actor en materia literaria.
UN ÚLTIMO LIBRO PERMANECE INÉDITO
El País, periódico al que estuvo profesionalmente vinculado durante más de veinte años, informó que Ordóñez deja un libro inédito titulado El fervor de cada noche.
La existencia de ese manuscrito añade un último capítulo todavía pendiente a una bibliografía construida entre escenarios, recuerdos, películas y personajes.
El funeral está previsto para el miércoles 23 de septiembre en Barcelona, de acuerdo con la información difundida tras conocerse su fallecimiento.
CUANDO BAJA EL TELÓN, PERMANECE LA PALABRA
La muerte de Marcos Ordóñez representa la desaparición de un testigo privilegiado de varias décadas de las artes escénicas españolas.
Pero su legado no está únicamente en aquello que escribió sobre una representación determinada. Está también en una manera de entender la crítica cultural: como conversación con la obra, como memoria y como una forma autónoma de escritura.
Los escenarios que observó cambiaron. Los actores envejecieron. Algunas salas desaparecieron y muchas de las funciones sobre las que escribió existen ahora únicamente en fotografías, programas de mano y recuerdos.
Sus textos permanecen.
Y quizá esa sea una de las paradojas más hermosas del oficio al que dedicó buena parte de su vida: escribir para dejar memoria de un arte que nace cada noche sabiendo que, cuando cae el telón, desaparecerá para siempre.

Equipo Escritores Rebeldes
