La Biblioteca Nacional de Colombia, en Bogotá, será el escenario principal de una movilización convocada en defensa de las bibliotecas públicas, los programas de lectura y los derechos culturales / Fotografía: Biblioteca Nacional de Colombia
Bibliotecarios, escritores, editores, libreros y mediadores de lectura convocaron para este jueves 22 de octubre una jornada nacional que tendrá como epicentro la Biblioteca Nacional de Colombia, en Bogotá. La continuidad de los programas de lectura, el fortalecimiento de las bibliotecas públicas y la protección de los derechos culturales están en el centro de las reclamaciones.
Bogotá, 22 de octubre de 2026. — Las bibliotecas públicas, los programas de promoción de lectura y los espacios culturales comunitarios se encuentran en el centro de una movilización convocada para este jueves en Colombia. Representantes del sector del libro y la lectura buscan llamar la atención sobre lo que consideran amenazas a la continuidad de iniciativas culturales fundamentales para miles de ciudadanos.
La jornada tendrá como escenario principal un plantón pacífico frente a la Biblioteca Nacional de Colombia, en Bogotá, convocado para el mediodía. La iniciativa también contempla actividades descentralizadas en diferentes regiones del país, entre ellas lecturas públicas, encuentros ciudadanos, intervenciones artísticas y concentraciones en bibliotecas, librerías, plazas, escuelas y territorios rurales.
La convocatoria reúne preocupaciones que van más allá de una institución específica: plantea una discusión sobre la sostenibilidad de las políticas públicas de lectura y el lugar que ocupa la cultura en las prioridades del Estado colombiano.
LAS BIBLIOTECAS, EN EL CENTRO DE LAS RECLAMACIONES
Entre las principales solicitudes de los convocantes figura el fortalecimiento de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, considerada una estructura fundamental para garantizar el acceso a libros, información y actividades culturales en numerosos municipios.
También reclaman la continuidad de las Bibliotecas Rurales Itinerantes, una iniciativa que lleva servicios bibliotecarios a comunidades apartadas y facilita el encuentro entre los libros, la tradición oral y las poblaciones rurales.
Según información divulgada por la revista Cambio, el programa de bibliotecas itinerantes, creado en 2019, ha desarrollado una red de 660 iniciativas. Para sus defensores, su importancia no puede medirse exclusivamente mediante indicadores económicos, pues su contribución incluye procesos educativos, comunitarios y de participación cultural.
Las reclamaciones también abarcan los programas de formación de mediadores de lectura, las condiciones laborales de quienes desarrollan estas actividades y la continuidad de las políticas públicas relacionadas con la lectura, la escritura y la oralidad.
En ese contexto, los convocantes mencionan iniciativas como la Red Relata, los programas de mediación lectora y el Plan Nacional de Lectura, Escritura, Oralidad y Bibliotecas, cuyo funcionamiento consideran indispensable para fortalecer el ecosistema literario colombiano.
UNA MOVILIZACIÓN EN MEDIO DE TENSIONES INSTITUCIONALES
La jornada ocurre en un escenario de cuestionamientos a la administración de distintas entidades culturales del país.
Uno de los focos de controversia es la Biblioteca Nacional de Colombia, cuya dirección asumió Julia Cristina Daza Noguera el pasado 1 de octubre.
De acuerdo con informaciones publicadas por El Espectador y Cambio, trabajadores de la institución han expresado inconformidades relacionadas con la comunicación interna, el ambiente laboral y la experiencia de la nueva dirección en asuntos bibliotecarios y patrimoniales.
El Ministerio de las Culturas, por su parte, ha defendido el cumplimiento de los requisitos normativos para el nombramiento de la directora.
Estas posiciones deben distinguirse: las denuncias de los trabajadores constituyen señalamientos que requieren los procedimientos correspondientes para su esclarecimiento, mientras que la defensa institucional representa la postura oficial frente a los cuestionamientos.
La controversia adquiere especial relevancia porque la Biblioteca Nacional se aproxima a los 250 años de su fundación, aniversario que debería convertirse en una oportunidad para fortalecer su papel en la conservación del patrimonio bibliográfico y la promoción del conocimiento.
PROGRAMAS CULTURALES Y PREOCUPACIÓN PRESUPUESTAL
La incertidumbre también alcanza la programación de encuentros y actividades relacionadas con el sector bibliotecario.
El 30 de septiembre, la Biblioteca Nacional informó oficialmente que el X Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas, previsto para octubre de 2026, tendría que ser reprogramado por motivos de fuerza mayor.
La entidad señaló que comunicaría oportunamente cualquier actualización sobre el encuentro, sin anunciar entonces una nueva fecha.
Este aplazamiento se suma a las preocupaciones expresadas por organizaciones culturales sobre la continuidad de espacios de formación, intercambio profesional y articulación de bibliotecas.
La discusión presupuestal, sin embargo, exige diferenciar los programas efectivamente suspendidos o reprogramados de aquellos cuya continuidad es motivo de preocupación entre los convocantes.
Para el sector cultural, esa distinción no elimina la necesidad de respuestas institucionales claras sobre financiación, cronogramas y sostenibilidad.
EL VALOR CULTURAL DE UNA BIBLIOTECA
Las bibliotecas públicas cumplen funciones que trascienden el préstamo de libros.
En numerosos municipios colombianos representan uno de los pocos espacios de acceso gratuito a la lectura, a la información y a actividades de formación cultural. También funcionan como lugares de encuentro entre generaciones, recuperación de memorias locales y circulación de expresiones artísticas.
En las comunidades rurales, su importancia puede ser todavía mayor debido a las distancias geográficas, las dificultades de conectividad y la limitada presencia de otros servicios culturales.
Por eso, las discusiones sobre su financiación y funcionamiento no deberían reducirse a diferencias administrativas o coyunturas políticas.
La continuidad de estos espacios tiene implicaciones directas sobre las oportunidades de lectura, aprendizaje y participación cultural de la ciudadanía.
También resulta necesario reconocer el trabajo de bibliotecarios, mediadores, promotores de lectura y gestores comunitarios, cuya labor cotidiana permite que las políticas culturales lleguen efectivamente a los territorios.
UNA DISCUSIÓN QUE EXIGE RESPUESTAS
La movilización convocada para este jueves busca visibilizar las reclamaciones de un sector que solicita garantías para el funcionamiento de las bibliotecas y la continuidad de los programas de lectura.
Corresponde a las autoridades explicar con claridad las decisiones administrativas y presupuestales, presentar información verificable sobre los programas cuestionados y mantener abiertos los canales de diálogo con las comunidades culturales.
A los convocantes, por su parte, les corresponde sustentar sus reclamaciones y participar en una discusión pública que permita identificar problemas concretos y soluciones viables.
La defensa de las bibliotecas públicas no debería depender de la afinidad política con una administración. Su valor cultural y educativo exige políticas sostenidas, transparencia institucional y compromisos que trasciendan los cambios de gobierno.
Colombia necesita bibliotecas que permanezcan abiertas, programas de lectura que lleguen a las regiones y condiciones adecuadas para quienes hacen posible ese trabajo.
La jornada de este 22 de octubre plantea, en definitiva, una pregunta que va más allá de la movilización: qué lugar está dispuesto a conceder el país a sus bibliotecas y a la formación de nuevos lectores.
¿Consideras que las bibliotecas públicas reciben en Colombia la atención y los recursos que merecen, o deberían ocupar un lugar más importante en las prioridades nacionales?

Equipo Escritores Rebeldes
