Lo Que Sucede Ahí

Me dio, una vez más, dizque por ver las cosas a través de mi propio filtro. Solo me sirvió para confirmar el mal de tierra untuosa que cubre mi cáscara de humano en simulación. Es que yo, cualquiera, es testigo de casi todo. De desadaptados, envidiosos, maniáticos, gordos, puteadores y dementes. Me consta el hablaíto de la gente. Claro, a otros les constará el hablaíto mío. Y me habrán visto divirtiéndome con el juego de los reyes. Con mi primo, suelo sentarme en una banca del parque a darle mate…

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Lo Coqueto De Una Yegua

Nunca dejé de mirar a su madre mientras pastaba en el potrero. Se trataba de una yegua, una hembra resuelta. A su lado, pastando también, su cría, la mulita. Rebuznos, relámpagos y pedorreras hacían parte del paisaje. Yegua y mulita, el alma de los arrieros en mi tierra. Estos intrépidos mozos de mulares mantenían los pies callosos y no les faltaba mugre y barro entre las uñas. Distinto de la inmundicia de la corrupción desbordada en mi patria, Colombia. Los saqueadores de la nación tienen culo por cabeza. Se excretan…

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Cursan «Garganta Profunda»

Sarta de mensajes en letreros vagabundos que, si no fuera porque nos hacemos los de la vista gorda sobre el andar los veríamos como eslogan o como alternativas de negocio en fachadas y muros, pegados en postes, en los clasificados de los periódicos o en la mano extendida de gritones que hacen las veces de anunciantes. Estos pequeños carteles podrían considerarse faltos de ideas, ridículos, hechicería, burla o rechazo: “No hay bar que por bien no venga”, “Tumbo brujerías”, “Con solo el nombre le atraigo al amor de tu vida”,…

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El Clavel Que Oía Todo

Pasiones impetuosas ardiendo en un tizón florecido. Retintines AL AIRE desde micrófonos frenéticos y cabinas de radiodifusión delirantes. Desde mi primer micrófono en la Voz de la Independencia, en Medellín, hasta los que vinieron después, ella permaneció siempre como apresada en alguna almohada de la ciudad, frente al radiorreceptor, escuchándome, como pactando su libertad. Yo emigraba a otras salas de transmisión y ella emigraba también al dial que fuera. Sin duda, aumentaba el largo de sus dedos índice y pulgar para rodear suavemente el interruptor de su aparato de radio,…

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Los Pecados En Los Cuentos

De un momento a otro, por esas traiciones fugaces que pasan por la cabeza, deambulé por los pecados mortales cometidos en “Leocadia” y después, por los vejámenes de “El cafetal”. “Leocadia” es una obra publicada que escribí en 2008 y que en el género de cuento fue la ganadora en Medellín, Colombia, del concurso de cuento denominado “Carrasquilla íntimo”. Posteriormente en 2020, garabateé “El cafetal”, cuento también, tan infeliz y desdichado, como el anterior. Los mamarrachos para “El cafetal” los hice en medio de divertimentos por crónicas, fragmentos, artículos y…

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El Dios Sombrero

Solo se quitaba el sombrero por momenticos; cuando iba a misa, al inclinarse ante sus paisanos para saludarlos o cuando bajaba a chapucearse a la quebrada. Este señor hasta amanecía con el sombrero blindándole parte de la cabeza. No fue propiamente un estilista del chapeo como los grandes escritores, pero con ese forro recubriéndose, hacía de su cabeza una elegancia. Lo usaba siempre durante su encantadora manía de arriero y campesino labrador y le parecía gran pecado no llevarlo. Era su sello del alma, inseparable. Se enorgullecía y se apasionaba…

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La Polaca

Un maniquí 90, 60 y nalgas carnavalescas, era el rey del stock. No sé por qué Octavio guardaba una mujercita de caucho allí. Era calvo, o calva, pero de rasgos finos, labios rubí-pulposos, pómulos prominentes, mirada penetrante y piernas larguchas. Los propios cauchos de sus pechos eran naturales, sin añadidos mamarios, como su nariz, sin rinoplastia. La sentía inteligente y estaba inundada de elegancia a pesar de su desnudez. Se creía polaca blanca. Nunca imaginé los gustos de goma de aquel hombre porque todo le gustaba caliente. Y es que…

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El Viejo Alemán

Deberíamos excusarnos con la metrópoli en la que vivimos. Ingenuamente presume majestuosidad, no obstante, la apatía con la que en ocasiones la tratamos. Basta con quererla un poquito más y con que hundamos los ojos sobre sus simplezas. Quise dármelas otra vez de caminante para husmearla y me fue bien. Vi jardines improvisados en las entradas de las casas y balcones atrayendo aves hasta sus barandillas. A la ciudad debe tomársele de la mano para preguntarle, aguantarla y respetarla. No es solo ir a los bares y centros comerciales. Una…

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Cielo Parado Para Un Escritor

Salvo en algunas zonas rurales de China donde se conserva la tradición de enterrar de pie a los muertos, lo común en mi patria cafetera es que los bajen al sepulcro horizontalmente. Un monje tibetano del budismo con abadía entre el bosque de cemento bogotano, además de contarme sobre esta práctica, me contó que esa posición vertical de enterrar a los ex-vivos en los hipogeos orientales, se considera una postura de meditación.  En todos los cementerios de mi bella granja nacional la gente permanece acostada. Pero en el Cementerio San…

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El Papá De Las Tachuelas

Es costumbre que don Anselmo use un lápiz detrás de la oreja. Viste ropas sencillas y nació en un pueblo pequeño, de gente creyente y sosegada donde el aleteo de pájaros y mariposas embellecen las madrugadas de tan pastoriles alturas. En su rostro se resguarda una enrojecida y reverencial sonrisa con la que, sin proponérselo, cautiva este noble y paradisíaco lugar. En ese semblante se refleja toda la felicidad con la que vive. Cuando raya el alba, don Anselmo ya está rallando tablas, empuñando la escuadra, desenrollando el metro y…

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